domingo, 10 de septiembre de 2017

La conducta simbólica en el Gravetiense

Aunque pueda concebirse el arte del Paleolítico superior como una entidad gráfica y social con unas características comunes que se desarrollaron hasta su rápida desaparición en el comienzo del Holoceno, lo cierto es que presenta numerosas particularidades que defines a cada periodo como entidades simbólicas, sociales y gráficas con entidad propia. Sin embargo, no hay que olvidad que toda la actividad humana corresponde a un continuum heterogéneo en el tiempo y la geografía donde se desarrolla. Por tanto, el Gravetiense, situado cronológicamente entre el Auriñaciense y el Solutrense, debe de presentar algunas relaciones de continuidad o de ruptura, que siempre hay que analizar en todos sus aspectos (social, gráfico, simbólico, tecnológico, etc.).

Características cognitivas y culturales

En este periodo se asume, como es conocido en las poblaciones humanas del Paleolítico superior, que tenían un nivel de autoconciencia (Autoconciencia yArqueología) considerado como moderno en sus conceptos de individualidad social y/o personal, del tiempo y del espacio. Sin embargo, el origen del Gravetiense se considera, por datos cronológicos y genéticos, que tiene un origen asiático, de donde se expandieron hacia el oeste europeo (Semino et al. 2000; Wells 2002). Es decir, en el inicio del Gravetiense se produce una intromisión cultural de poblaciones humanas provenientes de Asia, con características simbólicas propias y diferentes.

Se produce un proceso cognitivo-simbólico que ha sido muy pocas veces estudiado, pero del que hay muy pocas dudas sobre su realización. Tal hecho se deduce de la interconexión social y demográfica de dos grupos poblacionales de diferentes contenidos simbólicos, si tenemos en cuenta sus diferentes manifestaciones gráficas y sociales que conocemos.

I. – Continuidad simbólica de tradición auriñaciense
Del Auriñaciense conocemos sus importantes manifestaciones gráficas, tanto del interior como del exterior de las cuevas, que representan el inicio de un simbolismo muy particular en Europa, pero que de formas más o menos similares se produjo en numerosos lugares del mundo habitado de la época (Inicio del arte paleolítico). Destacan por su particular simbolismo y significado los teriántropos (Teriántroposauriñacienses), conductas que de algún modo continuaron a lo largo de todo el Paleolítico superior.

Según los datos arqueológicos conocidos en la actualidad, en este periodo los teriántropos casi desaparecen, pues solo se conocen muy pocos datos al respecto, y aún así con dudas sobre su correcta ubicación cultural y cronológica. Teniendo en cuenta la limitada pero manifiesta serie de teriántropos del Auriñaciense, y el paulatino desarrollo de este tipo de iconografía en los periodos posteriores, parece raro que su desaparición arqueológica se deba a los múltiples procesos de destrucción o de limitación de descubrimientos muy relacionados consecuencia del azar. Habría que valorar el aumento de la producción de manos solitarias y posiblemente máscaras (Castillo, Altamira, Candamo, etc.) en el interior de las cavidades como sustitutos, al menos en parte de su simbolismo, de las manifestaciones gráficas de los teriántropos.

- En Pech-Merle podría darse un teriántropo conla parte superior de un mamut. Su iconografía es dudosa, asignándose a este grupo de manifestaciones por la postura bípeda y las piernas humanas que parece tener. Se desconoce su sexo y está situado en el interior de la cavidad, relacionándose con otras figuras de animales (mamuts, uros, caballos y puntos rojos). Es difícil su ubicación temporal, pues parece que pueden corresponder a tres periodos (Gravetiense, Solutrense y Magdaleniense). En la cueva existe una datación directa mediante carbono 14 de uno de los caballos con puntos bajo manos negativas, que lo sitúa en el 24640±390 B.P. (Lorblanchet, 1995). Sin embargo, la relación cronológica de la figura no está establecida, siendo probable que sea Solutrense (Bahn y Vertud, 1997), lo que estaría más de acuerdo con su asociación con otros animales.

- La cabeza de bisonte humanizada de Peña de Candamo (Fig. 2), que recientemente se le ha atribuido una cronología de 22.500 BP, lo que la situaría al final del Gravetiense (Corchón et al. 2014).

Teriántropos de Peña Candamo
II. Nuevas manifestaciones simbólicas foráneas
Tenemos dos manifestaciones simbólicas foráneas que no se conocían en el Auriñaciense y, que a partir del inicio del Gravetiense, van a ser frecuentes en Europa del oeste.

- Las venus gravetienses se distribuyen por toda Europa al comienzo del periodo, salvo en la Península Ibérica donde no se ha encontrado ninguna. La situación no deja de ser algo extraña, pues la tecnología gravetiense si sustituye a la auriñaciense en todo el occidente europeo.

- Con los enterramientos pasa algo parecido, pues si en el Auriñaciense no se conocen ningún enterramiento en Europa, la situación cambia radicalmente con el desarrollo del Gravetiense, hacia 30.000 BP. abundan en Europa central y oriental, siendo menos en la parte occidental. En Francia están presente pero son más escasos (Combe Capelle, Abrí Pataud). En la Península Ibérica casi no existen, aunque hay excepciones: los dudosos yacimientos Malladetes (Valencia) y Reclau Viver (Girona), y el más claro de Lagar Velho (23920±220 B.P.) donde se ha encontrado un verdadero enterramiento (Zilhâo y Trinkaus 2002). En el Gravetiense se constatan unos 70 individuos de un total de 162 en el Paleolítico superior. El mayor número de restos se concentra entre los Pirineos y el Loira (63), coincidiendo con áreas con la presencia de venus y de arte paleolítico, y de Italia, Alpes y Sicilia (45) sin arte paleolítico (Cintas Peña, 2014).

Su distribución geográfica
 
Distribución de teriántropos: Auriñacienses (1-6). Posibles Gravetienses (10-11)

La distribución geográfica de estas manifestaciones en este periodo sufre alteraciones muy interesantes. El arte paleolítico en cuevas se desplaza hacia el oeste de Francia y la Península Ibérica, abandonando definitivamente las aéreas de Alemania e Italia, mientras que las venus paleolíticas se distribuyen por toda Europa menos en la Península Ibérica. Los enterramientos van escaseando según nos desplazamos hacia el oeste.


 Los datos arqueológicos

Indican dos tendencias generales. Una del Gravetiense con sus venus y enterramientos con ajuar, siendo soluciones de esta población a las mismas preguntas (estados de conciencia alterados y/o procesos de la naturaleza inexplicables) y realizadas en distintos lugares. Otra, la tradición del Auriñaciense que quedaría patente con la continuidad del arte paleolítico, su mayor introducción en el interior de las cuevas y su continuación al aire libre, aunque con cierta limitación en su producción. Sin embargo, los teriántropos son muy poco significativos.


Conclusiones del Gravetiense

Las soluciones a los problemas generados por la emergencia cognitiva de la autoconciencia a niveles adecuados generados en el Auriñaciense (arte paleolítico en el interior de las cuevas con teriántropos), pudieron perdurar durante el Gravetiense con posibles cambios, consecuencia de la llegada de otros humanos con otras creaciones espirituales. Aparecen varias preguntas: ¿Qué pudo significar la introducción con el Gravetiense de los enterramientos con ajuar y las venus (de aparente carácter maternal y/o fecundador) dentro de las conductas espirituales o numínicas de los auriñacienses? Solo hay tres respuestas:

* Integración espiritual y/o religiosa.
* Independencia de costumbres.
* Mezcla heterogénea y nueva síntesis simbólica.

Lo cierto es que se aprecia una continuidad y avance de las costumbres iniciadas en el Auriñaciense, aunque existen salvedades y novedades importantes:
- Notable disminución de la representación de animales peligrosos, sobre todo los felinos.
- Disminución importante de los teriántropos tal y como se vieron en el Auriñaciense.
- Desplazamiento del arte paleolítico hacia el oeste europeo, abandonando importantes áreas utilizadas en el periodo anterior (Alemania, Italia y algunas zonas de Francia).
- Cambio o desarrollo de nuevos temas gráficos (manos, vulvas, máscaras, figuras femeninas, signos), con significados aún no esclarecidos.
- Aparición de nuevas conductas simbólicas (Venus y enterramientos con ajuar).
- Expansión geográfica irregular de las costumbres gravetienses, que no llegan a la Península Ibérica (venus paleolíticas), o lo hacen muy raramente (enterramientos con ajuar).

Desarrollo de nuevas manifestaciones gráficas

Se producen o se desarrollan nuevas manifestaciones gráficas que pueden llevar nuevos simbolismos. Una muy importante es el desarrollo de la parte por el todo, como adaptación gráfica de las nuevas simbologías (venus por vulvas) o nuevas expresiones gráficas del mismo simbolismo (manos, máscaras por teriántropos). Igualmente se produce un desarrollo importante de los signos, cuyo significado es aún más complejo de analizar, pero que muchos de ellos estarían en relación con las muestras gráficas naturalistas.

Mano aislada de Gargas
* Con antecedentes en el Auriñaciense, es en este periodo donde se desarrollan ampliamente las manos, máscaras (parte) en posible representación del (todo: teriomorfos). Su significación puede aclarar el importante declive de los teriántropos al ser estos representados por las manos aisladas en el interior de las cavidades.

* Las vulvas (parte) del cuerpo femenino en general que podrían ser las venus (todo). La falta de venus paleolíticas  coincide más o menos con la existencia de figuras de vulvas en el interior de la cueva. Podría tratar se de un reemplazo o adaptación del significado de las venus a las costumbres del arte paleolítico.

Siluetas femeninas y vulvas de Tito Bustillo 
* Y posiblemente signos no estudiados, aún más difícil de realizar, pues algunos podrían estar directamente relacionados con los anteriores procesos.

 Conclusiones

Establecer conclusiones no es fácil, siendo mejor establecer hipótesis de trabajo sobre las que hay que incidir profundizando en las formas que la Arqueología cognitiva (Estructuralismo funcional) ha establecido. En este contexto hipotético se pueden adelantar las siguientes deducciones:

1.- Lo cierto es que a partir del Gravetiense la continuidad y desarrollo del arte paleolítico es un hecho contratado arqueológicamente, apreciándose un importante aumento en su producción y en su introducción dentro de las cuevas.

2.- Puede apreciarse un heterogéneo aumento del naturalismo y de perfección gráfica que permiten mantener en vigor el sistema estilístico de Leroi-Gourhan para la cronología del arte prehistórico, aunque con salvedades que hay que buscar y analizar.

3.- En el desarrollo del Gravetiense conocemos dos conceptos espirituales/religiosos contemporáneos. Ambas puedan ser diferentes respuestas a los mismos o parecidos problemas espirituales/religiosos, aunque con manifestaciones distintas.

4.- Su integración geográfica y temporal no fue homogénea, pues se aprecia dos áreas europeas con diferentes conductas espirituales.

- Península Ibérica. Con limitación y/o ausencia de enterramientos y venus. Perduración y aumento lo iniciado en al Auriñaciense. Incremento de los temas sexuales (reproducción, rito o sexo) en el interior de las cuevas. Desconocimiento  de  teriántropos en esta zona y periodo salvo el dudoso de Peña Candamo. Mayor presencia de manos solitarias pueden ser un buen sustituto del simbolismo que representan (control, relación y conocimiento del mundo onírico adquirido con la autoconciencia y representado en el interior de las cavidades). Los animales representados comienzan a ser los tradicionales, donde los peligrosos pierden el protagonismo visto en el Auriñaciense.

- En Francia proliferan los enterramientos y la producción de venus en clara oposición a lo visto en el Cantábrico. Igualmente, no tenemos constancia clara de teriántropos, salvo el caso dudoso de Pech-Merle, pero la proliferación de manos en notoria, sobre todo en Lot (Merveilles, Rocuadour, Pech-Merle y Fieux), los Pirineos (Gargas y Tibiran), siendo este periodo en el que prácticamente se realizaron todas las conocidas (González Sainz, 1999). Las muestras de arte paleolítico se van introduciendo en el interior de las cuevas, aunque es muy difícil establecer separaciones cronológicas entre el Auriñaciense o el Gravetiense. Representan una fauna variada (caballos, mamuts, cápridos, cérvidos, bisontes, etc.) notándose la ausencia de los felinos.


- BAHN, P, y J. VERTUD, (1997): Journey Through the Ice Age. London: Weidenfeld and Nicolson. INST ARCH BC 300 Qto BAH.
- BON, F. (2016): “La vie quotidienne au Paléolithique. L´Histoire, 420, Les Sociétés Préhistorique.
- CINTAS PEÑA, M. (2014): “Disimetría sexual en la prehistoria de Europa. Aproximación desde los contextos funerarios del Paleolítico superior. Revista Arkeogazte, 4: 43-6.
-  CORCHÓN, M.ª S.; GÁRATE, D.; VALLADAS, H., RIVERO, O.; PONS-BRANCHU, E.; ORTEGA, P. y HERNANDO, C. (2014): “Back to the point: new dating for La Peña de Candamo cave art (Asturias)”, Zephyrus, 73, pp. 67-81.
- GONZÁLEZ SAINZ, C.(1999): “Algunos problemas actuales en la ordenación cronológica del arte paleolítico en Cantabria”. I Encuentro de Historia de Cantabria, t.I, pp. 149-166. Santander.
- LORBLANCHET, M. (1995): Les grottes ornées de la Préhistoire. Nouveaux regards. Paris.
- SEMINO, O.; PASSARINO, G. y OEFNER, P. J. et al. (2000): “The genetic legacy of Paleolithic Homo sapiens sapiens in extant Europeans: a Y chromosome perpective”. Science, 290: 1.155-9.
- WELLS, S. (2002): The Journey of Man: A Genetic Odyssey. Penguin. Londres.
- ZILHÄO, J. et al. (2010): “Symbolic use of marine shells and mineral pigments by Iberian Neandertals”. PNAS, 107/3: 10023-10028.

jueves, 3 de agosto de 2017

El Paleolítico superior en la evolución cognitiva humana

La división del Paleolítico en tres grandes periodos intentaba ofrecer un marco cronológico y cultural donde poder situar las diferentes culturas prehistóricas que se iban descubriendo en los yacimientos arqueológicos. Las divisiones se basaron en diversos criterios, en las cuales sobresalieron tres acepciones:

- Cronológica. Al situarlo dentro de una fase de las diversas glaciaciones que se han registrado en nuestro continente. Así, queda ubicado en la segunda parte de la última glaciación (Würm), entre las fechas de 45/40.000 y 10.000 BP, cuando comienza el Holoceno o periodo cálido actual.
- Cultural. Refleja las industrias y conductas de todo tipo que se van sucediendo a lo largo de sus milenios de existencia, que en Europa occidental son el Auriñaciense, Chatelperroniense, Uluzziense, Gravetiense, Solutrense y Magdaleniense.
- Antropológica. Bajo el concepto de que su origen se debía a la aparición del Homo sapiens sapiens, como portador de los avances técnicos modernos (tecnología de hojas, herramientas compuestas, uso del hueso, asta y marfil como materia base de sus útiles, etc.), junto con un desarrollo simbólico muy importante (adornos corporales, arte, ajuares, religión, etc.), del que con anterioridad sólo se tenían indicios más o menos dispersos. En este apartado hay que incluir al Neandertal, por lo menos en las fases iniciales del periodo con el Chatelperroniense y Uluzziense.


Evidentemente, los tres presentas problemas más o menos importantes. Del primero, tenemos las dificultades cronológicas (calibración del C-14 en el periodo de transición) que se mantiene como criterio de fondo, pero sin hacer mucho hincapié sobre él, estableciendo por diversos un periodo de transición con características de ambos periodos. Del tercero, no puede sostenerse en su totalidad, pues ya conocemos que en su inicio, por lo menos en Europa, coexistieron dos poblaciones diferentes (Cromañones y Neandertales). Sin embargo, es el segundo criterio (cultural) el que más trascendencia, pues son las piedras y los huesos lo que más abunda en los yacimientos, con lo que han dado una gran tradición académica su estudio, por lo menos en Europa. Efectivamente, cuando se habla de yacimientos transicionales, siempre se refieren a evolución tecnológica de soporte lítico.

Con el desarrollo de la Arqueología parece que va quedando claro que estas divisiones tienen un claro matiz artificial, aunque han sido necesarias para el enfoque analítico y explicativo que toda ciencia precisa. No obstante, se sigue manifestando especial interés por señalar los distintos complejos industriales, caracterizado cada uno de ellos por el empleo de determinadas técnicas de trabajo pera transformar la materia prima (piedra, asta, hueso, madera) en instrumentos con los que hacer frente a sus necesidades, como si estos datos (por otro lado los más abundantes) fueran los más característicos del Paleolítico superior. Desde luego son los más abundantes, pero no los más significativos dentro de la evolución cultural y cognitiva de la Humanidad.

En la actualidad, la Arqueología explica los avances socioculturales como formas de adaptación ecológica, donde las principales fuerzas impulsoras son la variabilidad medioambiental y la dinámica poblacional (d’Errico y Stringer, 2011; Banks, d´Errico y Zilhão, 2013). Se estaría destacando la gran flexibilidad y capacidad para producir innovaciones que las poblaciones humanas modernas adquirieron con la evolución (Kandel et al. 2015; d´Errico et al. 2017). Sin embargo, si aceptamos que la evolución neurológica moderna se adquirió con el inicio del Homo sapiens hacia más de 150.000 años, por qué tardaron tanto en producirse los cambios conductuales, pues la flexibilidad y creatividad son capacidades cognitivas presentes en nuestro género. Ésta sería la paradoja cultural o sapient paradox expresada por algunos autores (Renfrew, 2008). Aunque no se quiera decir, los procesos de carácter cognitivo tienen que entrar forzosamente en la explicación del inicio y desarrollo conductual. La flexibilidad conductual (función ejecutiva) y la creatividad (emergencia de diversos factores cognitivos) son criterios cognitivos que deben de estudiarse con los medios adecuados. La Arqueología cognitiva (Estructuralismo funcional) de carácter interdisciplinario ha incorporado al estudio de la evolución conductual humana los procesos de evolución cognitiva (no paralela a la evolución anatómica), por medio de la aplicación de su metodología de estudio al análisis de los datos del registro arqueológico (Rivera, 2013; Rivera y Menéndez, 2011).
  
El desarrollo cognitivo es muy importante en la configuración del último periodo paleolítico, pues, desde entonces, la conducta va a regirse por dos características cognitivas fundamentales: reflexividad y flexibilidad conductual.

Por consiguiente, aunque los procesos tecnológicos y simbólicos deban ir unidos en su desarrollo, lo más llamativo del Paleolítico superior corresponde a la adquisición de una nueva mentalidad simbólica, creativa, flexible y reflexiva. Tal logro pudo realizarse por medio del desarrollo pleno de la conciencia reflexiva (autoconciencia), y su utilización junto con los conceptos del tiempo y del espacio, que serán utilizados en los intentos de solucionar los problemas que se plantearon en ese momento.

El resultado no puede ser más extraordinario, pues se producen nuevas formas de conducta reflejadas en la aparición de adornos corporales, del arte, enterramientos intencionados con base simbólica, la aparición de la religión, aumento de la complejidad social, mejor estructuración y organización de la caza, conservación de los alimentos, estructuración del espacio del hábitat, etc. Y todo ello de una forma expansiva, numerosa y en continuo aumento.

El desarrollo cognitivo que va a configurar la autoconciencia sería el responsable del inicio y desarrollo de las culturas del Paleolítico superior y, por tanto, la causa y distinción real del mismo con respecto a los anteriores periodos,

Sabemos que durante el periodo de transición al Paleolítico superior en Europa se produjo un importante incremento demográfico, social, cultural, tecnológico, simbólico y lingüístico, el cual es a la vez causa y efecto del desarrollo cognitivo característico de este periodo (Rivera y Menéndez, 2011). Aunque existen antecedentes de estas formas conductuales en el Paleolítico medio, su producción fue limitada en su elaboración, desarrollo y expansión geográfica, acoplándose perfectamente al heterogéneo continuum de nuestra la evolución cognitiva y cultural. Los logros conductuales alcanzados en el comienzo del último periodo paleolítico, concebidos dentro de una evolución cognitiva altamente funcional, produjo un nuevo desarrollo cognitivo-cultural: la autoconciencia.

El estudio de la autoconciencia es un tema que prácticamente se ha mantenido alejado del trabajo arqueológico tradicional. Actualmente, pocos son los arqueólogos que introducen este complejo constructo cognitivo en sus teorías explicativas de la conducta humana. Sin embargo, en diversas disciplinas relacionadas con la conducta se opinan que la autoconciencia es una capacidad cognitiva emergente, dependiente de la evolución morfológica (Homo sapiens) dentro de un medio ambiente adecuado (Vygotsky, 1934/1962; Searle, 1997; Tomasello, 1999; Edelman y Tononi, 2000; Mora, 2001; Álvarez Munárriz, 2005; Ardila y Ostrosky-Solís, 2008; Renfrew, 2008). Este medio ambiente especial o nicho cognitivo-cultural (Rivera y Menéndez, 2011) hay que construirlo, mantenerlo y transmitirlo, lo se produce en las poblaciones por medio del lenguaje y del desarrollo social-demográfico. El poder de la influencia medioambiental en la remodelación funcional del cerebro es una de las directrices que la Arqueología cognitiva actual estaría desarrollando (Renfrew, 2008; Rivera, 2009; Malafouris, 2013).

Todas las sociedades humanas forman un nicho cognitivo-cultural, el cual debe de estar lo suficientemente desarrollado como para poder estructurar adecuadamente las potencialidades neurológicas que la evolución nos ha conferido (Rivera, 2009: Damasio, 2010; Rivera y Menéndez, 2011). La autoconciencia emergería de la unión funcional de cuatro procesos que, de forma constante, estarían interaccionando en el tiempo (evolutivo, ontológico e histórico),

- Aumento evolutivo del cerebro humano, lo que en definitiva va a producir las capacidades cognitivas (en criterios de posibilidades a desarrollar) que posibilitaran todo el proceso. Aumento de las áreas corticales asociativas (superficie y posibilidades de interconexión). Aumento y amplia interrelación de las áreas encargadas de procesar la información adquirida (Lóbulo prefrontal, Precúneo y Claustrum).

- Desarrollo de la conciencia central o del sí mismo centrada en la personalidad y de la teoría de la mente. Tendría un carácter innato, pero requiere de la interacción entre los elementos sociales del grupo, por lo que una anómala separación social impediría su correcto desarrollo.

- Creación social de una conciencia autobiográfica centrada en la individualidad social y personal. Se precisa un desarrollo social, tecnológico (división de quehaceres), cultural, logístico, simbólico, etc.

- Desarrollo del lenguaje, como elemento que va a cohesionar, organizar y desarrollar todo lo anterior (lenguaje interno) mediante sus características gramaticales deducidas de la simbolización de la acción. El uso organizado y centrado en la individualidad va a producir una emergencia cognitiva constante de carácter funcional gracias a los circuitos neuronales de reentrada, retroalimentación, recursivos y reverberantes. Al durar más que el tiempo de la estimulación, pueden producirse fenómenos de conciencia de su propio pensamiento o sentimiento (Humphrey, 1992).


La emergencia de la autoconciencia hasta niveles adecuados, generarían cambios conductuales de gran trascendencia, tanto por ellos mismos o como por las nuevas cualidades cognitivas de la autoconciencia. Destacamos el amplio desarrollo ontológico de las funciones ejecutivas (Planificación, Flexibilidad, Memoria de trabajo u operativa, Monitorización e Inhibición) (Ardila y Ostrosky-Solís, 2008; Tirapu-Ustárroz y Coolidge. y Wynn, 2011); un importante desarrollo de las emociones humanas (Rivera, 2015), y el aumento de las propiedades del lenguaje: comunicativas, sociales y cognitivas.

Este sería el proceso cognitivo que va a cambiar la conducta humana y generar al Paleolítico superior. Todos los antecedentes culturales que van apreciando al final del Paleolítico medio corresponden al continuum heterogéneo en el tiempo y en el espacio característico de la evolución cognitiva, pues depende de diversos factores (capacidades y desarrollo cognitivo, existencia de lenguaje, medioambiente sociocultural, condiciones demográficas, emotividad, etc.) que no siempre actúan con la misma intensidad, ni tienen igual desarrollo temporal y geográfico. Lo que en un principio es común (base psicobiológica común), en su desarrollo se diversificaría, lo que explica el aspecto de mosaico (cultural, cognitivo y emocional) que caracteriza tales procesos. Por tanto, el verdadero motor del Paleolítico superior sería el desarrollo cognitivo, que, al alcanzar los niveles adecuados de las cuatro premisas ya expuestas, se desarrollaría la autoconciencia con características de modernidad conductual.

- Álvarez Munárriz, L. (2005): “La conciencia humana”. En: La conciencia humana: perspectiva cultural. Coord. Por Luis Álvarez Munárriz, Enrique Couceiro Domínguez. Anthropos. Barcelona.
- Ardila, A. y Ostrosky-Solís, F. (2008): “Desarrollo Histórico de las Funciones Ejecutivas”. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, 8 (1), pp. 1-21.
- Banks, W. E.; d´Errico, F. y Zilhão, J. (2013): Corrigendum to “Human-climate interaction during the Early Upper Palaeolithic: Testing the hypothesis of an adaptive shift between the Proto-Aurignacian and the Early Aurignacian” Journal of Human Evolution, Volume 64, Issue 1: 39-55.
- Coolidge, F. L. y Wynn, T. (2011): “The implications of the working memory model for the evolution of modern cognition”. International Journal of Evolutionary Biology. doi:10.4061/2011/741357.
- Damasio, A. (2010): Self Comes to Mind: Constructing the Conscious Brain. New York. Pantheon Books.
- d´Errico, F. y Stringer, Ch. B. (2011): “Evolution, revolution or saltation scenario for the emergence of modern cultures?” Philosophical Transactions B. 366, 1060-1069.
- d´Errico, F.; Banksa, W. E.; Warrend, D. L.; Sgubine, G.; Niekerkb, K.; Henshilwoodb, Ch.; Daniaue, A-L. y Sánchez Goñie, M. f: (2017): “Identifying early modern human ecological niche expansions and associated cultural dynamics in the South African Middle Stone Age”. PNAS, vol. 114, no. 30: 7869–7876.
- Edelman, G. M. y Tononi, G. (2000): A Universe of Consciousness: How Matter Becomes Imagination. New York. Basic Books.
- Humphrey, N. (1992): A History of mind. The evolution and the birth of consciousness. New York Simon and Schuster.
- Kandel, A.; Bolus, M.; Bretzke, K.; Bruch, A.; Haidle, M.; Hertler, Ch. & Märker, M. (2015): “Increasing Behavioral Flexibility? An Integrative Macro-Scale Approach to Understanding the Middle Stone Age of Southern Africa”. J Archaeol Method Theory. Vol. 22, (2).
- Malafouris, L. (2013): How Things Shape the Mind: a Theory of Material Engagement. MIT Press, Cambridge.
- Mora, F. (2001): El reloj de la sabiduría. Tiempos y espacios en el cerebro humano. Madrid. Alianza.
- Renfrew, C. (1993): "Cognitive Archaeology: Some Thoughts on the Archaeological Thought". Cambridge Archaeological Journal, 3(2): 248-250.
- Renfrew, C. (2008): “Neuroscience, evolution and thesapient paradox: the factuality of value and of the sacred”. Phil. Trans. R. Soc. B 363, pp. 2041-2047.
- Rivera, A. (2009): Arqueología del lenguaje. La conducta simbólica en el Paleolítico. Akal, Madrid.
- Rivera, A. (2013): “Teorías y métodos de la Arqueología Cognitiva”. Revista Portuguesa de Arqueología. Volume 16, pp. 5–26.
- Rivera, A. (2015): “Arqueología de las emociones”. Vínculos de Historia, núm. 4, pp 41-61. UCLM.
- Rivera, A. y Menéndez, M. (2011): “Las conductas simbólicas en el Paleolítico. Un intento de comprensión y análisis desde el estructuralismo funcional”. Espacio, Tiempo y Forma, Nueva temporada, 4.
- Searle, J. R. (1997): The mystery of consciousness. New York. The New York Review of Books.
- Tomasello, M (1999): The Cultural Origins of Human Cognition. Harvard University Press.
- Vygotsky, L. S. (1934/1978): Mind in Society. Cambridge, MA: Harvard University Press. 

miércoles, 14 de junio de 2017

Conductas del presente y del pasado. Evolución cognitiva

Somos consecuencia de la cultura de nuestra época, por lo que intentar trasladar conductas actuales a otros periodos históricos solo nos lleva al error. Cada época tiene sus propios componentes culturales, lingüísticos y cognitivos, lo que siempre debemos de tener en cuenta. Los siguientes ejemplos son más literarios y filosóficos que psicobiológicos, pero recogen el sentir de que nuestra realidad se forja más con el quehacer cotidiano que con nuestra herencia biológica:

...lo único que nos es dado y que hay cuando hay vida humana es tener que hacérnosla, cada cual la suya.... La vida es quehacer
José Ortega y Gasset (Historia como sistema) (1935).

Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo
José Ortega y Gasset (Meditaciones del Quijote) (1914).

La mente humana es la mente humana y a la vez es la cultura, y si no se salva ésta no se salva aquella.
José Luis Pinillos (La mente humana) (1991).


 Sin embargo, existe cierta tendencia a intentar explicar conductas paleolíticas mediante experiencias sociales actuales, amparadas en el concepto de que el cerebro actual es el mismo que en el Paleolítico, lo que anatómicamente es cierto, pero funcionalmente no. Lo cierto es que no podemos hacer otra cosa, pues cómo podemos imaginar lo que se desconoce. Sin embargo, este desconocimiento no debe permitirnos realizar explicaciones sin ningún fundamento que las avale.

Con los aspectos sociales de las manifestaciones gráficas del Paleolítico se han expuesto multitud de opiniones sobre su significado, la gran mayoría con el único aval de los paralelismos etnográficos de las manifestaciones realizadas por poblaciones históricas con un desarrollo cultural parecido a los del Paleolítico superior. La psicología actual entiende que existen diferencias de pensamiento, lenguaje y conducta en diversas poblaciones, las cuales tienen un desarrollo cultural diferente al conocido como occidental. La prehistoriadora Almudena Hernando, en el estudio de las poblaciones sobre indígenas americanos con perduración de sus formas culturales tradicionales, llega a la conclusión que diversos aspectos de su pensamiento y conducta son diferentes a los considerados como modernos de nuestra sociedad. Si en la actualidad existen estas diferencias culturales, más posibilidades hay que se produzcan en las culturas paleolíticas. Así lo indica en su libro “Arqueología de la Identidad” (2000):

No tiene sentido pretender que los habitantes de la Prehistoria o de la Historia eran como nosotros mismos, que entendían el mundo como nosotros lo hacemos, tal y como, inconscientemente, se ha pretendido hasta ahora.

Parte del conocimiento de la falta de diferencias neurológicas y psicológicas entre ellos y nosotros, pues todos participamos de las mismas capacidades que la evolución ha otorgado a nuestra especie. Estas poblaciones de aborígenes, a pesar de tener una clara base simbólica y abstracta en su estructuración lingüística y mental, tienen unas características distintivas y propias, como también ha analizado el psicólogo José Luis Pinillos (1991). Para él, estas poblaciones presentan un pensamiento con unas características distintivas y propias que podemos resumir en los siguientes apartados:

- Concreto o incapaz de grandes abstracciones. Le resulta más difícil referirse a un color en abstracto que a una cosa con ese color. Igualmente, le es complejo hablar de una numeración abstracta, sin una referencia inmediata a cosas que se pueden numerar. Es más difícil decir y comprender el número tres, que expresar y comprender lo que significa tres árboles.
- Sincrético o poco diferenciado, al mezclar lo imaginativo y lo afectivo con elementos verdaderamente abstractos.
- Colectivo o poco individualizado, poco crítico, estereotipado, al aceptar sin crítica personal las creencias vigentes en la comunidad. Prima la individualización social sobre la personal.
- Antropomórfico, humanizador de la Naturaleza o animista. Propenso a adjudicar a los fenómenos naturales cualidades o comportamientos propios de los seres humanos.
- Prelógico, al tener unos razonamientos diferentes a los que usamos nosotros, no porque carezcan de lógica, sino que utiliza sus razonamientos en unos supuestos culturales distintos. Una cosa puede ser varias cosas a la vez (la luna, por ejemplo, puede ser una mujer y un espíritu).
- Místico, reaccionando muy emotivamente ante lo que no se entiende.

Aunque las capacidades cognitivas que el ser humano posee son importantes y de gran potencialidad, es preciso su modelación y/o estructuración por medio de la experiencia y del aprendizaje, pues sin estos requisitos no se produce un verdadero desarrollo de tales capacidades, al menos en la forma en que normalmente solemos usarlas.

Un sencillo, divertido y asombroso ejemplo de tales manifestaciones nos lo ofrece el antropólogo Nigel Barley (1989: 123) en su libro “El antropólogo inocente” donde, al intentar que miembros de la tribu de los dowayos del Camerún identificaran con sus nombres a diversos animales de su medio (leopardos y leones) mostrándoles unas fotografías de los mismos, se dio cuenta de que no podían identificar a ningún animal en esas fotos, pues no sabían interpretar lo que se les mostraba. A pesar de conocer perfectamente a los leopardos no los reconocían en las fotografías, pues para poder hacerlo es preciso aprender a verlas con anterioridad, es decir, que el cerebro aprenda a relacionar un animal viviente con esas manchas de colores o grises que están en un papel, si no se aprende no pueden relacionarse.

Este aprendizaje, en algún momento de nuestra primitiva prehistoria, pudo tener los caracteres de iniciación mágica o religiosa en los inicios del arte prehistórico. Si se mostraban a ciertos miembros de la sociedad prehistórica los dibujos de un animal bien conocidos por todos (bisonte, caballo, reno, etc.) por primera vez, con poca luz y la dificultad del lugar para ver el dibujo mejor, lo cierto es que no verían nada reconocible y necesitarían un aprendizaje iniciático que le pudiera desarrollar sus capacidades visuales en esas extrañas facetas de manchas y líneas de colores.

Todo, hasta las cosas aparentemente más sencillas, hay que aprenderlas, es decir, hay que enseñar al cerebro a reconocer una figura, un sonido o cualquier otra sensación susceptible de ser recogida por sus terminaciones sensitivas. La explicación más razonada sería en que la creación del nicho cognitivo-cultural (creado y mantenido por las poblaciones humanas de cada época) es diferente es todos los matices que se muestra en los diferentes formas de actuar. La evolución nos ofrece amplias posibilidades de desarrollo cognitivo, pero es el medio ambiente (nicho cognitivo-cultural) el que va a determinar las características de su desarrollo. Es lógico que dentro del mundo de la arqueología todas estas aseveraciones se escapen de su compresión, al entrar en disquisiciones teóricas no asumidas por los fundamentos de sus disciplinas académicas. Pero, intentar cualquier explicación de la conducta humana (simbólica, lingüística, flexible y razonada) en el Paleolítico con las meras opiniones personales fuera de los conceptos psicobiológicos actuales, solo nos lleva a un marasmo de opiniones sin base científica que aburre a muchos y desespera a todos.


La Arqueología cognitiva (Estructuralismofuncional) intenta paliar esta  situación, utilizando interdisciplinariamente los datos actuales y comprobados de las ciencias relacionadas con la conducta humana. Las conclusiones siguientes bien pueden servir para empezar a comprender la realidad de la evolución cognitiva humana.

- La evolución crea un entramado neurológico innato predispuesto a procesar toda la información que le llega.

- La naturaleza de esta información depende de las características del nicho cognitivo-cultural.

- El cerebro se estructura funcionalmente en función de las características de los estímulos que recibe del medio ambiente.

- El lenguaje es el modo más importante para adquirir ordenadamente la información exterior y reorganizar funcionalmente la estructura neuronal heredada (Evolución cognitiva y lenguaje).


- BARLEY, N. (1989): El antropólogo inocente. Anagrama. Barcelona.
- HERNANDO, A. (2002): Arqueología de la identidad. Akal. Móstoles (Madrid).
- ORTEGA Y GASSET, J. (1914): Meditaciones del Quijote. Ideas sobre la novela. Cátedra (1984: 118). Barcelona.
- ORTEGA Y GASSET, J. (1935): La Historia como sistema. Colección Austral, 1440. Espasa Calpe (1971: 41-42). Madrid.
- PINILLOS, J. L. (1991): La mente humana. Temas de Hoy. Madrid.

domingo, 21 de mayo de 2017

Origen de las representaciones gráficas del Paleolítico superior europeo

Vulvas de Tito Bustillo (España)
Durante el Paleolítico superior se inicia una serie de expresiones gráficas de gran simbolismo, las cuales van a durar todo el periodo. Su inicio y evolución serán paralelas al desarrollo cognitivo humano, siendo utilizadas como soporte externo de las nuevas ideas que las sociedades humanas crearon. Su estudio conlleva, entre otras cosas, analizar la finalidad para las que fueron creadas (Rivera y Menéndez, 2011). Estas manifestaciones gráficas no pudieron ser ajenas a los amplios desarrollos tecnológicos, sociales, demográficos, culturales, simbólicos y lingüístico que conocemos de forma permanente y generalizada de de mismo inicio del último periodo paleolítico. Los mecanismos de feedback o de retroalimentación positiva y/o negativa se incrementaron notablemente en este periodo, por lo que fueron a la vez causa y efecto del desarrollo cognitivo de los humanos que los crearon (Rivera, 2009). Aunque existen antecedentes de estas formas conductuales en el Paleolítico medio, su producción fue limitada, tanto en la elaboración tecnológica como en su distribución geográfica, acoplándose perfectamente en el heterogéneo continuum que representa a la evolución cognitiva y cultural del género Homo. Su producción sería el reflejo de un importante desarrollo de la flexibilidad y racionabilidad conductual, consecuencia de una importante evolución de los conceptos espaciales y temporales (desplazamiento cognitivo), el desarrollo funcional de las funciones ejecutivas del lóbulo frontal, de la creación de una autobiografía ampliamente estructurada y de su articulación global por medio del lenguaje (lenguaje interno), la acción en conjunto de todos estos procesos cognitivos va a producir la emergencia de la capacidad cognitiva que más nos caracteriza: la autoconciencia. Para su realización hay que construir un nicho cognitivo-cultural lo suficientemente desarrollado como para poder desarrollar adecuadamente (emergencia cognitiva) las potencialidades neurológicas que la evolución nos ha conferido (Rivera, 2009: Damasio, 2010; Rivera y Menéndez, 2011).


Sin embargo, el estudio de la autoconciencia es un tema que prácticamente se ha mantenido alejado del trabajo arqueológico tradicional, explicando los avances socioculturales en todos los periodos como mecanismos adaptativos que realizan los seres humanos por medio de las capacidades cognitivas adquiridas por la evolución (d’Errico y Stringer, 2011; Banks, d´Errico y Zilhão, 2013). Pero dejan sin aclarar por qué se produjo en ese momento y no antes, cuando la evolución neurológica ya se había producido, produciendo una sapient paradox (Renfrew, 2008). La Arqueología cognitiva (Estructuralismo funcional) de carácter interdisciplinario ha incorporado al estudio de la evolución conductual humana este proceso cognitivo, por medio de la aplicación de su metodología de estudio al análisis de los datos del registro arqueológico.

Cognición y arte paleolítico

Observamos una gran variación en formas, temas, soportes, expresiones gráficas, materiales usados y ubicación que van cambiando a lo largo del periodo y en diversos lugares. El registro arqueológico nos indica que los temas estarían en consonancia con los problemas o vivencias propias de los grupos humanos del momento: mundo animal, subsistencia, sexo, peligro, simbolismo humano (manos, antropomorfos y teriomorfos) y signos (que pueden relacionarse con todos los anteriores). Su compleja y variada distribución espacial y temporal manifiesta la posibilidad de que no siempre tuvieron el mismo significado simbólico. La ubicación de estos temas respecto al hábitat pudo ser muy relevante, pareciendo razonable suponer que existiría una diferente motivación y significación del arte permanentemente accesible y presente en lo cotidiano, respecto a aquel otro mucho menos asequible que se oculta en la profundidad de la cueva (Menéndez 1994). Tal idea ya fue expuesta y ampliamente seguida en el siglo pasado respecto de los comienzos del arte, en el sentido de que las obras exteriores e interiores no sólo tuvieron contenidos diferentes, sino que responden a motivaciones igualmente diferentes (Laming-Emperaire 1962). El trasfondo social de estas manifestaciones es evidente, se crearon de cara a las necesidades de la sociedad, con el fin de solucionar problemas, resaltar hechos o enseñar conceptos que la sociedad había adquirido con el desarrollo de la autoconciencia y que era difícil explicar socialmente.

Teriántropo de Chauvet (Francia)
Unas manifestaciones estarían cercanas o en el mismo lugar a donde se realizaba la vida cotidiana; su función social habría que buscarla en las necesidades cotidianas del grupo, pues con su realización y permanente visualización se podrían mejorar o solucionar en alguna medida. Mientras que otras se situarían en zonas apartadas del hábitat, en lugares oscuros, alejados o donde no hayan existido áreas de ocupación. Su función, igualmente social, tendría un diferente simbolismo. Estarían relacionadas con una finalidad simbólica nacida de nuevos conceptos o vivencias consecuencia del desarrollo de la autoconciencia, y que aparecen en las sociedades europeas del inicio del Paleolítico superior en Europa, y en el resto del mundo en circunstancias parecidas y épocas distintas.

Creación de nuevos simbolismos autoconscientes

El método que vamos a utilizar en su estudio es el Estructuralismo funcional, el cual nos muestra tres premisas en su desarrollo.

- El desarrollo de la autoconciencia dentro de los conceptos temporales y espaciales (desarrollo cognitivo).
- Todo avance conductual-cultural se realiza a partir del conocimiento de hechos que se ven en la propia naturaleza o están ya asimilados en el acervo cultural.
- En su estudio hay que limitarse a los datos aportados por el registro arqueológico.

Con el desarrollo de la autoconciencia hasta niveles adecuados se producirían mejores interpretaciones de diversos procesos que hasta ahora no se podían realizar, o se hicieron de forma muy básica y con escasas consecuencias conductuales. Me refiero a múltiples procesos naturales que a partir de este momento comenzaron a generar preguntas a los humanos que las vivieron. Las más trascendentes o las que más parece que influyeron en el principio de este periodo fueron las referentes al nacimiento de nuevos componentes del grupo, la muerte en general y las percepciones consecuentes de los estados de conciencia diferentes a la vigilia (sueños, pesadillas) o alterados respecto de la conciencia normal (alucinaciones por enfermedades, ingesta de drogas, etc.). Todos ellos, que con anterioridad se percibirían de una forma más o menos confusa e inevitable, ahora adquieren formas de realidad inexplicable (Rivera y Menéndez, 2011). Las preguntas que pudieron surgir solo pueden ser contestadas con los conocimientos del momento, lo que limita mucho el abanico de posibilidades de las mismas, incluso es muy posible que las respuestas estuvieran entrelazadas. Pueden destacarse tres por su trascendencia en el comportamiento humano del momento y por que pueden ser rastradas, hasta cierto límite, por medio de los datos del registro arqueológico.

Venus de Willendorf
- Sexualidad, fecundidad y nacimiento. Estos fenómenos naturales forman en conjunto un proceso fundamental para las poblaciones humanas del paleolítico, donde la precariedad de la existencia y su corta vida media implicarían que los cambios generacionales fueran vitales para la continuidad del grupo. Desconocemos los conocimientos que pudieron tener de ellos en el inicio del Paleolítico superior, aunque, como expertos conocedores de la vida animal en todas sus facetas, algunos de ellos (fecundación, gestación y nacimiento) les serían muy familiares al verse continuamente en la naturaleza. Paradójicamente, la ausencia de una estación de celo en las mujeres supondría una incógnita por la diferencia que tal hecho supone en comparación con el resto de los animales. Igualmente, pudo ser difícil correlacionar la fecundación con la gestación, pues muchas veces se produciría la primera sin los resultados pretendidos. ¿De qué o quién dependía de que se produjera tal gestación? Son peguntas que, aunque de forma más o menos semiconscientes aparecerían en periodos anteriores, pero es en el inicio del Paleolítico superior, con el desarrollo de un nivel adecuado de autoconciencia, cuando comienzan a ser conscientes, compartidas socialmente y con necesidad de respuestas.

La percepción consciente de la gran diferenciación sexual entre los humanos y los animales que vivían en su entorno (ausencia de celo y posibilidad de continuas relaciones), plantearía ciertos problemas con la concepción de la fecundación, pudiendo separarse en algunos casos ambos procesos. Es decir, se podría usar la sexualidad para fines diferentes de la fecundación, como serían el placer y diferentes rituales desconocidos para nosotros.

- Percepciones en los estados de conciencia alterados. Con la emergencia del nivel de autoconciencia adecuado, los sueños o alucinaciones pasan a ser conscientes, propios, reales y sociales al poder compartir la experiencia. Estos siempre habían existido, pero no podían aflorar al plano consciente sin el desarrollo de la autoconciencia. Sería una emergencia onírica que había que interpretar, comunicar y explicar, siendo necesario buscar nuevas formas y métodos de los conocidos en el inicio del Paleolítico superior. La existencia consciente de estos estados oníricos de alguna manera favoreciera la concepción de un mundo diferente al cotidiano, y que, aunque sea de naturaleza inmaterial, se percibiría como real, pues en el mundo paleolítico serían considerados como normales y reales, y como tales se utilizarían. Para su realización es imprescindible un buen desarrollo de los conceptos del yo-otros, del espacio amplio y diverso, dentro de un tiempo pasado, presente y futuro, pues son características básicas de toda experiencia cognitiva de carácter simbólico, ya sea material o inmaterial (Bueno 1996; Alvargonzález 2005). En este mundo onírico pueden entrar todo aquello que los humanos tuvieran en su memoria (animales, otros humanos, acciones de la naturaleza, objetos, emociones, recuerdos de complejas conductas, etc.). Sin embargo, serían los animales los que, con gran diferencia, adquirirían la principal meta de sus ensoñaciones y/o alucinaciones. Su abundancia, tendencia a la perfección iconográfica y sus múltiples relaciones entre sí y con otros conceptos más o menos abstractos (p. e. sexo, muerte) u otras figuras en mucho menos número (antropoides, manos, caretas) hacen de ellos que adquieran una categoría especial dentro de este mundo espiritual, pues se convierten en númenes o divinidades relacionadas con la naturaleza y los humanos que en ella viven (Alvargonzález 2005), en este particular caso en númenes paleolíticos.

Teriántropo de El Castillo (España)
Estos estados pueden ser incontrolables, como los sueños o las alucinaciones por enfermedad (fiebre, alteraciones psiquiátricas, comas superficiales, etc.); o bien más o menos controlables, como los inducidos por drogas o rituales frenéticos. Todos ellos pueden crear la intuición de que tras estas extrañas percepciones se manifiesta la posibilidad de otro plano de existencia, de otro mundo diferente del cotidiano. Sería un mundo complejo, inmaterial y con entidades que muestran propiedades diferentes de las conocidas entre los seres humanos. Su aceptación implica el desarrollo de un simbolismo espiritual (de base no material en el sentido más estricto), basado no sólo en tener ensoñaciones o alucinaciones, sino en adquirir la conciencia de que uno mismo las tiene como entidades externas a él, y admitir la posibilidad de la existencia de una realidad inmaterial (Rivera y Menéndez, 2011).

Escena del pozo. Lascaux (Francia)
- Muerte. Representaba un proceso cotidiano en todas las poblaciones paleolíticas, pues las consecuencias de las enfermedades, accidentes y lances de caza, entrarían en lo habitual de sus vidas. Con niveles bajos de autoconciencia, cuando tuviera lugar entre los componentes del grupo, se desencadenarían numerosas emociones de difícil solución, pero su actividad de supervivencia debería de continuar. Con la adquisición de mayores niveles de autoconciencia la muerte en sí misma no presentaba ningún cambio, se admitiría como un fenómeno habitual y hasta lógico en su producción, salvo la posible enfermedad cuyo origen se escaparía de su compresión. Pero con la adquisición de los procesos oníricos autoconscientes (estados de conciencia alterados) se produciría un hecho muy difícil de explicar. Se soñaba con los compañeros muertos y se les intuía como si estuviesen vivos, pero no era posible establecer una comunicación con ellos en el sueño, trance o situación onírica especial. Había que interpretar estas experiencias, junto con la existencia de los mismos animales que se habían matado o visto morir y que, por el mucho mayor número de representaciones gráficas que de ellos tenemos, parece tener mayor importancia para las sociedades paleolíticas que la presencia humana en este mundo onírico. Sin duda, la relación biológica, emotiva y cognitiva entre los seres humanos y animales tendría unas particularidades muy diferentes a las actuales, de las que solo podemos intuir hechos de imposible justificación.

Estas experiencias vivenciales (reproducción/sexualidad, conciencia alterada y muerte) solo pueden explicarse mediante los conocimientos adquiridos por medio de la observación del medio ambiente en el que se vive, o de las propias experiencias conscientes que los seres humanos puedan desarrollar en su quehacer cotidiano, cumpliendo así el requisito del Estructuralismo funcional. Este sería el fundamento psicobiológico de porqué todas las poblaciones humanas anatómicamente modernas han desarrollado conductas relacionadas con estas creencias, pero a su vez también explica que su inicio y posterior desarrollo no sea homogéneo, pues es una consecuencia de las características socioculturales de cada población, cuyo desarrollo e interacción es heterogéneo y de diferente evolución en el tiempo y en el espacio.

Experiencias y soluciones que genera

La existencia consciente de estas tres preguntas exigiría soluciones conductuales que facilitasen la vida cotidiana de los grupos humanos. Pero la producción de tales respuestas no fue fácil, pues necesitaron un complejo entramado de ideas y conductas que al final pudieron desemboca en las manifestaciones gráficas de gran carga simbólica que todos conocemos. No conocemos el grado de interrelación que las tres preguntas pudieron tener, aunque la prolongación de cierta vida después de la muerte en ese mundo onírico parece fácil de entender, al soñar o alucinar con seres humanos o animales de los que se sabía que habían muerto y desaparecido de la comunidad. El problema de la fecundidad selectiva tras el apareamiento sería más difícil de comprender y explicar, a no ser que se creasen entidades o ritos ajenos a la propia fecundación, pero que tuvieran la facultad de favorecer la gestación (posible origen de las venus gravetienses).

Con la creencia del mundo onírico e inmaterial aparece la necesidad de explicar su existencia, así como de intentar interaccionar con él, pues es una parte del mundo en el que se vive. Estas necesidades de relación e interacción pueden más o menos controlarse mediante el uso de drogas o conductas que favorezcan la producción de los estados alterados de conciencia. Pero no todos los componentes del grupo pueden realizar ni controlar tales prácticas, pues sin duda producirían consecuencias no deseables en varios de sus miembros, llegando incluso a la muerte de quienes lo practicasen sin demasiado conocimiento. Era necesario que sus prácticas recayesen en ciertas personas que, con la experiencia asumida de sus antepasados y la suya propia, pudieran sortear los peligros de su realización y desarrollo. Sobre estos personajes (intermediarios paleolíticos) recaería el trabajo de la explicación del mundo onírico que en teoría controlaban, y para su desarrollo social en Europa occidental se eligió un ambiente que se pareciera al experimentado en los sueños, como es el mundo subterráneo de las cuevas en donde vivían o no. Estos hechos sabemos que se produjeron desde el mismo inicio de las manifestaciones gráficas (Auriñaciense), pero la exacta forma de su realización es algo que es muy difícil de poder conocer con exactitud.

El mundo de los sueños y/o alucinaciones (onírico) al que pueden llegar los mediadores paleolíticos, tiene unas características muy especiales, las cuales son difíciles de explicar y trasladar al resto de la comunidad. Había que recrear el simbolismo del mundo onírico. Para tal fin se relacionaron sus características con las del mundo subterráneo, pues ambos ambientes tienen importantes semejanzas. Destacan la propia oscuridad, el silencio, la dificultad en la movilidad, el frio y la humedad y, desde luego, cierto deseo de acrecentar las semejanzas y minimizar las diferencias. Si se trataba de representar ese mundo onírico ante el resto de la población, la profundidad de las cuevas o lugares oscuros y aislados cumplen perfectamente el papel. Sin embargo, la finalidad de las ceremonias que pudieran realizarse en estos apartados lugares se nos escapa y cualquier explicación, aunque parezca razonable y lógica, constituye una hipótesis de muy difícil demostración. Pero tal dificultad no debe impedir que, aunque de una forma genérica y limitada, se intente analizar el papel que pudieron tener tales figuras, entre las que destacan los teriántropos como muestras claves en su interpretación.

Al reconocer en ese otro mundo a los humanos y animales muertos, es fácil asociar la idea de que era un lugar a donde se iría después de la muerte, tanto los humanos como el resto de los animales. El interés que despertaría su existencia y conocimiento, así como la presencia de otras emocionas de mayor repercusión social (miedo, desasosiego, angustia, etc.) motivaría la necesidad de comunicación para su conocimiento y un posible control. El papel de las emociones en este contexto es fundamental, por lo que la influencia de las emociones primarias, entre las que destaca el miedo, fue uno de los principales motivos que impulsaría la creación de las respuestas simbólicas que significaría el arte paleolítico en el interior de las cavidades (Rivera, 2015).

Pero para comunicarse habría que ir allí y establecer la relación. Como la mayoría de las representaciones gráficas de las cuevas son de animales, parece que el interés se centraba más en comunicarse con los animales que con los humanos. Para su logro se necesitaba superar un gran problema, pues en la vida cotidiana la comunicación entre animales y humanos no existía. Se tenía que realizar una transformación del elegido (intermediario paleolítico) para controlar estos procesos de forma que, al semejarse a los animales, podría comunicarse con ellos. La inversión antropológica, o formas análogas de conducta humana (p. e. personificación), pudieron ser un intento de relacionarse con tales seres utilizando los medios conocidos, como es la comunicación natural entre los miembros de una misma especie (comunicación verbal o simbólica entre humanos).

El viaje hacia ese mundo onírico significaba morir o algo parecido de lo que se podría retroceder, lo que se podría lograr por medio de mecanismos relativamente controlables. Serían las alucinaciones inducidas por drogas de la naturaleza, junto con rituales frenéticos de carácter repetitivo. En estos casos, se puede establecer una causa-efecto y un cierto control. No se conocen el uso de alucinógenos en el paleolítico, pero no sería nada raro que, en su permanente búsqueda de vegetales comestibles, de una forma accidental encontraran algunos de ellos con estas propiedades. La interpretación o explicación de lo sucedido tras su ingesta les llevaría a una respuesta de carácter espiritual, claramente diferente con su conducta simbólica hasta este momento, siendo muy difícil de definir para ellos, de explicar al resto de la sociedad, y de comprender por nuestra parte.

La actuación de estos intermediarios paleolíticos, desde una visión externa a ellos, parecería como una muerte aparente, pasajera y reversible, lo que se ha querido relacionar con el trance visto en muchas sociedades primitivas y realizados por personajes determinados (chamanes, brujos, hechiceros, etc.). Sin embargo, la experiencia personal de este intermediario paleolítico no sería de muerte aparente y renacimiento (conceptos aún no bien desarrollados), sino de traslación a ese otro mundo para comunicarse con los animales allí presentes.

Humanización o Antropomorfización de la naturaleza

Puede asumirse que los intermediarios paleolíticos serían los teriántropos representados en el arte paleolítico de las cavidades, aunque siempre existirán dudes sobre tal aseveración. Si se quería establecer algún contacto con los animales representados en el mundo onírico habría que encontrar formas que lo permitieran. Este complejo proceso puede realizarse conceptualmente de dos formas: O los humanos adquieren formas y características de los animales con los que se quiere relacionarse (inversión antropológica y/o personificación), o los númenes de ese mundo onírico se humanizan (humanización), adquiriendo cualidades humanas y facilitando la comunicación. Con los datos iconográficos de los teriántropos parece que la primera solución debió de ser la más usada. Solo la cabeza de bisonte de Peña de Candamo parece corresponder a la segunda hipótesis, pero su gran semejanza con el bisonte de La Pasiega (cabeza menos humanizada) nos hace dudar de su realidad como teriántropo. Esta forma de actuación es la base teórica sobre la que se asienta el origen de las entidades espirituales que con el tiempo se denominaron dioses y, con los rituales de relación y explicación de su poder, desarrollaron las conductas religiosas.


Este razonamiento es igualmente aplicable al origen de las venus gravetienses. El problema de la fecundidad selectiva tras el apareamiento sería más difícil de comprender y explicar, a no ser que se creasen entidades o ritos ajenos a la propia fecundación, pero que tuvieran la facultad de favorecer la gestación. Naturalmente, el concepto de esta entidad tendría que surgir de las vivencias y experiencias humanas. Toda nueva vida aparece a partir de algo o de alguien, las plantas de la tierra y los animales de sus madres, ambos son los que producen nuevas formas de vida, y por tanto, las entidades que se podrían elegir como entes que favorecen el renacer de la vida serían la tierra (Madre tierra, concepto personificado) y una mujer (Venus con atributos femeninos maternales y sin o con un rostro anodino) con capacidad para favorecer aquello de lo que estaría preparada para realizar, la fecundación. La primera parece que hasta los tiempos de la agricultura no tiene un buen desarrollo, pero el segundo tuvo plena desarrollo ya en el Paleolítico superior.

Conclusiones

La aceptación del desarrollo de la autoconciencia como capacidad cognitiva emergente, tras el desarrollo del lenguaje, creación de la memoria autobiográfica y en desarrollo de las funciones ejecutivas del lóbulo frontal, es un hecho que hay que admitir. Su desarrollo con características de modernidad conductual, dentro de su heterogéneo continuum en el tiempo y en el espacio, es la explicación más coherente y mejor fundamentada sobre los cambios conductuales acaecidos desde el inicio del paleolítico superior. La explicación de las complejas conductas simbólicas que desde entonces se produjeron, no deja de ser una adecuada aplicación de este desarrollo cognitivo a los conocimientos de cada momento y lugar. Pero su utilización no depende de su explicación teórica, sino de su aceptación académica, lo que por ser un complejo estudio interdisciplinar, parece que hay que esperar largo tiempo, aunque tarde o temprano llegará.



- Alvargonzález, D. (2005): “El problema de la verdad en las religiones del Paleolítico”. En Jiménez, F; Peñalver Gómez, P y Ujaldón Benítez, E. (coord.). Filosofía y cuerpo: debates en torno al pensamiento de Gustavo Bueno. Págs. 213-243. Ediciones Libertarias/Prodhufi. Madrid.
- Banks, W. E.; d´Errico, F. y Zilhão, J. (2013): Corrigendum to “Human-climate interaction during the Early Upper Palaeolithic: Testing the hypothesis of an adaptive shift between the Proto-Aurignacian and the Early Aurignacian” Journal of Human Evolution, Volume 64, Issue 1: 39-55.
- Bueno, G. (1996): El animal divino. Ensayo de una filosofía materialista de la religión. Pentalfa. Ed. Oviedo.
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- Laming-Emperaire, A. (1962): La signification de l'art rupestre paléolithique; méthodes et applications. A. and J. Picard.
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- Renfrew, C. (2008): “Neuroscience, evolution and thesapient paradox: the factuality of value and of the sacred”. Phil. Trans. R. Soc. B 363, pp. 2041-2047.
- Rivera, A. (2009): Arqueología del lenguaje. La conducta simbólica en el Paleolítico. Akal, Madrid.
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