domingo, 7 de agosto de 2016

Ciencia y Arqueología: transdisciplinariedad

Se puede definir a la ciencia como un sistema ordenado de conocimientos estructurados, adquiridos a través de la experiencia o de la introspección. Su desarrollo a través de los siglos de existencia ha producido notables avances en la compresión del mundo en que vivimos y de nuestra relación con él. Sin embargo, también ha desarrollado una importante parcelación y fragmentación del conocimiento, es decir, la formación de numerosas disciplinas particulares y su consiguiente hiperespecialización. Esta parcelación, que en principio fue necesaria  para poder profundizar en sus cometidos, con cierta posteridad se ha visto como fuente de algunos problemas del desarrollo científico, como sería cierta limitación en el conocimiento complejo de la realidad estudiada. La principal causa de este problema es su incapacidad para comprender las complejas realidades del mundo actual, pues estas se distinguen por la multiplicidad de las relaciones e interconexiones entre las diversas disciplinas que analizan cualquier problema con características comunes. Lo que en principio parecía ser lo más fundamental (creación y desarrollo de diversas disciplinas científicas), con el tiempo y su desarrollo se manifestaron como las causantes de un problema de compleja solución: la excesiva y aislada parcelación científica nos ocultaba que la realidad es la suma de toda ellas, pero que tal realidad es más que los elementos aislados que nos proporcionan cada disciplina, pues la relación entre todos ellos producen una nueva entidad emergente (Martínez Miguélez, 2012).

Cada vez conocemos mejor a los árboles, pero nos cuesta entender la globalidad del bosque

Como es lógico, las ciencias que se han dedicado al estudio de la conducta del ser humano en la prehistoria (Arqueología prehistórica, Prehistoria y Paleoantropología) se suman plenamente a estas características de hiperespecialización. Al tratarse de hechos acaecidos en el pasado, y no en el presente o pasado cercano, muchas ciencias dedicadas al estudio de la conducta humana (Neurología, Psicología, Lingüística, Biología evolutiva, Antropología social, etc.) se han inhibido en el estudio de estos lejanos periodos, o lo han hecho de forma esporádica o limitada, dejando este quehacer a las disciplinas creadas a propósito, pero que partían de la nada y estaban aisladas de las ya desarrolladas.


La gran complejidad del estudio de la evolución cognitiva y cultural del género Homo requiere el apoyo de todas las ciencias que puedan aportar algo en su análisis. En la actualidad, los estudios sobre la conducta de nuestro linaje a lo largo de su evolución requieren de unos métodos y conocimientos que se escapan de los que estas ciencias sociales (Arqueología prehistórica, Prehistoria y Paleoantropología) pueden ofrecer en solitario. Así lo han entendido la mayoría de los que se dedican a estas tareas, siendo constante la unión de los criterios arqueológicos con los propios de otras ciencias (Paleontología, Paleoclimatología, Paleoneurología, Biología evolutiva, Genética, Geología, Física y Química, etc.). Con esta agrupación científica podemos estudiar los datos que nos aportan los yacimientos, es decir, en qué consiste la información, cuándo se creó, dónde tuvo lugar su inicio y desarrollo. Estas cuestiones son las que más ampliamente se ha ocupado el trabajo arqueológico desde su inicio. Prueba de ello es el amplio conocimiento (aunque limitado en numerosos aspectos) que tenemos de las diferentes culturas prehistóricas, lo que nos permite tener un mínimo conocimiento de tan lejanos tiempos. Su manifestación cultural queda reflejada en la gran cantidad de útiles (líticos, óseos, cerámicos, metálicos, etc.) y conductas (cazadores-recolectores, agricultores, ganaderos, metalúrgicos, etc.) que variaran según sean los periodos de estudio. Se sitúan cronológicamente en unos anagramas temporales que cada vez son más exactos, gracias a la constante mejora de los medios de datación actuales. Igualmente, se describen posibles áreas de inicio, de expansión, de influencia, e incluso de regresión de tales culturas. Toda esta información constituye un registro arqueológico enorme, dando la impresión de tener un importante conocimiento sobre el inicio de la Humanidad.

No obstante, existen otras cuestiones sobre las que muy poco se ha intentado trabajar. Me refiero a las preguntas del en porqué esos datos arqueológicos aparecieron en ese lugar y momento, y cómo se crearon. En este punto, es cuando hay que indicar la existencia de cierto desajuste metodológico, relacionado con los contenidos históricos y académicos de la Prehistoria, que dificulta el desarrollo de estos aspectos analíticos, es decir, que nos impiden poder conocer mejor el bosque.

Recientemente se está cambiando el interés por conocer las profundas causas de los cambios culturales detectados en nuestra prehistoria. Así, cada vez se habla más de la cognición humana, de las variaciones neurológicas con las que se relaciona, y de las ciencias que más se dedican a su estudio (Neurología y Psicología, de cuya íntima unión nace la Psicobiología). Con mayor asiduidad se mencionan en diversos trabajos las capacidades cognitivas de los humanos que crearon los restos que vemos en los yacimientos, del simbolismo que puede estar relacionado en ellos. Y, por supuesto, se da gran importancia al desarrollo del lenguaje (Lingüística), el aumento poblacional (Paleodemografía) y a las relaciones sociales entre grupos y dentro del grupo (Antropología social) como partes integrantes del desarrollo cognitivo, social y cultural de las poblaciones humanas. Estas ciencias participan de forma directa en la aparición y desarrollo de tales restos arqueológicos (serían el cómo y el porqué del cambio o desarrollo cultural). Todas ellas explican diferentes aspectos de la realidad estudiada en los yacimientos, cada una de ellas es un árbol, por lo que necesitamos unirlas para entender las características del bosque.

Formas de relación disciplinaria

Las relaciones que existen entre las diversas ciencias aplicadas pueden ser muy complejas (Osborne, 2015). Actualmente, hay cierta tendencia a intentar analizar las características de sus relaciones, lo que se ha llegado, más de forma más didáctica que real, a una agrupación en tres grandes apartados:

A. - Enfoque multidisciplinar, considerado como una mezcla no integradora de varias disciplinas en la que cada una de ellas conserva sus formas, métodos y teorías sin cambio o desarrollo de ninguna de las ciencias utilizadas en tal relación. En este contexto, puede darse el caso de que las teorías de alguna de las ciencias usadas estén en disonancia con las conclusiones de otra, pues no se intenta realizar ninguna síntesis teórica. Los profesionales implicados en una tarea multidisciplinar adoptan relaciones de colaboración con objetivos comunes, pero su fin no incluye una correcta adaptación de todas ellas.
Un buen ejemplo lo tenemos en diversos libros en los que diversos autores exponen sus teorías y estudios sobre un tema (Andrew and Charles, 1996; Beaune, Coolidge y Wynn, 2009), sin que exista una coordinación teórica encaminada a ka busca de unas conclusiones comunes. En general, todos los estudios sobre la conducta humana en el pasado son multidisciplinarios, pero las conclusiones suelen ser independientes. Aunque tales trabajos son muy interesantes, pues nos ofrecen diversas teorías y opiniones sobre problemas concretos, nos indica la necesidad de avanzar en el desarrollo y utilización de nuevas formas de trabajo que nos permitan alcanzar resultados mínimamente coordinados, pues con ello se lograría el desarrollo de una crítica constructiva y la creación de conclusiones con mejores bases teóricas.

B. - El concepto de interdisciplina va más allá de la multidisciplina, pues intenta una búsqueda sistemática de integración de las teorías, métodos, instrumentos, y, en general, fórmulas de acción científica de diferentes disciplinas, a partir de una concepción multidimensional de los fenómenos, y del reconocimiento del carácter relativo de los enfoques científicos por separado (Piaget, Mackenzie y Lazarsfeld, 1973).
Efectivamente, las ciencias (parcelación teórica humana para facilitar el estudio de los procesos) solo explican una parte de los mismos, lo que nos engaña en la compresión de la realidad. Este segundo método de análisis es mucho más difícil de desarrollar que el anterior, pero sus logros pueden superar ampliamente a las simples formas multidisciplinares. A pesar de la falta unánime de acuerdo sobre las definiciones de disciplina e interdisciplina, hay que tener en cuenta que todas las áreas de investigación son siempre dinámicas y, por tanto, continuamente emergentes. Así, lo que hoy se considera interdisciplinario, en un futuro próximo puede ser atribuido de simple disciplina. Mientras que los estudios multidisciplinares acaban con la exposición de sus contenidos teóricos, la interdisciplina intenta llagar a conclusiones en las que participen de forma coordinada todas las ciencias utilizadas. 



C. – Dentro de este dinamismo teórico el desarrollo de la interdisciplina llegaría a la concepción de la transdisciplina, concebida como un principio para la unidad del conocimiento más allá de las disciplinas. La interdisciplina desborda las formas y métodos de las disciplinas utilizadas, pero sus objetivos aún permanecen en el seno de la trama de las investigaciones disciplinares. Sin embargo, la transdisciplina implica aquello que está al mismo tiempo entre las disciplinas, a través de las diferentes disciplinas, y más allá de cada disciplina individual. La transdisciplina implica la dinámica engendrada por la acción de varios niveles de la realidad a un mismo tiempo. Con este enfoque todo objeto de estudio o actividad humana no se compartimenta dentro de una disciplina determinada, sino que se asume su naturaleza plural que abarca a diferentes ramas científicas, siendo necesaria la exploración de todas ellas, con la intención de vencer todas las trabas convencionales y alcanzar un mejor conocimiento de nuestro mundo. Se trataría de un conocimiento superior y emergente, fruto de un movimiento dialéctico de retro y realimentación del pensamiento, que nos permite cruzar los linderos de diferentes áreas del conocimiento disciplinar y crear imágenes de la realidad más completas, más integradas y, por consiguiente, más verdaderas (Martínez Miguélez, 2012). En ella podemos ver ciertas características que la definen:

- Se genera al descubrir nuevos objetos de estudio que no pueden ser estudiados desde una perspectiva disciplinaria, produciendo nuevos métodos y nuevas formas de emplear el lenguaje (Zavala, 2010).

- Es un conocimiento que surge de un contexto de aplicación concreto, con sus propias estructuras teóricas, métodos de investigación y modos de práctica (Gibbons, 1994; Osborne, 2015). Intenta resolver problemas reales de forma razonada, ante los cuales las disciplinas son muchas veces insuficientes (Rosenau, 1992).

- Tiende a estar en permanente reestructuración y autoanálisis, adaptándose a las condiciones que provocan la necesidad de crear conocimientos específicos (Klein, 1996).

Estos tres formas de coordinación disciplinar estarían relacionadas entre sí por el dinamismo teórico propio de la ciencia, es decir, por la necesidad de lograr formas metodológicas de estudio que superen la limitación de las estructuras multidisciplinares e interdisciplinares. Si la interdisciplinariedad era difícil de lograr, esta tercera vía de estudio supone un grado de dificultad mucho mayor, así como una concepción científica poco desarrollada en nuestros medios académicos.

De la teoría a la práctica

Sin dejar de estudiar todo lo que nos puede ofrecer cada árbol (ciencias), hay que intentar analizar la complejidad del bosque (relación de las ciencias) en cada tiempo y lugar. Pero no solo en una serie de estudios más o menos interrelacionados (interdisciplinariedad), sino tras la necesaria integración disciplinar en un solo contexto temporal y espacial (transdisciplinariedad) que nos ofrecerá la emergencia de un conocimiento más real y mejor documentado. Sin embargo, en este camino metodológico marcado por el dinamismo de la ciencia presenta muchas dificultades a la hora de llevar sus formas teóricas a una práctica metodológica eficaz. Tenemos diversos ejemplos sobre esta dificultad:

- Sobre los caracteres profesionales de las disciplinas. El término disciplina no es puramente causal, sino que tienen dos aspectos que limitan o encauzan su desarrollo: la de la tradición cognitiva o teórica que la comunidad acepta y transmite (el paradigma que le es propio, que incluye tanto los aspectos conceptuales específicos como los valores y las metodologías); y la relación con los modelos de comunicación y de estructuración teórica propios de la práctica profesional. Existe una relación muy interesante entre ambas que va a marcar su desarrollo. En los periodos de estabilidad teórica e institucional, las disciplinas viven momentos de euforia, caracterizados por la creencia en un avance permanente sobre su objeto de estudio, merced al consenso generalizado de la comunidad respecto del paradigma, y a que no hay en el entorno cuestionamientos que quiebren la paz institucional. En los momentos de crisis, cuando la estabilidad estalla en pedazos, ya sea debido a las fluctuaciones internas, como por la aparición de cuestiones o demandas externas que afectan la práctica habitual, las creencias sobre el avance rectilíneo del conocimiento hacia la verdad se desvanecen. Las instituciones ven cuestionada la disciplina, en los dos sentidos antes mencionados. Y es en ese momento en que suele aparecer el debate o la cuestión de la interdisciplina, e incluso de la transdisciplina (Najmanovich, 1998).

- Su creación y organización. La interdisciplinariedad debe de estar formada por aquellas ciencias que más se relacionen con el tema de estudio y que, en conjunto coordinado, mejor puedan explicarlo. Lo que parece lógico pronto plantea los primeros problemas de su realización: 
¿Quién la forma y que ciencias utilizaría?
Los problemas de su realización comienzan con la propia creación y dirección de estos equipos interdisciplinares. En los medios arqueológicos como es natural recae en el arqueólogo que vaya a dirigir la excavación (Arrizabalaga e Iriarte, 2006), prevaleciendo en su elaboración y organización el criterio de su formación académica y tradición arqueológica, lo que ya indica unos límites y costumbres. Sin embargo, las disciplinas que tradicionalmente se han utilizado en el análisis del comportamiento humano en su origen, desarrollo y evolución en general han sido muy poco utilizadas, casi siempre dentro de un limitado marco de la multidisciplinariedad y pocas veces dentro de una plena interdisciplinariedad y/o transdisciplinariedad. La simple aceptación de la integración científica de la Neurología, Psicología, Antropología social, Demografía, Lingüística y Biología evolutiva como parte fundamental de los estudios sobre el comportamiento humano es el inicio de los problemas de la creación de estas formas de relación disciplinar y, muchas veces, la causa de la elaboración de unas buenas intenciones pero escasos logros entregadores. En este contexto, Edgar Morin (1992: 241) señala que:

Por todas partes, se es empujado a considerar, no los objetos cerrados y aislados, sino sistemas organizados en una relación coorganizadora con su entorno (...); por todas partes se sabe que el hombre es un ser físico y biológico, individual y social, pero en ninguna parte puede instituirse una ligazón entre los puntos de vista físico, biológico, antropológico, psicológico, sociológico. Se habla de interdisciplinariedad, pero por todas partes el principio de disyunción sigue cortando a ciegas.

La organización de un equipo interdisciplinario y/o transdisciplinario supone un importante reto, pues los métodos, objetivos y elementos de estudio de las disciplinas que lo vayan a constituir al ser diferentes hacen muy compleja su interrelación doctrinal. Ni el prehistoriador suele conocer los fundamentos psicobiológicos del ser humano relacionados con la conducta, ni los psicólogos y neurólogos conocen la realidad conductual de los homínidos del paleolítico. Sin un mínimo conocimiento de estas disciplinas es muy difícil la armonización de sus contenidos, hecho que facilitaría el desarrollo de teorías mejor fundamentadas. Esto nos lleva muy lejos, pues implicaría la necesidad de cierto conocimiento sobre las ciencias que van a formar la interdisciplinariedad científica, lo que muy pocas veces se cumple por la enorme complejidad académica que conlleva.

Parece claro que toda interpretación realizada bajo una amplia y adecuada coordinación científica tendría más posibilidades de disminuir la subjetividad que impregna muchos de los trabajos principalmente humanísticos. Pero debe existir un requisito fundamental en toda síntesis interdisciplinar, pues inexcusablemente todas las ciencias que se utilicen deben tener unos fundamentos teóricos que no sean antagónicos. Si en esta confluencia de ciencias existiesen contradicciones teóricas, habría que pensar que alguna o varias teorías de las disciplinas usadas pudiera no ser correcta, pues en la explicación de la conducta humana no pueden coexistir conceptos generales claramente opuestos. Por supuesto, los datos arqueológicos no sólo deberían estar de acuerdo con las tales conclusiones teóricas, sino que la mayoría de las veces serían una guía del camino que la evolución cultural y cognitiva desarrolló en cada periodo y lugar histórico.

- Su gran dificultad teórica. En cada ciencia o disciplina convergen diversas teorías, consecuencia de la diferente interpretación que se realice de las otras disciplinas que convergen en sus cometidos. De las ciencias relacionadas con la conducta humana tenemos: Biología evolutiva (Genética, Embriología, Factores ambientales), Psicología (Psicología evolutiva, Cognitiva: procesamiento de la información, Gestalt, Conductismo, etc.), Neurología (clínica, anatómica, embriológica, psicológica, etc.), Lingüística (carácter innato o adquirido en su origen), Antropología social (evolucionismo, difusionismo, particularismo histórico, antropología social, estructuralismo, ecología cultural, etc.). Cuando se usan estas ciencias debemos tener en cuenta que debe de existir una concordancia teórica entre todas ellas, pero en principio desconocemos cuales se adaptan mejor a las demás. Así, la elección de los profesionales en cualquier estudio interdisciplinar y/o transdisciplinar, aparte de ser muy compleja, debe guiarse por un planteamiento teórico previo sobre las orientaciones de cada ciencia elegida.

- Los problemas de su difusión social y académica. Otro problema que dificultaría su realización radica en el aislamiento científico y metodológico que existe, pues impide comprender con detenimiento las conclusiones de tales estudios interdisciplinares y/o transdisciplinares. Quién no tenga el mínimo conocimiento sobre las ciencias que forman estas formas de relación disciplinarias tendría grandes dificultades para entender sus conclusiones, por lo que las ignoraría o les prestaría poca atención. Si los centros académicos tampoco ponen los medios para que todos los que pasen por sus competencias científicas tengan la capacidad doctrinal para comprender la utilidad de su uso, es muy difícil que los autores que componen cualquier comunidad científica se interesen por los problemas tratados por una interdisciplinariedad que no entienden. Consecuentemente, si no hay demanda social y académica, es muy difícil que exista interés en superar las importantes dificultades que supone ponerse a la altura de tales estudios interdisciplinarios y/o transdisciplinarios, y más aún realizarlos.

Conclusiones

El uso de estas formas metodológicas en la actualidad constituye una realidad de la que no podemos evadirnos. La tendencia hacia la transdisciplinariedad es una forma del quehacer arqueológico que poco a poco se irá imponiendo, pues constituye la mejor forma de comprensión, dentro de los límites propios de los escasos datos que poseemos, de la realidad ocurrida en el pasado. Así, por ejemplo, estudiar el inicio del Paleolítico superior debe de realizarse de forma que los numerosos árboles que conocemos de este periodo (Clima; cronología; geografía; datos de los HAM y HN; conductas tecnológicas, sociales y tecnológicas; simbolismo; demografía del periodo; relaciones sociales de todo tipo y poblaciones; etc.) nos puedan ofrecer un panorama del momento y lugar o bosque totalmente dinámico dentro del continuum que forma todo desarrollo humano en todas sus características.



Un intento de estas características ya lo realicé dentro de la Arqueología cognitiva (La conducta moderna en el Paleolítico superior inicial). Igualmente, pero más limitado al Neandertal (La transición del Paleolítico medio al superior. ElNeandertal). Aunque algo limitado por el paso del tiempo, creo que bien pueden servir como intentos serios de la realización de interdisciplina y/o transdisciplina. 

- Andrew, L. and Charles, R. P. (Ed.) (1996): Editorial introduction to Part III: “Ontogeny: symbolic development and symbolic evolution”. In Handbook of Human Symbolic Evolution. Clarendon Press. Oxford.
- Arrizabalaga, A. e Iriarte, M. J. (2006): “El Castelperroniense y otros complejos de transición entre el Paleolítico medio y el superior en la Cornisa Cantábrica: algunas reflexiones”. Zona arqueológica, 7, (1): 359-370.
- Beaune, Sophie de; Coolidge, Frederick and Wynn, Thomas, eds. (2009) Cognitive Archaeology and Human Evolution. Cambridge. Cambridge University Press
- Gibbons M, Limoges C, Nowotny H, et al. (1994): La Nueva Producción del Conocimiento: La dinámica de la ciencia y la investigación en las sociedades contemporáneas, Londres: SAGE.
- Klein, J. T. (1996): Crossing Boundaries. Knowledge, Disciplinarities, and Interdisciplinarities. Charlottesville, U. Press of Virginia.
- Martínez Miguélez, M. (2012): “Conceptualización de la transdisciplinariedad”, DOI: 10.4000/polis.4623 
- Morin, E. (1992): El Método IV: Las ideas. Vol. 4. Madrid. Cátedra.    
- Najmanovich, D. (1998): Interdisciplina. Artes yriesgos del arte dialógico. Tramas.Asociación uruguaya de psicoanálisis de las configuraciones vinculares. 
- Osborne, P. (2015): “Problematizing Disciplinarity, Transdisciplinary Problematics”. Theory Culture & Society; 32(5-6): 3–35.   
- Piaget, J.; Mackenzie, W. J. M. y Lazarsfeld, P. F. (1973): Tendencias de la investigación en ciencias sociales. Madrid: Alianza.       
- Rosenau, P. M. (1992): Post-Modernism and the Social Sciences. Princeton UP. 
- Zavala, L. (2010):“Transdisciplinariedad. Principios Generales”; Universidad AutónomaMetropolitana-Xochimilco. 

viernes, 15 de julio de 2016

Relación entre humanos y animales en el Paleolítico superior

Los humanos del Paleolítico superior tenían una compleja relación con los animales en general, y en particular con determinadas especies. Tal concepto se deduce de los hechos que marcan su conducta simbólica en este periodo:

- Los animales serán la principal meta de sus manifestaciones gráficas, que se producen a lo largo del paleolítico superior.
- Con el comienzo del Holoceno y se produce un cambio climático, muchos de los animales del final del Pleistoceno desaparecen (emigrando a zonas con climatología más afín a su biología) en las áreas geográficas donde se desarrollo el Arte paleolítico. El mundo simbólico creado desaparece totalmente y para siempre, por lo menos en las formas propias del Paleolítico superior.
- En general, los animales representados no son especies habitualmente elegidas para la caza.
- Existe una reiteración importante en los temas usados, pues aunque el abanico de animales es amplio, hay especies representadas reiteradamente: caballos (28,7%), bisontes (22,2%), cabras (9,5%), uros (6,1%), ciervos (5,8%), ciervas (7,3%), mamuts (7,8%), renos (3,7%), osos (1,4%), leones (1,2%), humanos (3,5%) (Sauvet y Wlodarczyk, 1995).  

Hay que destacar que las manifestaciones gráficas realizadas en cuevas, abrigos o simples rocas están lleno de animales realizados con notables esfuerzos de naturalidad, aunque no faltan ciertas abstracciones y la producción de numerosos signos de simbolismo desconocido. Debieron de tener una gran importancia para las sociedades paleolíticas, mayor incluso que la presencia humana en este mundo del arte paleolítico. Sin duda, la relación entre los seres humanos y animales tendría unas particularidades muy diferentes a las actuales, de las que solo podemos intuir hechos de imposible explicación.

Características de la relación humanos-animales

En líneas generales podemos asumir que comprenderían tres formas básicas de relación:

- Biológica, pues todos vivían en el mismo entorno físico (clima, geología y geografía) y biológico (vegetal y animal), lo que les haría partícipes de compartir el mismo entorno o nicho ecológico.

- Emocional, al tener las mismas preocupaciones como fuente de gran parte de su vida emocional: necesidad de alimento, miedo a los depredadores, relaciones entre diferentes especies.

- Cognitiva, donde mayor diferencia se produjo entre las dos comunidades (hu
mana y animal). Es en el inicio del Paleolítico superior cuando se alcanzan niveles de autoconsciencia que pueden considerarse como modernos, lo que se refleja en todas las facetas de su conducta. En este complejo contexto, es posible que existiera un conocimiento ancestral de relación con los animales, cuando se los consideraba como iguales (humanos con un nivel de autoconciencia bajo. Tras su nueva realidad autoconsciente (nivel de autoconciencia considerado como moderno) se produciría una nueva relación que no puede ser igual que la anterior, pues las condiciones cognitivas han cambiado sustancialmente, pero siempre dentro del continuum característico del desarrollo cognitivo.



Actualmente se piensa y se analiza que la relación de las poblaciones paleolíticas con los animales debió de ser muy diferente a la que podemos tener en la actualidad. Diversos autores opinan que los humanos del Paleolítico, sobre todo los del superior, verían a los animales como sujetos con características propias (más o menos parecidas a las de los humanos, posiblemente fruto del continuum desarrollo cognitivo que partía de esa igualdad), y no solo como objetos de cazar y comer (Hill, 2013), pues son conceptos muy modernos.
Se está mostrando que, en la creación del universo particular de cada población humana, los animales, o algunos de ellos, jugaron un papel importante. Los animales ayudaron a la creación de cada mundo espiritual, pues formaron parte de él, aunque la forma de relación difiere según los autores.

- Ecología relacional (Betts et al. 2015). El mundo de los animales y humanos es el mismo, comparten sus características ecológicas. Las pinturas reafirman su identidad y el lugar en el universo conocido de las dos poblaciones (ecología simbólica). Son conclusiones basadas en comparaciones etnográficas basadas en poblaciones del Ártico y los osos polares.

- Epistemología relacional (Bird-David, 1999). Trata del mundo centrándose en los actores (humanos y animales) y el medioambiente. Estos actores mantienen relaciones sociales entre sí, porque al interaccionar con ese medioambiente común crean relaciones humanizadas de reciprocidad, lo que confiere a los animales aspectos de personas. Es decir, se antropomorfiza y sociomorfiza en las interacciones con el medio ambiente. Igualmente se basa en comparaciones etnográficas de poblaciones en Mesoamérica.

- Ontología relacional (Hill, 2011, 2013). Intenta analizar que hay en esta relación, partiendo a participar de manera sistemática con los animales como sujetos. Arqueológicamente se tienen pruebas sobre las relaciones en el pasado de humanos y animales, como son los enterramientos de animales y los depósitos estructurados de huesos de animales. Estos elementos arqueológicos proporcionan evidencia material para ontologías relacionales en que los animales, que como los humanos, fueron investidos de sensibilidad y de agencia (como organismos con cierta autonomía). En algunas sociedades, los seres humanos reconocen ciertos animales como personas que poseen la sensibilidad, la intencionalidad, y la agencia. Las interacciones entre algunas poblaciones humanas y diversas sociedades animales presentaron ciertas formas de relación; serían de naturaleza social, con intercambios recíprocos que se adhieren a reglas para la vida o códigos de conducta. Las relaciones entre humanos y animales tienen una historia. Los datos arqueológicos complementados con relatos indígenas y etnohistorias, nos permite escribir una etnografía-prehistórica.

¿Porqué los animales formaron parte importante del universo simbólico humano?

Todas las experiencias vivenciales (conciencia alterada, reproducción, sexualidad, muerte y relación con animales) solo pueden explicarse mediante los conocimientos adquiridos por medio de la observación del medio ambiente en el que se vive, o de las propias experiencias conscientes que los seres humanos puedan desarrollar en su quehacer cotidiano, cumpliendo así el requisito del Estructuralismo funcional. Este sería el fundamento psicobiológico de porqué todas las poblaciones humanas anatómicamente modernas han desarrollado conductas relacionadas con estas creencias, pero a su vez también explica que su inicio y posterior desarrollo no sea homogéneo, pues es una consecuencia de las características socioculturales de cada población, cuyo desarrollo e interacción es heterogéneo y de diferente evolución en el tiempo y en el espacio.

Aunque las respuestas no pueden dejar de tener un componente subjetivo ante la falta de testimonios arqueológicos claros, parece obvio que debió de existir un conocimiento ancestral de que todos los seres vivos (animales y humanos) formaban una unidad de características semejantes, cada uno de ellos con sus peculiaridades propias de su especie y cultura. No existía la diferenciación cognitiva que llegaron a tener las poblaciones humanas a partir del Paleolítico superior. Sería la propia percepción humana de su realidad consciente y de la existencia de otros animales (con los que ha vivido desde siempre y son parte de su mundo) la que les obligaría a intentar establecer una relación compleja y desconocida, que sería de base simbólica. Es decir, se forma un nuevo mundo simbólico con aquellos con los que siempre había convivido: los animales de su entorno (p. e. arte paleolítico), pero bajo las formas simbólicas de la autoconciencia.

No todas las personas en el pasado interactuaron con animales en las formas que he intentado aclarar anteriormente, y no todos los animales eran considerados como personas. Parece necesario intentar una prehistoria que valore más las relaciones entre animales y humanos, reconozca la naturaleza contingente de nuestro compromiso con animales y abrace las posibilidades interpretativas de la personalidad de animales (Hill, 2013).

Las muestras del arte paleolítico nos dan pistas sobre las formas y medios de relación que pudieron establecerse en la Europa occidental del Paleolítico superior. Los teriántropos son claros indicadores de tal relación, y del interés de los seres humanos en contactar con ciertos animales. Sin duda, la explicación del Arte paleolítico pasa por el uso del métodos interdisciplinarios, donde una mejor compresión de la realidad zoológica del momento puede aportar datos de gran interés.  



- Betts, M. W.; Hardenberg, M. y Stirling, I. (2015): “How animals create human history: Relational ecology and the Dorset-Polar Bear connection”. American Antiquity, 80(1), 89-112.
- Bird-David, N. (1999): “Animism revisited: Personhood, environment, and relational epistemology”. Current Anthropology, 40, 67-91.
- Hill, E. (2011). “Animals as agents: Hunting ritual and relational ontologies in Prehistoric Alaska and Chukotka”. Cambridge Archaeological Journal, 21(3), 407-426.
- Hill, E (2013): “Archaeology and Animal Persons. Toward a Prehistory of Human-Animal Relations”. Environment and Society: Advances in Research 4: 117–136.
- Sauvet, G. and A. Wlodarczyk 1995. Eléments d’une grammaire formelle de I’art pariétal paléolithique. L’Anthropologie 99: 193-211.


domingo, 19 de junio de 2016

Creatividad y serendipia en el Paleolítico

En general, se define a la creatividad como la capacidad de producir nuevas conclusiones y resolver problemas determinados en una forma original. Durante toda la prehistoria se han producido numerosos avances en todos los aspectos de la vida humana (tecnológico, social, cultural, simbólico, etc.), los cuales han sido denominados por los arqueólogos como auténticos procesos creativos de las diferentes especies humanas de nuestro género Homo. Sin embargo, no todos los avances pueden englobarse en esta definición, pues muchas veces se producen de forma fortuita o no intencionada cuando se está buscando otra cosa distinta o simplemente observando la realidad cotidiana, admitiendo la existencia de un descubrimiento importante. En este último caso se define como otra forma de avance conductual no intencionado o buscado (casualidades, coincidencias o accidentes) denominándose serendipia. Constituye una forma conductual de encontrar verdaderos enfoques o procesos de importancia en la conducta humana de todos los tiempos, sin que se los haya buscado. El desarrollo y funcionalidad de la creatividad depende de múltiples factores que, debidamente articulados, son capaces de producir soluciones que definimos como creativas (Creatividad humana).


Sin embargo, el origen y desarrollo de la conducta humana en el Paleolítico no siempre pueden atribuirse a procesos creativos. Dentro de la multifuncionalidad cognitiva, social y ambiental de los que depende la creatividad, se reconoce que debe de existir una intencionalidad consciente en todo proceso creativo, para lo que es necesario un desarrollo de la autoconciencia, lo que en la evolución humana no siempre ha existido con el nivel adecuado. El origen de algunos avances conductuales reconocidos en el Paleolítico deben de ser calificados como casualidades, coincidencias o accidentes, que los humanos del momento reconocieron su utilidad con su uso continuado (serendipia). Solo, tras el desarrollo de un importante nivel de autoconciencia (inicio del Paleolítico superior en Europa), puede comenzarse a hablar de conductas creativas según la definición anteriormente expuesta, las cuales se manifiestan en todas las realizaciones humanas (tecnológicas, alimentarias, logísticas, sociales, simbólicas, etc.). 

La necesidad de la autoconciencia en la conducta

La influencia de la autoconciencia en la conducta humana (racional y emocional) estaría condicionada a su propia creación y evolución, lo que no ocurrió hasta que las circunstancias neuroevolutivas, socioeconómicas, demográficas, tecnológicas y lingüísticas lo hicieron posible. Su desarrollo sería un continuum heterogéneo en el tiempo y en el espacio, por lo que existen numerosos estadios intermedios en su progreso a lo largo de la evolución cognitiva humana (Rivera, 2009). Su acción produciría modificaciones en todas las formas de conducta humana. Por tanto, creatividad y autoconciencia son proceso cognitivos complejos que están asociados a otras variables cognitivas (abstracción, simbolización, lenguaje, etc.), estableciéndose una variada coevolución de todas ellas. 

Podría partir de una evolución básica (aumento de las áreas asociativas secundarias y terciarias de la corteza cerebral) que, desde el nacimiento, se fueron estructurando en función de dos parámetros: la influencia del medio ambiente (aferencias sensoriales), y la sinergia de diversos componentes del sistema nervioso central, produciendo emergencias cognitivas nuevas (p. e. abstracción—simbolización—lenguaje—autoconciencia--creatividad).

Su desarrollo en el Paleolítico durante más de 2,5 millones de años es un hecho que no puede ser asumido desde una simple unidad evolutiva, pues sin duda pasaron muchas cosas dentro de ese continuum heterogéneo en el tiempo y en el espacio que supuso nuestra evolución cognitiva. En todo estudio sobre hechos de estas características es obligado realizar una estructuración temporal que refleje, aunque sea de forma general y algo forzada, los sucesivos cambios que se fueron produciendo en todos los factores relacionados con el desarrollo conductual, y sea por medio de serendipias, procesos creativos o la mezcla de ambos. Las propiedades acumulativas y emergentes de la cognición humana hacen que su conducta sea una construcción progresiva que permite su estructuración histórico-evolutiva en diferentes niveles. Se expone la hipótesis de cuatro grandes estadios evolutivos que estén fundamentados en los datos del registro arqueológico en relación con nuestra evolución cognitiva y conductual (Rivera y Menéndez, 2011). No obstante, siempre hay que tener en cuenta que su desarrollo casi nunca es lineal, pues en cada región y tiempo su evolución tiene sus propios ritmos, dependiente de las características cognitivas de sus creadores y del medioambiente sociocultural que hayan podido elaborar.

- Conducta arcaica o básica. Se formó en el inicio del género Homo con el desarrollo de conductas relacionadas con la convivencia social y la supervivencia del grupo, pero siempre realizadas dentro de las características del aquí y ahora. Concretamente conocemos datos arqueológicos sobre la creación de diversas acciones de elaboración social (tecnología, logística alimentaria, técnicas de consumo y perduración de los alimentos, etc.), lo que desarrollaría el concepto y unión social del grupo. Inicialmente se origina con el Homo habilis y su cultura del Olduvaiense en África, continuando cierto tiempo con el inicio evolutivo del Homo ergaster en este mismo continente. Pudo incluir en Europa a una parte de los H.heidelbergensis de cultura Achelense y a tipos humanos anteriores en el resto del mundo habitado (Homo erectus).

- Conducta primitiva. Al desarrollo anterior se fueron sumando los avances en los conceptos de individualidad social y personal, así como de un mayor concepto temporal y espacial (mayor desarrollo del aquí y ahora). Se mostraría en la aparición de conductas más complejas (áreas diferenciadas en el hábitat, enterramientos intencionados, tipología y tecnología lítica con referentes culturales, logística previsora, etc.). Incluye a tipos heidelbergensis, a una parte de los Humanos Neandertales (HN) de cultura musteriense y a los primeros Humanos Anatómicamente Modernos (HAM) en África y el Próximo Oriente.

- Conducta moderna básica. Se alcanza con un importante desarrollo del estadio anterior, es decir, del incremento de la individualidad social y personal, junto con un uso del tiempo y del espacio más desarrollado, lo que impulsaría un pensamiento y lenguaje que pudo alcanzar cierto nivel argumentativo. Sería el inicio de una conducta consciente y social (marcar las diferencias sociales o individuales, gestionar conductas complejas de logística alimentaria, relaciones comerciales y propiciar formas de conservación alimentaria), al ser usado con la intención expresa de funcionalidad y argumentación (discusión crítica y razonada sobre las vivencias ocurridas). Se comienzan a elaborar los fundamentos para el desarrollo de la creatividad (autoconciencia, lenguaje adecuado, amplios conceptos temporales y espaciales, etc.). Se produce con el HAM de cultura auriñaciense y con algunas poblaciones de HN musterienses o de las llamadas culturas transicionales (p. e. Chatelperroniense). El simbolismo de su conducta pudo limitarse a las manifestaciones socioeconómicas y personales de la vida cotidiana. Con el desarrollo de este nivel de conciencia se inician las conductas creativas o intencionadas, aunque siempre han existido los hallazgos causales (serendipias) pero que desde ahora son asimilados y generalizados con mayor rapidez.

- Conducta moderna elaborada. Tras el desarrollo anterior, y como premisa necesaria, se comienza a crear una conducta más compleja y con gran capacidad de simbolización. Se caracteriza por el desarrollo de una conducta social, espiritual y religiosa progresivamente compleja, que emerge en etapas sucesivas. Esta conducta tendría un lenguaje no sólo argumentativo, sino también metafórico (uso simbólico de figuras o signos. Inicio de formas básicas de escritura), siendo consciente, intencionada y utilizada para explicar muchos aspectos conductuales de la vida individual y social, así como dar una explicación de lo metafísico o sobrenatural. Se asientan las bases adecuadas para realizar conductas creativas en todos los aspectos de la vida conocidas, o para crear otras facetas aún no exploradas. Este nivel se desarrolla de forma progresiva y heterogénea exclusivamente con los HAM durante el Auriñaciense, generaliza en las etapas posteriores (Paleolítico superior, Mesolítico, Neolítico, etc.).

Serendipia y creatividad en el Paleolítico

Este tema es crucial para la compresión de la conducta humana en el Paleolítico, pues es el logro de niveles adecuados de autoconciencia lo que facilitarían el inicio de otras conductas más complejas. Sería la consecuencia de un desarrollo de la reflexividad cognitiva que se adquiere (p. e. adecuar las respuestas a las vivencias del momento mediante el uso de los datos de la memoria, teniendo en cuenta la realidad personal y social en un tiempo y espacio determinado) y de la flexibilidad conductual (posibilidad de cambiar de conducta con mayor facilidad y rapidez). Pero tales ideas sólo se pueden adquirir por medio de una mínima compresión de la información que la Neurología y Psicología nos aportan en la actualidad. De ahí la necesaria utilización de formas metodológicas de corte interdisciplinario.


En los periodos en los que la autoconciencia estaría limitada, serían los procesos de serendipia los que realizarían los avances conductuales que conocemos en el Paleolítico inferior y medio. Se suelen dar siempre cuando en la naturaleza se observa un fenómeno que puede ser utilizado en provecho de la sociedad. Un ejemplo lo tenemos en el uso y control del fuego. Su conocimiento en pequeña escala (p. e. pequeños fuegos residuales tras un incendio natural) debió de enseñar a los humanos las cualidades y ventajas de su mantenimiento y/o primitivo control, lo que una vez aprendido se sumó al acervo cultural y se trasmitió constantemente de generación en generación en todos nuestro género. Ante la utilidad de su existencia se intentaría mantenerlo de forma permanente (fuego o ascuas) a partir de un fuego natural. Su control o producción sin que exista con anterioridad se produce por otras serendipias. De los descubrimientos de producción de fuego más factibles sería el de la producción de chispas al golpear piedras adecuadas (pedernal, pirita o marcasita), lo que se pudo aprender del frecuente trabajo del tallado lítico y la relativa variedad de piedras que para tal fin se utilizaron (serendipia). Igualmente, por medio del uso de maderas con una constante y rápida frotación se produce un sobrecalentamiento que acaba por prender material altamente inflamable (hojas, yesca y madera finas muy secas). No obstante, tal procedimiento solo está registrado a partir del Paleolítico superior, aunque sí tenemos datos del abundante trabajo de las herramientas líticas con la madera. Es posible que de esta interacción (herramientas líticas trabajando intensamente sobre madera) se adquiriera el concepto de su calentamiento por el roce intensivo y continuado.

Cuando las sociedades logran mantenerse con un nivel demográfico adecuado (desarrollo de la sociabilidad y del lenguaje), de forma que se necesitaba una relación interior y exterior algo organizada (reconocimiento del parentesco, organización social en tareas comunes, relaciones con otras poblaciones, etc.) se iría desarrollando la memoria autobiográfica, complicando el lenguaje en los conceptos de la individualidad personal y social ubicados en las abstracciones del tiempo y del espacio, se irían desarrollando las conductas relacionadas con la autoconciencia. Su manifestación en la conducta puede valorarse por los grandes avances de la flexibilidad conductual y reflexividad cognitiva ya comentadas anteriormente.


Tradicionalmente las causas del cambio cultural que se observa en las primeras etapas del Auriñaciense (Protoauriñaciense y Auriñaciense temprano) estarían relacionadas con una expansión de nicho ecológico en respuesta o adaptación al deterioro de las condiciones ambientales (Banks, d´Errico y Zilhão, 2013), sin tener en cuenta ninguna consideración cognitiva, pues la Arqueología cognitiva aún no ha calado entre los autores más “clásicos”. Recientemente algunos arqueólogos han propuesto que más que una adaptación medioambiental, que siempre existe, la causa primordial del desarrollo cultural en ese momento y lugar se debe al aumento y desarrollo de la flexibilidad conductual (Kandel et al.2015), la cual es consecuencia del desarrollo cognitivo de sus creadores.

El ejemplo de la tecnología ósea

En el Paleolítico medio (Europa y el Próximo Oriente) las poblaciones humanas se encuentran sumergidas en la cultura Musteriense, con una tecnología ósea muy escasa y realizada con técnicas propias de la talla lítica. Últimamente se ha documentado el uso de huesos alargados y planos (p. e. costillas de tamaño idóneo), con un mínimo de adaptación tecnológica, como alisadores (Soressi et al. 2013). Los neandertales del Paleolítico medio tenían cierto nivel de autoconciencia que les permitía la emergencia de niveles intermedios reflexividad y flexibilidad conductual, por lo menos lo suficiente como para usar y transformar esos huesos, y usarlos en el trabajo de las pieles. La forma apropiada de los huesos para la función de alisador daría lugar a una serendipia, con muy poca adaptación tecnológica que podría considerarse como un inicio intencionado de creatividad. Este sería el camino empleado por los humanos del Paleolítico superior (con limitados pero reales antecedentes en el Paleolítico medio. Todo es un continuum) en la elaboración de sus creaciones conductuales de todo tipo. Cierta mezcla de serendipia mejorada con procesos creativos, los cuales irían supliendo cada vez más a las simples serendipias.

Alisador hallado en Abri Peyrony (Soressi et al. 2013)

La reflexividad y flexibilidad aplicada a la industria ósea se muestra después de alcanzar altos niveles de autoconciencia con una importante innovación tecnológica en su producción, pues se dejan de utilizar las formas de producción usadas en la industria lítica (inviable con los huesos). Se usa lo inicialmente utilizado para la madera (p. e. buriles) en un claro ejemplo de serendipia mejorado por formas creativas de flexibilidad (cambio de técnicas de un material a otro), tras reflexionar que se podría utilizar esa materia prima tan abundante de alguna manera, en definitiva crear una nueva forma de producción tecnológica. En estos niveles de autoconciencia estos hechos se producen con relativa rapidez, mostrando los aspectos de generalización y continuo desarrollo característicos a partir del paleolítico superior.

Conclusiones

Con el inicio del Paleolítico superior la complejidad social, tecnológica y simbólica adquieren un importante progreso, a la que hay que añadir una generalización y persistencia generacional que nunca se había visto antes. El ser humano razona mejor y es más flexible en sus decisiones y cambios de conducta, de una forma mucho más rápida de cómo lo había realizado hasta este momento. Es decir, se está volviendo creativo, aunque sin abandonar los necesarios episodios de serendipia que siempre irán, en mayor o menor intensidad, asociados a los procesos creativos.

Esta general visión arqueológica de la evolución de la conducta humana en la transición paleolítica se ajusta muy bien a las condiciones de producción de la autoconciencia humana, y sirve de ejemplo de cómo los trabajos interdisciplinares ofrecen mejores respuestas a las preguntas que podamos tener sobre nuestro pasado.


- Banks, W. E.; d´Errico, F. y Zilhão, J. (2013): Corrigendum to “Human-climate interaction during the Early Upper Palaeolithic: Testing the hypothesis of an adaptive shift between the Proto-Aurignacian and the Early Aurignacian” Journal of Human Evolution, Volume 64, Issue 1: 39-55
- Kandel, A.; Bolus, M. ; Bretzke, K.; Bruch, A.; Haidle, M.; Hertler, Ch. y Märker, M. (2015): “Increasing Behavioral Flexibility? An Integrative Macro-Scale Approach to Understanding the Middle Stone Age of Southern Africa”. J Archaeol Method Theory.
- Rivera, A (2009): Arqueología del lenguaje. Akal. Madrid.
- Rivera, A. y Menéndez, M. (2011): “Las conductas simbólicas en el paleolítico. Un intento de comprensión y análisis desde el estructuralismo funcional”. Espacio, Tiempo y Forma. Serie I Prehistoria y arqueología. Nueva época n 4.
- Soressi, M.; McPherron, S. P.; Lenoir, M.; Dogandzi, T.; Goldberg, P.; Jacobs, Z.; Maigrot, Y.; Martisius, N.; Miller, CH.; Rendu, W.; Richards, M.; Skinner, M.; Steele, T.; Talamo, S. y Texier, J-P (2013): “Neandertals made the rst specialized bone tools in Europe”. PNAS.

viernes, 27 de mayo de 2016

Ecos del pasado remoto ¿Una historia inverosímil?

En esta entrada voy a analizar un proceso un tanto extraño, que se escapa totalmente de los ortodoxos caminos de la Prehistoria y Arqueología, pero que, sin darles una veracidad absoluta, puede que nos hagan pensar en una realidad aún poco conocida, como sería el desarrollo de nuestra propia cognición (teoría de la mente, autoconciencia, metacognición, etc.) en el tiempo y las secuelas que pudo tener en las poblaciones humanas.

Quién ha estudiado Historia antigua estará acostumbrado a trabajar con las fuentes orales y escritas sobre los orígenes de la conducta humana en ese periodo. Las leyendas sobre el inicio de los primeros pueblos históricos (egipcios, fenicios. griegos, romanos, etc.) son difíciles de asumir, y más aún de encajarlas en un contexto histórico mínimamente contrastado por los datos arqueológicos. Sin embargo, es tradicional que se hagan referencia a ellos como un versión muy distorsionada de una realidad, no tan fantástica como indican esas fuentes, pero que “algo de verdad” entrañarían. Lo cierto es que se citan muchas veces, pero que pocos datos reveladores aportan.

El desarrollo de la humanidad en el Paleolítico fue un complejo proceso del que poco a poco estamos conociendo su realidad en el tiempo (cronología) y en el espacio (áreas geográficas donde se produjeron los cambios evolutivos, anatómicos y culturales). Aunque del cómo y el porqué de su producción en esos periodos y espacios determinados aún no estemos muy avanzados en su compresión. Estas cuestiones serían el fundamento principal de la Arqueología cognitiva, especialidad que aún estaría en sus comienzos teóricos y, desde luego, con una aceptación académica y profesional muy poco desarrollada. En este largo periodo nos podemos preguntar:

¿Existen leyendas o historias sobre los hechos de los humanos en la Prehistoria?

Aunque la pregunta puede extrañar a muchos, la respuesta es que sí. Todas las explicaciones sobre nuestro origen que las diferentes religiones han establecido no dejan de ser tradiciones orales que, perdurando en el tiempo, acabaron por ser reunidas en algún texto sagrado, y como tal nos ha llegado a nosotros. En principio podemos pensar que poco valor histórico tiene tales historias o leyendas, pues la gran mayoría de las mismas reflejan unas ideas totalmente inverosímiles, pero ¿eso afecta a todas?  Aunque muchos dirían que efectivamente afecta a todas, puede que no estemos totalmente de acuerdo, por lo menos desde el punto de vista de la Arqueología cognitiva.

Adán y Eva (Tiziano)
Hay que analizar lo que al respeto nos cuenta la Biblia, en su primer libro del Génesis, donde se narra la creación del mundo y de la humanidad. Todos conocemos la historia de Adán y Eva, de su relación con la serpiente que les engaña y les hace comer la manzana del árbol prohibido. Lo interesante se produce después de este hecho:

….la mujer toma del árbol dando también al hombre y se les abren los ojos, pero se dan cuenta de su desnudez sintiendo temor y vergüenza….

Aunque la narración desde un punto de vista cognitivo es muy contradictoria, como no podía ser de otra forma en estos asuntos relacionados con la autoconciencia, lo cierto es que se describen muy bien las primeras consecuencias conductuales de la adquisición de la conciencia de sí mismo. Es decir:

- Se dan cuenta de su propia situación y realidad física (estaban desnudos).
- Sienten vergüenza y temor de su situación (emociones autoconscientes). 

La posterior narración descrita en el Génesis parece indicar, en las poblaciones humanas paleolíticas, cierto conocimiento de un antes y después sobre la adquisición de la capacidad de plantearse a sí mismo las situaciones y consecuencias de sus acciones (autoconciencia). Estos hechos y posibles conocimientos se pueden englobar en las leyendas o historias orales y escritas desde muy antiguo sobre el inicio del desarrollo de la humanidad. Es muy posible que se queden en este contexto religioso y narrativo, sin que podamos profundizar más en este problema. Pero nos puede quedar una duda:

¿Existió en el Paleolítico superior cierto conocimiento sobre el progreso cognitivo humano y el desarrollo de la autoconciencia, dando lugar a un antes y un después?

Evidentemente no hay una respuesta adecuada, solo razonamientos llenos de subjetividad que aparentemente no nos llevan a ningún sitio. Arqueológicamente solo podemos vislumbrar tal proceso con dos hechos:

- Las diferencias conductuales que se ven en los mismos grupos humanos (HN y HAM) entre el Paleolítico medio y el superior. Aunque hay claros antecedentes simbólicos y conductuales en el Musteriense es en el inicio del Paleolítico superior cuando vemos conductas que solo pueden realizarse con un desarrollo de la autoconciencia avanzado, dentro de su complejo y heterogéneo continuum. Efectivamente, en unos relativamente pocos milenios la conducta cambia radicalmente en su simbolismo, en su flexibilidad y racionabilidad conductual, consecuencia de su desarrollo social y cognitivo.



- La relación con los animales. Actualmente se piensa y se analiza que la relación de las poblaciones paleolíticas con los animales debió de ser muy diferente a la que podemos tener en la actualidad. Diversos autores opinan que los humanos del Paleolítico, sobre todo los del superior, verían a los animales como sujetos con características propias (más o menos parecidas a las de los humanos), y no solo como objetos de cazar y comer (Hill, 2013). Igualmente, se está mostrando que, en la creación del “universo” particular de cada población humana, los animales, o algunos de ellos, jugaron un papel importante. Los animales ayudaron a la creación de cada mundo espiritual, pues formaron parte de él, constituyendo una "ecología relacional" (Betts et al., 2015), «epistemología relacional" (Bird-David, 1999), o "ontología relacional" (Hill, 2011, 2013). Naturalmente, esta recreación conjunta comenzaría cuando el desarrollo cognitivo alcanzase el nivel adecuado para su formación (niveles de autoconciencia considerados como modernos), por lo que pudo pasar tanto en los HN como en los HAM, que tuvieran un desarrollo cognitivo adecuado.

¿Porqué los animales formaron parte importante del universo simbólico humano?

Aunque las respuestas no pueden dejar de tener un componente subjetivo ante la falta de testimonios arqueológicos claros, parece obvio que desde siempre todos los seres vivos (animales y humanos) formaban una unidad de características semejantes, cada uno de ellos con sus peculiaridades propias de su especie y cultura. No existía la diferenciación cognitiva que llegaron a tener las poblaciones humanas a partir del Paleolítico superior.  
  


En este complejo contexto, es posible que existiera un conocimiento ancestral de dos humanidades. Una hermanada con los animales (humanos con un nivel de autoconciencia bajo) a los que considera como iguales, pero que aún no son capaces de generar un mundo simbólico. Otra, de manifestación de su nueva realidad consciente con el resto de los animales (nivel de autoconciencia considerado como moderno). Esta nueva relación no puede ser igual que la anterior, pues las condiciones cognitivas han cambiado sustancialmente (autoconciencia).

Sería la propia percepción humana de su realidad consciente y de la existencia de otros animales (con los que ha vivido desde siempre y son parte de su mundo) la que les obligaría a intentar establecer una relación compleja y desconocida, que sería de base simbólica. Es decir, se forma un nuevo mundo simbólico  con aquellos con los que siempre había convivido: los animales de su entorno (p. e. arte paleolítico), pero bajo las formas simbólicas de la autoconciencia.    

El mundo del arte paleolítico en el oeste de Europa en el Paleolítico superior parece seguir estas consideraciones. Se pintan muchos animales (no los más consumidos como alimento), aunque las preferencia son notables (bisontes,  caballos, toros, etc.); se interacciona con ellos en formas propias de conductas espirituales (ubicaciones ocultas, oscuras y de difícil acceso; existencia de los teriántropos), y cuando el clima cambia y estos animales desaparecen en estos lugares por emigrar al norte o simplemente desaparecen, el mundo simbólico creado desaparece totalmente y para siempre, por lo menos en las formas propias del Paleolítico superior.

¿Perduró el conocimiento de este cambio cognitivo entre las poblaciones humanas posteriores al paleolítico, creando una huella en las diversas historias sobre la creación de la humanidad desarrolladas a lo largo de la Historia antigua? Pueden existir múltiples respuestas, pero ninguna puede tener una respuesta válida científicamente, aunque todo es posible…..

- Betts, M. W., Hardenberg, M., & Stirling, I. (2015): “How animals create human history: Relational ecology and the Dorset-Polar Bear connection”. American Antiquity, 80(1), 89-112.
- Bird-David, N. (1999): “Animism revisited: Personhood, environment, and relational epistemology”. Current Anthropology, 40, 67-91.
- Hill, E. (2011): “Animals as agents: Hunting ritual and relational ontologies in Prehistoric Alaska and Chukotka”. Cambridge Archaeological Journal, 21(3), 407-426.
- Hill, E. (2013): “Archaeology and animal persons: Towards a prehistory of human-animal relations”. Environment and Society: Advances in Research, 4, 117-136.