jueves, 3 de agosto de 2017

El Paleolítico superior en la evolución cognitiva humana

La división del Paleolítico en tres grandes periodos intentaba ofrecer un marco cronológico y cultural donde poder situar las diferentes culturas prehistóricas que se iban descubriendo en los yacimientos arqueológicos. Las divisiones se basaron en diversos criterios, en las cuales sobresalieron tres acepciones:

- Cronológica. Al situarlo dentro de una fase de las diversas glaciaciones que se han registrado en nuestro continente. Así, queda ubicado en la segunda parte de la última glaciación (Würm), entre las fechas de 45/40.000 y 10.000 BP, cuando comienza el Holoceno o periodo cálido actual.
- Cultural. Refleja las industrias y conductas de todo tipo que se van sucediendo a lo largo de sus milenios de existencia, que en Europa occidental son el Auriñaciense, Chatelperroniense, Uluzziense, Gravetiense, Solutrense y Magdaleniense.
- Antropológica. Bajo el concepto de que su origen se debía a la aparición del Homo sapiens sapiens, como portador de los avances técnicos modernos (tecnología de hojas, herramientas compuestas, uso del hueso, asta y marfil como materia base de sus útiles, etc.), junto con un desarrollo simbólico muy importante (adornos corporales, arte, ajuares, religión, etc.), del que con anterioridad sólo se tenían indicios más o menos dispersos. En este apartado hay que incluir al Neandertal, por lo menos en las fases iniciales del periodo con el Chatelperroniense y Uluzziense.


Evidentemente, los tres presentas problemas más o menos importantes. Del primero, tenemos las dificultades cronológicas (calibración del C-14 en el periodo de transición) que se mantiene como criterio de fondo, pero sin hacer mucho hincapié sobre él, estableciendo por diversos un periodo de transición con características de ambos periodos. Del tercero, no puede sostenerse en su totalidad, pues ya conocemos que en su inicio, por lo menos en Europa, coexistieron dos poblaciones diferentes (Cromañones y Neandertales). Sin embargo, es el segundo criterio (cultural) el que más trascendencia, pues son las piedras y los huesos lo que más abunda en los yacimientos, con lo que han dado una gran tradición académica su estudio, por lo menos en Europa. Efectivamente, cuando se habla de yacimientos transicionales, siempre se refieren a evolución tecnológica de soporte lítico.

Con el desarrollo de la Arqueología parece que va quedando claro que estas divisiones tienen un claro matiz artificial, aunque han sido necesarias para el enfoque analítico y explicativo que toda ciencia precisa. No obstante, se sigue manifestando especial interés por señalar los distintos complejos industriales, caracterizado cada uno de ellos por el empleo de determinadas técnicas de trabajo pera transformar la materia prima (piedra, asta, hueso, madera) en instrumentos con los que hacer frente a sus necesidades, como si estos datos (por otro lado los más abundantes) fueran los más característicos del Paleolítico superior. Desde luego son los más abundantes, pero no los más significativos dentro de la evolución cultural y cognitiva de la Humanidad.

En la actualidad, la Arqueología explica los avances socioculturales como formas de adaptación ecológica, donde las principales fuerzas impulsoras son la variabilidad medioambiental y la dinámica poblacional (d’Errico y Stringer, 2011; Banks, d´Errico y Zilhão, 2013). Se estaría destacando la gran flexibilidad y capacidad para producir innovaciones que las poblaciones humanas modernas adquirieron con la evolución (Kandel et al. 2015; d´Errico et al. 2017). Sin embargo, si aceptamos que la evolución neurológica moderna se adquirió con el inicio del Homo sapiens hacia más de 150.000 años, por qué tardaron tanto en producirse los cambios conductuales, pues la flexibilidad y creatividad son capacidades cognitivas presentes en nuestro género. Ésta sería la paradoja cultural o sapient paradox expresada por algunos autores (Renfrew, 2008). Aunque no se quiera decir, los procesos de carácter cognitivo tienen que entrar forzosamente en la explicación del inicio y desarrollo conductual. La flexibilidad conductual (función ejecutiva) y la creatividad (emergencia de diversos factores cognitivos) son criterios cognitivos que deben de estudiarse con los medios adecuados. La Arqueología cognitiva (Estructuralismo funcional) de carácter interdisciplinario ha incorporado al estudio de la evolución conductual humana los procesos de evolución cognitiva (no paralela a la evolución anatómica), por medio de la aplicación de su metodología de estudio al análisis de los datos del registro arqueológico (Rivera, 2013; Rivera y Menéndez, 2011).
  
El desarrollo cognitivo es muy importante en la configuración del último periodo paleolítico, pues, desde entonces, la conducta va a regirse por dos características cognitivas fundamentales: reflexividad y flexibilidad conductual.

Por consiguiente, aunque los procesos tecnológicos y simbólicos deban ir unidos en su desarrollo, lo más llamativo del Paleolítico superior corresponde a la adquisición de una nueva mentalidad simbólica, creativa, flexible y reflexiva. Tal logro pudo realizarse por medio del desarrollo pleno de la conciencia reflexiva (autoconciencia), y su utilización junto con los conceptos del tiempo y del espacio, que serán utilizados en los intentos de solucionar los problemas que se plantearon en ese momento.

El resultado no puede ser más extraordinario, pues se producen nuevas formas de conducta reflejadas en la aparición de adornos corporales, del arte, enterramientos intencionados con base simbólica, la aparición de la religión, aumento de la complejidad social, mejor estructuración y organización de la caza, conservación de los alimentos, estructuración del espacio del hábitat, etc. Y todo ello de una forma expansiva, numerosa y en continuo aumento.

El desarrollo cognitivo que va a configurar la autoconciencia sería el responsable del inicio y desarrollo de las culturas del Paleolítico superior y, por tanto, la causa y distinción real del mismo con respecto a los anteriores periodos,

Sabemos que durante el periodo de transición al Paleolítico superior en Europa se produjo un importante incremento demográfico, social, cultural, tecnológico, simbólico y lingüístico, el cual es a la vez causa y efecto del desarrollo cognitivo característico de este periodo (Rivera y Menéndez, 2011). Aunque existen antecedentes de estas formas conductuales en el Paleolítico medio, su producción fue limitada en su elaboración, desarrollo y expansión geográfica, acoplándose perfectamente al heterogéneo continuum de nuestra la evolución cognitiva y cultural. Los logros conductuales alcanzados en el comienzo del último periodo paleolítico, concebidos dentro de una evolución cognitiva altamente funcional, produjo un nuevo desarrollo cognitivo-cultural: la autoconciencia.

El estudio de la autoconciencia es un tema que prácticamente se ha mantenido alejado del trabajo arqueológico tradicional. Actualmente, pocos son los arqueólogos que introducen este complejo constructo cognitivo en sus teorías explicativas de la conducta humana. Sin embargo, en diversas disciplinas relacionadas con la conducta se opinan que la autoconciencia es una capacidad cognitiva emergente, dependiente de la evolución morfológica (Homo sapiens) dentro de un medio ambiente adecuado (Vygotsky, 1934/1962; Searle, 1997; Tomasello, 1999; Edelman y Tononi, 2000; Mora, 2001; Álvarez Munárriz, 2005; Ardila y Ostrosky-Solís, 2008; Renfrew, 2008). Este medio ambiente especial o nicho cognitivo-cultural (Rivera y Menéndez, 2011) hay que construirlo, mantenerlo y transmitirlo, lo se produce en las poblaciones por medio del lenguaje y del desarrollo social-demográfico. El poder de la influencia medioambiental en la remodelación funcional del cerebro es una de las directrices que la Arqueología cognitiva actual estaría desarrollando (Renfrew, 2008; Rivera, 2009; Malafouris, 2013).

Todas las sociedades humanas forman un nicho cognitivo-cultural, el cual debe de estar lo suficientemente desarrollado como para poder estructurar adecuadamente las potencialidades neurológicas que la evolución nos ha conferido (Rivera, 2009: Damasio, 2010; Rivera y Menéndez, 2011). La autoconciencia emergería de la unión funcional de cuatro procesos que, de forma constante, estarían interaccionando en el tiempo (evolutivo, ontológico e histórico),

- Aumento evolutivo del cerebro humano, lo que en definitiva va a producir las capacidades cognitivas (en criterios de posibilidades a desarrollar) que posibilitaran todo el proceso. Aumento de las áreas corticales asociativas (superficie y posibilidades de interconexión). Aumento y amplia interrelación de las áreas encargadas de procesar la información adquirida (Lóbulo prefrontal, Precúneo y Claustrum).

- Desarrollo de la conciencia central o del sí mismo centrada en la personalidad y de la teoría de la mente. Tendría un carácter innato, pero requiere de la interacción entre los elementos sociales del grupo, por lo que una anómala separación social impediría su correcto desarrollo.

- Creación social de una conciencia autobiográfica centrada en la individualidad social y personal. Se precisa un desarrollo social, tecnológico (división de quehaceres), cultural, logístico, simbólico, etc.

- Desarrollo del lenguaje, como elemento que va a cohesionar, organizar y desarrollar todo lo anterior (lenguaje interno) mediante sus características gramaticales deducidas de la simbolización de la acción. El uso organizado y centrado en la individualidad va a producir una emergencia cognitiva constante de carácter funcional gracias a los circuitos neuronales de reentrada, retroalimentación, recursivos y reverberantes. Al durar más que el tiempo de la estimulación, pueden producirse fenómenos de conciencia de su propio pensamiento o sentimiento (Humphrey, 1992).


La emergencia de la autoconciencia hasta niveles adecuados, generarían cambios conductuales de gran trascendencia, tanto por ellos mismos o como por las nuevas cualidades cognitivas de la autoconciencia. Destacamos el amplio desarrollo ontológico de las funciones ejecutivas (Planificación, Flexibilidad, Memoria de trabajo u operativa, Monitorización e Inhibición) (Ardila y Ostrosky-Solís, 2008; Tirapu-Ustárroz y Coolidge. y Wynn, 2011); un importante desarrollo de las emociones humanas (Rivera, 2015), y el aumento de las propiedades del lenguaje: comunicativas, sociales y cognitivas.

Este sería el proceso cognitivo que va a cambiar la conducta humana y generar al Paleolítico superior. Todos los antecedentes culturales que van apreciando al final del Paleolítico medio corresponden al continuum heterogéneo en el tiempo y en el espacio característico de la evolución cognitiva, pues depende de diversos factores (capacidades y desarrollo cognitivo, existencia de lenguaje, medioambiente sociocultural, condiciones demográficas, emotividad, etc.) que no siempre actúan con la misma intensidad, ni tienen igual desarrollo temporal y geográfico. Lo que en un principio es común (base psicobiológica común), en su desarrollo se diversificaría, lo que explica el aspecto de mosaico (cultural, cognitivo y emocional) que caracteriza tales procesos. Por tanto, el verdadero motor del Paleolítico superior sería el desarrollo cognitivo, que, al alcanzar los niveles adecuados de las cuatro premisas ya expuestas, se desarrollaría la autoconciencia con características de modernidad conductual.

- Álvarez Munárriz, L. (2005): “La conciencia humana”. En: La conciencia humana: perspectiva cultural. Coord. Por Luis Álvarez Munárriz, Enrique Couceiro Domínguez. Anthropos. Barcelona.
- Ardila, A. y Ostrosky-Solís, F. (2008): “Desarrollo Histórico de las Funciones Ejecutivas”. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, 8 (1), pp. 1-21.
- Banks, W. E.; d´Errico, F. y Zilhão, J. (2013): Corrigendum to “Human-climate interaction during the Early Upper Palaeolithic: Testing the hypothesis of an adaptive shift between the Proto-Aurignacian and the Early Aurignacian” Journal of Human Evolution, Volume 64, Issue 1: 39-55.
- Coolidge, F. L. y Wynn, T. (2011): “The implications of the working memory model for the evolution of modern cognition”. International Journal of Evolutionary Biology. doi:10.4061/2011/741357.
- Damasio, A. (2010): Self Comes to Mind: Constructing the Conscious Brain. New York. Pantheon Books.
- d´Errico, F. y Stringer, Ch. B. (2011): “Evolution, revolution or saltation scenario for the emergence of modern cultures?” Philosophical Transactions B. 366, 1060-1069.
- d´Errico, F.; Banksa, W. E.; Warrend, D. L.; Sgubine, G.; Niekerkb, K.; Henshilwoodb, Ch.; Daniaue, A-L. y Sánchez Goñie, M. f: (2017): “Identifying early modern human ecological niche expansions and associated cultural dynamics in the South African Middle Stone Age”. PNAS, vol. 114, no. 30: 7869–7876.
- Edelman, G. M. y Tononi, G. (2000): A Universe of Consciousness: How Matter Becomes Imagination. New York. Basic Books.
- Humphrey, N. (1992): A History of mind. The evolution and the birth of consciousness. New York Simon and Schuster.
- Kandel, A.; Bolus, M.; Bretzke, K.; Bruch, A.; Haidle, M.; Hertler, Ch. & Märker, M. (2015): “Increasing Behavioral Flexibility? An Integrative Macro-Scale Approach to Understanding the Middle Stone Age of Southern Africa”. J Archaeol Method Theory. Vol. 22, (2).
- Malafouris, L. (2013): How Things Shape the Mind: a Theory of Material Engagement. MIT Press, Cambridge.
- Mora, F. (2001): El reloj de la sabiduría. Tiempos y espacios en el cerebro humano. Madrid. Alianza.
- Renfrew, C. (1993): "Cognitive Archaeology: Some Thoughts on the Archaeological Thought". Cambridge Archaeological Journal, 3(2): 248-250.
- Renfrew, C. (2008): “Neuroscience, evolution and thesapient paradox: the factuality of value and of the sacred”. Phil. Trans. R. Soc. B 363, pp. 2041-2047.
- Rivera, A. (2009): Arqueología del lenguaje. La conducta simbólica en el Paleolítico. Akal, Madrid.
- Rivera, A. (2013): “Teorías y métodos de la Arqueología Cognitiva”. Revista Portuguesa de Arqueología. Volume 16, pp. 5–26.
- Rivera, A. (2015): “Arqueología de las emociones”. Vínculos de Historia, núm. 4, pp 41-61. UCLM.
- Rivera, A. y Menéndez, M. (2011): “Las conductas simbólicas en el Paleolítico. Un intento de comprensión y análisis desde el estructuralismo funcional”. Espacio, Tiempo y Forma, Nueva temporada, 4.
- Searle, J. R. (1997): The mystery of consciousness. New York. The New York Review of Books.
- Tomasello, M (1999): The Cultural Origins of Human Cognition. Harvard University Press.
- Vygotsky, L. S. (1934/1978): Mind in Society. Cambridge, MA: Harvard University Press. 

miércoles, 14 de junio de 2017

Conductas del presente y del pasado. Evolución cognitiva

Somos consecuencia de la cultura de nuestra época, por lo que intentar trasladar conductas actuales a otros periodos históricos solo nos lleva al error. Cada época tiene sus propios componentes culturales, lingüísticos y cognitivos, lo que siempre debemos de tener en cuenta. Los siguientes ejemplos son más literarios y filosóficos que psicobiológicos, pero recogen el sentir de que nuestra realidad se forja más con el quehacer cotidiano que con nuestra herencia biológica:

...lo único que nos es dado y que hay cuando hay vida humana es tener que hacérnosla, cada cual la suya.... La vida es quehacer
José Ortega y Gasset (Historia como sistema) (1935).

Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo
José Ortega y Gasset (Meditaciones del Quijote) (1914).

La mente humana es la mente humana y a la vez es la cultura, y si no se salva ésta no se salva aquella.
José Luis Pinillos (La mente humana) (1991).


 Sin embargo, existe cierta tendencia a intentar explicar conductas paleolíticas mediante experiencias sociales actuales, amparadas en el concepto de que el cerebro actual es el mismo que en el Paleolítico, lo que anatómicamente es cierto, pero funcionalmente no. Lo cierto es que no podemos hacer otra cosa, pues cómo podemos imaginar lo que se desconoce. Sin embargo, este desconocimiento no debe permitirnos realizar explicaciones sin ningún fundamento que las avale.

Con los aspectos sociales de las manifestaciones gráficas del Paleolítico se han expuesto multitud de opiniones sobre su significado, la gran mayoría con el único aval de los paralelismos etnográficos de las manifestaciones realizadas por poblaciones históricas con un desarrollo cultural parecido a los del Paleolítico superior. La psicología actual entiende que existen diferencias de pensamiento, lenguaje y conducta en diversas poblaciones, las cuales tienen un desarrollo cultural diferente al conocido como occidental. La prehistoriadora Almudena Hernando, en el estudio de las poblaciones sobre indígenas americanos con perduración de sus formas culturales tradicionales, llega a la conclusión que diversos aspectos de su pensamiento y conducta son diferentes a los considerados como modernos de nuestra sociedad. Si en la actualidad existen estas diferencias culturales, más posibilidades hay que se produzcan en las culturas paleolíticas. Así lo indica en su libro “Arqueología de la Identidad” (2000):

No tiene sentido pretender que los habitantes de la Prehistoria o de la Historia eran como nosotros mismos, que entendían el mundo como nosotros lo hacemos, tal y como, inconscientemente, se ha pretendido hasta ahora.

Parte del conocimiento de la falta de diferencias neurológicas y psicológicas entre ellos y nosotros, pues todos participamos de las mismas capacidades que la evolución ha otorgado a nuestra especie. Estas poblaciones de aborígenes, a pesar de tener una clara base simbólica y abstracta en su estructuración lingüística y mental, tienen unas características distintivas y propias, como también ha analizado el psicólogo José Luis Pinillos (1991). Para él, estas poblaciones presentan un pensamiento con unas características distintivas y propias que podemos resumir en los siguientes apartados:

- Concreto o incapaz de grandes abstracciones. Le resulta más difícil referirse a un color en abstracto que a una cosa con ese color. Igualmente, le es complejo hablar de una numeración abstracta, sin una referencia inmediata a cosas que se pueden numerar. Es más difícil decir y comprender el número tres, que expresar y comprender lo que significa tres árboles.
- Sincrético o poco diferenciado, al mezclar lo imaginativo y lo afectivo con elementos verdaderamente abstractos.
- Colectivo o poco individualizado, poco crítico, estereotipado, al aceptar sin crítica personal las creencias vigentes en la comunidad. Prima la individualización social sobre la personal.
- Antropomórfico, humanizador de la Naturaleza o animista. Propenso a adjudicar a los fenómenos naturales cualidades o comportamientos propios de los seres humanos.
- Prelógico, al tener unos razonamientos diferentes a los que usamos nosotros, no porque carezcan de lógica, sino que utiliza sus razonamientos en unos supuestos culturales distintos. Una cosa puede ser varias cosas a la vez (la luna, por ejemplo, puede ser una mujer y un espíritu).
- Místico, reaccionando muy emotivamente ante lo que no se entiende.

Aunque las capacidades cognitivas que el ser humano posee son importantes y de gran potencialidad, es preciso su modelación y/o estructuración por medio de la experiencia y del aprendizaje, pues sin estos requisitos no se produce un verdadero desarrollo de tales capacidades, al menos en la forma en que normalmente solemos usarlas.

Un sencillo, divertido y asombroso ejemplo de tales manifestaciones nos lo ofrece el antropólogo Nigel Barley (1989: 123) en su libro “El antropólogo inocente” donde, al intentar que miembros de la tribu de los dowayos del Camerún identificaran con sus nombres a diversos animales de su medio (leopardos y leones) mostrándoles unas fotografías de los mismos, se dio cuenta de que no podían identificar a ningún animal en esas fotos, pues no sabían interpretar lo que se les mostraba. A pesar de conocer perfectamente a los leopardos no los reconocían en las fotografías, pues para poder hacerlo es preciso aprender a verlas con anterioridad, es decir, que el cerebro aprenda a relacionar un animal viviente con esas manchas de colores o grises que están en un papel, si no se aprende no pueden relacionarse.

Este aprendizaje, en algún momento de nuestra primitiva prehistoria, pudo tener los caracteres de iniciación mágica o religiosa en los inicios del arte prehistórico. Si se mostraban a ciertos miembros de la sociedad prehistórica los dibujos de un animal bien conocidos por todos (bisonte, caballo, reno, etc.) por primera vez, con poca luz y la dificultad del lugar para ver el dibujo mejor, lo cierto es que no verían nada reconocible y necesitarían un aprendizaje iniciático que le pudiera desarrollar sus capacidades visuales en esas extrañas facetas de manchas y líneas de colores.

Todo, hasta las cosas aparentemente más sencillas, hay que aprenderlas, es decir, hay que enseñar al cerebro a reconocer una figura, un sonido o cualquier otra sensación susceptible de ser recogida por sus terminaciones sensitivas. La explicación más razonada sería en que la creación del nicho cognitivo-cultural (creado y mantenido por las poblaciones humanas de cada época) es diferente es todos los matices que se muestra en los diferentes formas de actuar. La evolución nos ofrece amplias posibilidades de desarrollo cognitivo, pero es el medio ambiente (nicho cognitivo-cultural) el que va a determinar las características de su desarrollo. Es lógico que dentro del mundo de la arqueología todas estas aseveraciones se escapen de su compresión, al entrar en disquisiciones teóricas no asumidas por los fundamentos de sus disciplinas académicas. Pero, intentar cualquier explicación de la conducta humana (simbólica, lingüística, flexible y razonada) en el Paleolítico con las meras opiniones personales fuera de los conceptos psicobiológicos actuales, solo nos lleva a un marasmo de opiniones sin base científica que aburre a muchos y desespera a todos.


La Arqueología cognitiva (Estructuralismofuncional) intenta paliar esta  situación, utilizando interdisciplinariamente los datos actuales y comprobados de las ciencias relacionadas con la conducta humana. Las conclusiones siguientes bien pueden servir para empezar a comprender la realidad de la evolución cognitiva humana.

- La evolución crea un entramado neurológico innato predispuesto a procesar toda la información que le llega.

- La naturaleza de esta información depende de las características del nicho cognitivo-cultural.

- El cerebro se estructura funcionalmente en función de las características de los estímulos que recibe del medio ambiente.

- El lenguaje es el modo más importante para adquirir ordenadamente la información exterior y reorganizar funcionalmente la estructura neuronal heredada (Evolución cognitiva y lenguaje).


- BARLEY, N. (1989): El antropólogo inocente. Anagrama. Barcelona.
- HERNANDO, A. (2002): Arqueología de la identidad. Akal. Móstoles (Madrid).
- ORTEGA Y GASSET, J. (1914): Meditaciones del Quijote. Ideas sobre la novela. Cátedra (1984: 118). Barcelona.
- ORTEGA Y GASSET, J. (1935): La Historia como sistema. Colección Austral, 1440. Espasa Calpe (1971: 41-42). Madrid.
- PINILLOS, J. L. (1991): La mente humana. Temas de Hoy. Madrid.

domingo, 21 de mayo de 2017

Origen de las representaciones gráficas del Paleolítico superior europeo

Vulvas de Tito Bustillo (España)
Durante el Paleolítico superior se inicia una serie de expresiones gráficas de gran simbolismo, las cuales van a durar todo el periodo. Su inicio y evolución serán paralelas al desarrollo cognitivo humano, siendo utilizadas como soporte externo de las nuevas ideas que las sociedades humanas crearon. Su estudio conlleva, entre otras cosas, analizar la finalidad para las que fueron creadas (Rivera y Menéndez, 2011). Estas manifestaciones gráficas no pudieron ser ajenas a los amplios desarrollos tecnológicos, sociales, demográficos, culturales, simbólicos y lingüístico que conocemos de forma permanente y generalizada de de mismo inicio del último periodo paleolítico. Los mecanismos de feedback o de retroalimentación positiva y/o negativa se incrementaron notablemente en este periodo, por lo que fueron a la vez causa y efecto del desarrollo cognitivo de los humanos que los crearon (Rivera, 2009). Aunque existen antecedentes de estas formas conductuales en el Paleolítico medio, su producción fue limitada, tanto en la elaboración tecnológica como en su distribución geográfica, acoplándose perfectamente en el heterogéneo continuum que representa a la evolución cognitiva y cultural del género Homo. Su producción sería el reflejo de un importante desarrollo de la flexibilidad y racionabilidad conductual, consecuencia de una importante evolución de los conceptos espaciales y temporales (desplazamiento cognitivo), el desarrollo funcional de las funciones ejecutivas del lóbulo frontal, de la creación de una autobiografía ampliamente estructurada y de su articulación global por medio del lenguaje (lenguaje interno), la acción en conjunto de todos estos procesos cognitivos va a producir la emergencia de la capacidad cognitiva que más nos caracteriza: la autoconciencia. Para su realización hay que construir un nicho cognitivo-cultural lo suficientemente desarrollado como para poder desarrollar adecuadamente (emergencia cognitiva) las potencialidades neurológicas que la evolución nos ha conferido (Rivera, 2009: Damasio, 2010; Rivera y Menéndez, 2011).


Sin embargo, el estudio de la autoconciencia es un tema que prácticamente se ha mantenido alejado del trabajo arqueológico tradicional, explicando los avances socioculturales en todos los periodos como mecanismos adaptativos que realizan los seres humanos por medio de las capacidades cognitivas adquiridas por la evolución (d’Errico y Stringer, 2011; Banks, d´Errico y Zilhão, 2013). Pero dejan sin aclarar por qué se produjo en ese momento y no antes, cuando la evolución neurológica ya se había producido, produciendo una sapient paradox (Renfrew, 2008). La Arqueología cognitiva (Estructuralismo funcional) de carácter interdisciplinario ha incorporado al estudio de la evolución conductual humana este proceso cognitivo, por medio de la aplicación de su metodología de estudio al análisis de los datos del registro arqueológico.

Cognición y arte paleolítico

Observamos una gran variación en formas, temas, soportes, expresiones gráficas, materiales usados y ubicación que van cambiando a lo largo del periodo y en diversos lugares. El registro arqueológico nos indica que los temas estarían en consonancia con los problemas o vivencias propias de los grupos humanos del momento: mundo animal, subsistencia, sexo, peligro, simbolismo humano (manos, antropomorfos y teriomorfos) y signos (que pueden relacionarse con todos los anteriores). Su compleja y variada distribución espacial y temporal manifiesta la posibilidad de que no siempre tuvieron el mismo significado simbólico. La ubicación de estos temas respecto al hábitat pudo ser muy relevante, pareciendo razonable suponer que existiría una diferente motivación y significación del arte permanentemente accesible y presente en lo cotidiano, respecto a aquel otro mucho menos asequible que se oculta en la profundidad de la cueva (Menéndez 1994). Tal idea ya fue expuesta y ampliamente seguida en el siglo pasado respecto de los comienzos del arte, en el sentido de que las obras exteriores e interiores no sólo tuvieron contenidos diferentes, sino que responden a motivaciones igualmente diferentes (Laming-Emperaire 1962). El trasfondo social de estas manifestaciones es evidente, se crearon de cara a las necesidades de la sociedad, con el fin de solucionar problemas, resaltar hechos o enseñar conceptos que la sociedad había adquirido con el desarrollo de la autoconciencia y que era difícil explicar socialmente.

Teriántropo de Chauvet (Francia)
Unas manifestaciones estarían cercanas o en el mismo lugar a donde se realizaba la vida cotidiana; su función social habría que buscarla en las necesidades cotidianas del grupo, pues con su realización y permanente visualización se podrían mejorar o solucionar en alguna medida. Mientras que otras se situarían en zonas apartadas del hábitat, en lugares oscuros, alejados o donde no hayan existido áreas de ocupación. Su función, igualmente social, tendría un diferente simbolismo. Estarían relacionadas con una finalidad simbólica nacida de nuevos conceptos o vivencias consecuencia del desarrollo de la autoconciencia, y que aparecen en las sociedades europeas del inicio del Paleolítico superior en Europa, y en el resto del mundo en circunstancias parecidas y épocas distintas.

Creación de nuevos simbolismos autoconscientes

El método que vamos a utilizar en su estudio es el Estructuralismo funcional, el cual nos muestra tres premisas en su desarrollo.

- El desarrollo de la autoconciencia dentro de los conceptos temporales y espaciales (desarrollo cognitivo).
- Todo avance conductual-cultural se realiza a partir del conocimiento de hechos que se ven en la propia naturaleza o están ya asimilados en el acervo cultural.
- En su estudio hay que limitarse a los datos aportados por el registro arqueológico.

Con el desarrollo de la autoconciencia hasta niveles adecuados se producirían mejores interpretaciones de diversos procesos que hasta ahora no se podían realizar, o se hicieron de forma muy básica y con escasas consecuencias conductuales. Me refiero a múltiples procesos naturales que a partir de este momento comenzaron a generar preguntas a los humanos que las vivieron. Las más trascendentes o las que más parece que influyeron en el principio de este periodo fueron las referentes al nacimiento de nuevos componentes del grupo, la muerte en general y las percepciones consecuentes de los estados de conciencia diferentes a la vigilia (sueños, pesadillas) o alterados respecto de la conciencia normal (alucinaciones por enfermedades, ingesta de drogas, etc.). Todos ellos, que con anterioridad se percibirían de una forma más o menos confusa e inevitable, ahora adquieren formas de realidad inexplicable (Rivera y Menéndez, 2011). Las preguntas que pudieron surgir solo pueden ser contestadas con los conocimientos del momento, lo que limita mucho el abanico de posibilidades de las mismas, incluso es muy posible que las respuestas estuvieran entrelazadas. Pueden destacarse tres por su trascendencia en el comportamiento humano del momento y por que pueden ser rastradas, hasta cierto límite, por medio de los datos del registro arqueológico.

Venus de Willendorf
- Sexualidad, fecundidad y nacimiento. Estos fenómenos naturales forman en conjunto un proceso fundamental para las poblaciones humanas del paleolítico, donde la precariedad de la existencia y su corta vida media implicarían que los cambios generacionales fueran vitales para la continuidad del grupo. Desconocemos los conocimientos que pudieron tener de ellos en el inicio del Paleolítico superior, aunque, como expertos conocedores de la vida animal en todas sus facetas, algunos de ellos (fecundación, gestación y nacimiento) les serían muy familiares al verse continuamente en la naturaleza. Paradójicamente, la ausencia de una estación de celo en las mujeres supondría una incógnita por la diferencia que tal hecho supone en comparación con el resto de los animales. Igualmente, pudo ser difícil correlacionar la fecundación con la gestación, pues muchas veces se produciría la primera sin los resultados pretendidos. ¿De qué o quién dependía de que se produjera tal gestación? Son peguntas que, aunque de forma más o menos semiconscientes aparecerían en periodos anteriores, pero es en el inicio del Paleolítico superior, con el desarrollo de un nivel adecuado de autoconciencia, cuando comienzan a ser conscientes, compartidas socialmente y con necesidad de respuestas.

La percepción consciente de la gran diferenciación sexual entre los humanos y los animales que vivían en su entorno (ausencia de celo y posibilidad de continuas relaciones), plantearía ciertos problemas con la concepción de la fecundación, pudiendo separarse en algunos casos ambos procesos. Es decir, se podría usar la sexualidad para fines diferentes de la fecundación, como serían el placer y diferentes rituales desconocidos para nosotros.

- Percepciones en los estados de conciencia alterados. Con la emergencia del nivel de autoconciencia adecuado, los sueños o alucinaciones pasan a ser conscientes, propios, reales y sociales al poder compartir la experiencia. Estos siempre habían existido, pero no podían aflorar al plano consciente sin el desarrollo de la autoconciencia. Sería una emergencia onírica que había que interpretar, comunicar y explicar, siendo necesario buscar nuevas formas y métodos de los conocidos en el inicio del Paleolítico superior. La existencia consciente de estos estados oníricos de alguna manera favoreciera la concepción de un mundo diferente al cotidiano, y que, aunque sea de naturaleza inmaterial, se percibiría como real, pues en el mundo paleolítico serían considerados como normales y reales, y como tales se utilizarían. Para su realización es imprescindible un buen desarrollo de los conceptos del yo-otros, del espacio amplio y diverso, dentro de un tiempo pasado, presente y futuro, pues son características básicas de toda experiencia cognitiva de carácter simbólico, ya sea material o inmaterial (Bueno 1996; Alvargonzález 2005). En este mundo onírico pueden entrar todo aquello que los humanos tuvieran en su memoria (animales, otros humanos, acciones de la naturaleza, objetos, emociones, recuerdos de complejas conductas, etc.). Sin embargo, serían los animales los que, con gran diferencia, adquirirían la principal meta de sus ensoñaciones y/o alucinaciones. Su abundancia, tendencia a la perfección iconográfica y sus múltiples relaciones entre sí y con otros conceptos más o menos abstractos (p. e. sexo, muerte) u otras figuras en mucho menos número (antropoides, manos, caretas) hacen de ellos que adquieran una categoría especial dentro de este mundo espiritual, pues se convierten en númenes o divinidades relacionadas con la naturaleza y los humanos que en ella viven (Alvargonzález 2005), en este particular caso en númenes paleolíticos.

Teriántropo de El Castillo (España)
Estos estados pueden ser incontrolables, como los sueños o las alucinaciones por enfermedad (fiebre, alteraciones psiquiátricas, comas superficiales, etc.); o bien más o menos controlables, como los inducidos por drogas o rituales frenéticos. Todos ellos pueden crear la intuición de que tras estas extrañas percepciones se manifiesta la posibilidad de otro plano de existencia, de otro mundo diferente del cotidiano. Sería un mundo complejo, inmaterial y con entidades que muestran propiedades diferentes de las conocidas entre los seres humanos. Su aceptación implica el desarrollo de un simbolismo espiritual (de base no material en el sentido más estricto), basado no sólo en tener ensoñaciones o alucinaciones, sino en adquirir la conciencia de que uno mismo las tiene como entidades externas a él, y admitir la posibilidad de la existencia de una realidad inmaterial (Rivera y Menéndez, 2011).

Escena del pozo. Lascaux (Francia)
- Muerte. Representaba un proceso cotidiano en todas las poblaciones paleolíticas, pues las consecuencias de las enfermedades, accidentes y lances de caza, entrarían en lo habitual de sus vidas. Con niveles bajos de autoconciencia, cuando tuviera lugar entre los componentes del grupo, se desencadenarían numerosas emociones de difícil solución, pero su actividad de supervivencia debería de continuar. Con la adquisición de mayores niveles de autoconciencia la muerte en sí misma no presentaba ningún cambio, se admitiría como un fenómeno habitual y hasta lógico en su producción, salvo la posible enfermedad cuyo origen se escaparía de su compresión. Pero con la adquisición de los procesos oníricos autoconscientes (estados de conciencia alterados) se produciría un hecho muy difícil de explicar. Se soñaba con los compañeros muertos y se les intuía como si estuviesen vivos, pero no era posible establecer una comunicación con ellos en el sueño, trance o situación onírica especial. Había que interpretar estas experiencias, junto con la existencia de los mismos animales que se habían matado o visto morir y que, por el mucho mayor número de representaciones gráficas que de ellos tenemos, parece tener mayor importancia para las sociedades paleolíticas que la presencia humana en este mundo onírico. Sin duda, la relación biológica, emotiva y cognitiva entre los seres humanos y animales tendría unas particularidades muy diferentes a las actuales, de las que solo podemos intuir hechos de imposible justificación.

Estas experiencias vivenciales (reproducción/sexualidad, conciencia alterada y muerte) solo pueden explicarse mediante los conocimientos adquiridos por medio de la observación del medio ambiente en el que se vive, o de las propias experiencias conscientes que los seres humanos puedan desarrollar en su quehacer cotidiano, cumpliendo así el requisito del Estructuralismo funcional. Este sería el fundamento psicobiológico de porqué todas las poblaciones humanas anatómicamente modernas han desarrollado conductas relacionadas con estas creencias, pero a su vez también explica que su inicio y posterior desarrollo no sea homogéneo, pues es una consecuencia de las características socioculturales de cada población, cuyo desarrollo e interacción es heterogéneo y de diferente evolución en el tiempo y en el espacio.

Experiencias y soluciones que genera

La existencia consciente de estas tres preguntas exigiría soluciones conductuales que facilitasen la vida cotidiana de los grupos humanos. Pero la producción de tales respuestas no fue fácil, pues necesitaron un complejo entramado de ideas y conductas que al final pudieron desemboca en las manifestaciones gráficas de gran carga simbólica que todos conocemos. No conocemos el grado de interrelación que las tres preguntas pudieron tener, aunque la prolongación de cierta vida después de la muerte en ese mundo onírico parece fácil de entender, al soñar o alucinar con seres humanos o animales de los que se sabía que habían muerto y desaparecido de la comunidad. El problema de la fecundidad selectiva tras el apareamiento sería más difícil de comprender y explicar, a no ser que se creasen entidades o ritos ajenos a la propia fecundación, pero que tuvieran la facultad de favorecer la gestación (posible origen de las venus gravetienses).

Con la creencia del mundo onírico e inmaterial aparece la necesidad de explicar su existencia, así como de intentar interaccionar con él, pues es una parte del mundo en el que se vive. Estas necesidades de relación e interacción pueden más o menos controlarse mediante el uso de drogas o conductas que favorezcan la producción de los estados alterados de conciencia. Pero no todos los componentes del grupo pueden realizar ni controlar tales prácticas, pues sin duda producirían consecuencias no deseables en varios de sus miembros, llegando incluso a la muerte de quienes lo practicasen sin demasiado conocimiento. Era necesario que sus prácticas recayesen en ciertas personas que, con la experiencia asumida de sus antepasados y la suya propia, pudieran sortear los peligros de su realización y desarrollo. Sobre estos personajes (intermediarios paleolíticos) recaería el trabajo de la explicación del mundo onírico que en teoría controlaban, y para su desarrollo social en Europa occidental se eligió un ambiente que se pareciera al experimentado en los sueños, como es el mundo subterráneo de las cuevas en donde vivían o no. Estos hechos sabemos que se produjeron desde el mismo inicio de las manifestaciones gráficas (Auriñaciense), pero la exacta forma de su realización es algo que es muy difícil de poder conocer con exactitud.

El mundo de los sueños y/o alucinaciones (onírico) al que pueden llegar los mediadores paleolíticos, tiene unas características muy especiales, las cuales son difíciles de explicar y trasladar al resto de la comunidad. Había que recrear el simbolismo del mundo onírico. Para tal fin se relacionaron sus características con las del mundo subterráneo, pues ambos ambientes tienen importantes semejanzas. Destacan la propia oscuridad, el silencio, la dificultad en la movilidad, el frio y la humedad y, desde luego, cierto deseo de acrecentar las semejanzas y minimizar las diferencias. Si se trataba de representar ese mundo onírico ante el resto de la población, la profundidad de las cuevas o lugares oscuros y aislados cumplen perfectamente el papel. Sin embargo, la finalidad de las ceremonias que pudieran realizarse en estos apartados lugares se nos escapa y cualquier explicación, aunque parezca razonable y lógica, constituye una hipótesis de muy difícil demostración. Pero tal dificultad no debe impedir que, aunque de una forma genérica y limitada, se intente analizar el papel que pudieron tener tales figuras, entre las que destacan los teriántropos como muestras claves en su interpretación.

Al reconocer en ese otro mundo a los humanos y animales muertos, es fácil asociar la idea de que era un lugar a donde se iría después de la muerte, tanto los humanos como el resto de los animales. El interés que despertaría su existencia y conocimiento, así como la presencia de otras emocionas de mayor repercusión social (miedo, desasosiego, angustia, etc.) motivaría la necesidad de comunicación para su conocimiento y un posible control. El papel de las emociones en este contexto es fundamental, por lo que la influencia de las emociones primarias, entre las que destaca el miedo, fue uno de los principales motivos que impulsaría la creación de las respuestas simbólicas que significaría el arte paleolítico en el interior de las cavidades (Rivera, 2015).

Pero para comunicarse habría que ir allí y establecer la relación. Como la mayoría de las representaciones gráficas de las cuevas son de animales, parece que el interés se centraba más en comunicarse con los animales que con los humanos. Para su logro se necesitaba superar un gran problema, pues en la vida cotidiana la comunicación entre animales y humanos no existía. Se tenía que realizar una transformación del elegido (intermediario paleolítico) para controlar estos procesos de forma que, al semejarse a los animales, podría comunicarse con ellos. La inversión antropológica, o formas análogas de conducta humana (p. e. personificación), pudieron ser un intento de relacionarse con tales seres utilizando los medios conocidos, como es la comunicación natural entre los miembros de una misma especie (comunicación verbal o simbólica entre humanos).

El viaje hacia ese mundo onírico significaba morir o algo parecido de lo que se podría retroceder, lo que se podría lograr por medio de mecanismos relativamente controlables. Serían las alucinaciones inducidas por drogas de la naturaleza, junto con rituales frenéticos de carácter repetitivo. En estos casos, se puede establecer una causa-efecto y un cierto control. No se conocen el uso de alucinógenos en el paleolítico, pero no sería nada raro que, en su permanente búsqueda de vegetales comestibles, de una forma accidental encontraran algunos de ellos con estas propiedades. La interpretación o explicación de lo sucedido tras su ingesta les llevaría a una respuesta de carácter espiritual, claramente diferente con su conducta simbólica hasta este momento, siendo muy difícil de definir para ellos, de explicar al resto de la sociedad, y de comprender por nuestra parte.

La actuación de estos intermediarios paleolíticos, desde una visión externa a ellos, parecería como una muerte aparente, pasajera y reversible, lo que se ha querido relacionar con el trance visto en muchas sociedades primitivas y realizados por personajes determinados (chamanes, brujos, hechiceros, etc.). Sin embargo, la experiencia personal de este intermediario paleolítico no sería de muerte aparente y renacimiento (conceptos aún no bien desarrollados), sino de traslación a ese otro mundo para comunicarse con los animales allí presentes.

Humanización o Antropomorfización de la naturaleza

Puede asumirse que los intermediarios paleolíticos serían los teriántropos representados en el arte paleolítico de las cavidades, aunque siempre existirán dudes sobre tal aseveración. Si se quería establecer algún contacto con los animales representados en el mundo onírico habría que encontrar formas que lo permitieran. Este complejo proceso puede realizarse conceptualmente de dos formas: O los humanos adquieren formas y características de los animales con los que se quiere relacionarse (inversión antropológica y/o personificación), o los númenes de ese mundo onírico se humanizan (humanización), adquiriendo cualidades humanas y facilitando la comunicación. Con los datos iconográficos de los teriántropos parece que la primera solución debió de ser la más usada. Solo la cabeza de bisonte de Peña de Candamo parece corresponder a la segunda hipótesis, pero su gran semejanza con el bisonte de La Pasiega (cabeza menos humanizada) nos hace dudar de su realidad como teriántropo. Esta forma de actuación es la base teórica sobre la que se asienta el origen de las entidades espirituales que con el tiempo se denominaron dioses y, con los rituales de relación y explicación de su poder, desarrollaron las conductas religiosas.


Este razonamiento es igualmente aplicable al origen de las venus gravetienses. El problema de la fecundidad selectiva tras el apareamiento sería más difícil de comprender y explicar, a no ser que se creasen entidades o ritos ajenos a la propia fecundación, pero que tuvieran la facultad de favorecer la gestación. Naturalmente, el concepto de esta entidad tendría que surgir de las vivencias y experiencias humanas. Toda nueva vida aparece a partir de algo o de alguien, las plantas de la tierra y los animales de sus madres, ambos son los que producen nuevas formas de vida, y por tanto, las entidades que se podrían elegir como entes que favorecen el renacer de la vida serían la tierra (Madre tierra, concepto personificado) y una mujer (Venus con atributos femeninos maternales y sin o con un rostro anodino) con capacidad para favorecer aquello de lo que estaría preparada para realizar, la fecundación. La primera parece que hasta los tiempos de la agricultura no tiene un buen desarrollo, pero el segundo tuvo plena desarrollo ya en el Paleolítico superior.

Conclusiones

La aceptación del desarrollo de la autoconciencia como capacidad cognitiva emergente, tras el desarrollo del lenguaje, creación de la memoria autobiográfica y en desarrollo de las funciones ejecutivas del lóbulo frontal, es un hecho que hay que admitir. Su desarrollo con características de modernidad conductual, dentro de su heterogéneo continuum en el tiempo y en el espacio, es la explicación más coherente y mejor fundamentada sobre los cambios conductuales acaecidos desde el inicio del paleolítico superior. La explicación de las complejas conductas simbólicas que desde entonces se produjeron, no deja de ser una adecuada aplicación de este desarrollo cognitivo a los conocimientos de cada momento y lugar. Pero su utilización no depende de su explicación teórica, sino de su aceptación académica, lo que por ser un complejo estudio interdisciplinar, parece que hay que esperar largo tiempo, aunque tarde o temprano llegará.



- Alvargonzález, D. (2005): “El problema de la verdad en las religiones del Paleolítico”. En Jiménez, F; Peñalver Gómez, P y Ujaldón Benítez, E. (coord.). Filosofía y cuerpo: debates en torno al pensamiento de Gustavo Bueno. Págs. 213-243. Ediciones Libertarias/Prodhufi. Madrid.
- Banks, W. E.; d´Errico, F. y Zilhão, J. (2013): Corrigendum to “Human-climate interaction during the Early Upper Palaeolithic: Testing the hypothesis of an adaptive shift between the Proto-Aurignacian and the Early Aurignacian” Journal of Human Evolution, Volume 64, Issue 1: 39-55.
- Bueno, G. (1996): El animal divino. Ensayo de una filosofía materialista de la religión. Pentalfa. Ed. Oviedo.
- Damasio, A. (2010): Y el cerebro creó al hombre. Ed. Destino. Barcelona.
- D´Errico, F. y Stringer, Ch. B. (2011): “Evolution, revolution or saltation scenario for the emergence of modern cultures?” Philosophical Transactions B. 366, 1060-1069.
- Laming-Emperaire, A. (1962): La signification de l'art rupestre paléolithique; méthodes et applications. A. and J. Picard.
- Menéndez, M. (1994): “Arte rupestre y arte mueble paleolítico: Relaciones”. Complutum 5: 343-355.
- Renfrew, C. (2008): “Neuroscience, evolution and thesapient paradox: the factuality of value and of the sacred”. Phil. Trans. R. Soc. B 363, pp. 2041-2047.
- Rivera, A. (2009): Arqueología del lenguaje. La conducta simbólica en el Paleolítico. Akal, Madrid.
- Rivera, A. (2015): “Arqueología de las emociones”. Vínculos de Historia, núm. 4, pp 41-61. UCLM.
- Rivera, A. y Menéndez, M. (2011): Las conductas simbólicas en el paleolítico. Un intento de comprensión y análisis desde el estructuralismo funcional. Espacio, Tiempo y Forma. Serie I Prehistoria y Arqueología. Nueva época nº 4.

viernes, 28 de abril de 2017

El concepto de nicho en las sociedades humanas

Desde el comienzo de nuestro linaje (Homo habilis y su forrajeo de lugar central) los seres humanos han ido construyendo un mundo en el cual poder vivir lo mejor posible. En el Paleolítico tal mundo siempre se basaba fundamentalmente en la propia supervivencia y, de forma clara, a partir del Paleolítico superior en un mundo espiritual y social con un continuo ascenso en complejidad y eficacia adaptativa.


Partiendo de conceptos ecológicos todas las especies viven en un nicho ecológico. Sería un lugar geográfico con ciertas características físicas, químicas, topográficas, latitudinales o fisionómicas del ambiente (lugar), y donde la especie (individuo, población) puede desarrollarse en el espacio y en el tiempo, gracias a las relaciones funcionales (conducta) con la comunidad con dicho hábitat. Como es lógico, todas las especies humanas participan de estos conceptos, pues solo pueden vivir, procrear y desarrollarse en lugares determinados que así lo permitan. Al nacer, todos se encuentran es un conjunto de interacciones sociales mediadas por artefactos simbólicos (cultura) y materiales (medio ambiente determinado). Este conjunto constituye el nicho ecológico en el que la cognición humana se desarrolla normalmente, y sin el cual muy probablemente no llegaría a desarrollarse plenamente (Tomasello, 1999).

Sin embargo, a diferencia de las demás especies, la capacidad de aprendizaje social, las habilidades cognitivas generales y el lenguaje humano permiten que la construcción de este nicho sea un proceso de permanente acumulación y transformación, en el que los procedimientos, las herramientas y las ideas se van mejorando de generación en generación (Tomasello, 1999; Bickerton, 2009). Es decir, en las poblaciones de las diversas especies del género Homo se ha producido una evolución cognitiva que posibilita una mejor adaptación a más medios ambientales. La mayor resistencia a los cambios ecológicos y la posibilidad de ocupar nuevos hábitats por parte de las poblaciones humanas, no se deben principalmente a la evolución morfológica, sino a la evolución cognitiva.

En este contexto, algunos autores han definido a este nicho ecológico como cognitivo, queriendo resaltar la mayor influencia de la cognición humana sobre las características de estos espacios ecológicos. Se fundamenta en la concepción innata de muchas de nuestras capacidades cognitivas, las cuales han sido desarrolladas y moduladas por la selección natural, para poder resolver problemas concretos de adaptación a los que los humanos han tenido que enfrentarse con frecuencia. Las habilidades claves serían dos: el uso del razonamiento causal para realizar inferencias relativas a las contingencias propias del ambiente local, y la habilidad para aprender unos de otros, gracias a la cual se reduce enormemente el coste de adquirir la información necesaria para adaptarnos a las condiciones ambientales propias de cada lugar (Pinker, 2010).

Otra alternativa sería el concepto del nicho cultural. Se fundamenta en que la hipótesis del nicho cognitivo sobreestima el papel innato dirigido por la selección natural de las habilidades cognitivas humanas como responsables del éxito de la especie, y subestima el papel que en ese éxito ha jugado la cultura. La hipótesis del nicho cultural da mucha mayor importancia a la capacidad para aprender de los demás, ya que nos ha permitido acumular información generación tras generación, y desarrollar herramientas, creencias y prácticas que ningún individuo podría desarrollar o inventar por sí mismo. La evolución cultural, al haber operado a lo largo de generaciones, habría acumulado y combinado elementos de tal manera que ha creado paquetes adaptativos que no dependen de la capacidad de los individuos para comprenderlos y utilizarlos (Boyd et al. 2011).

Un último aporte sobre este complejo proceso lo realiza el Estructuralismo funcional, al opinar que el desarrollo cognitivo del género Homo, además de la propia neuroevolución propia del linaje humano, se produce mediante la influencia del medio ambiente cultural, produciéndose un desarrollo cognitivo y, por tanto, importantes cambios conductuales. Sería la hipótesis del nicho cognitivo-cultural (Rivera y Menéndez, 2011). Tales cambios se producen gracias a la existencia de tres procesos que son los que van a producir y regular los mecanismos de la evolución cognitiva:


- Exaptación. Al analizar la conducta en la prehistoria vemos que la neuroevolución no parece estar encaminada a la creación de las altas capacidades cognitivas que configuran nuestra conducta (lenguaje, escritura, simbolismos de todo tipo, etc.), pero sí para la recogida y procesamiento del la información que se puede adquirir de la observación del medio ambiente, lo que nos pone en el camino de los conceptos evolutivos de la exaptación.

- Coevolución. El trabajo neuronal que se realiza con esta información es variado, y puede especializarse en diversa zonas cerebrales de compleja interrelación. Podemos desconocer con exactitud las características de esta interrelación o del porqué se asientan en unas u otras áreas cerebrales, pero estamos seguros de que sin la influencia medioambiental (entrada de información o sensaciones) nada de esto se produce, o se realiza de forma anómala. Parece que la coevolución de todas estas áreas, en consonancia con la influencia medioambiental, es lo más común que podemos observar en el desarrollo cognitivo humano. Naturalmente, estamos hablando de una coevolución cognitiva que se asienta en las características exaptativas de nuestra neuroevolución.

- Emergencia cognitiva. De esta coevolución cognitiva influenciada por las aferencias exteriores y organizadas por el lenguaje se va a producir la emergencia de una capacidad cognitiva de gran trascendencia para la conducta humana: la autoconciencia.
En todos estos procesos el lenguaje juega un papel primordial como organizador del pensamiento, de la conducta y de la transmisión generacional de todos los avances culturales y simbólicos que se hayan podido realizar.

Así, se podría explicar la influencia de la cultura sobre la evolución o efecto Baldwin (Bateson, 2004). Al estructurar cognitivamente las áreas de asociación del córtex de cada especie humana con la influencia medioambiental, se consiguen desarrollar capacidades cognitivas emergentes, pero que en principio no evolucionaron para tal fin (exaptación). La expansión demográfica produciría un aumento de la relación social, que a su vez originaría un mayor desarrollo lingüístico y cognitivo, creando el ya mencionado nicho cognitivo-cultural que se transforma en un mecanismo de selección natural.

Estos conceptos conllevan la consecuencia de que todos los humanos requieren desde su mismo nacimiento interaccionar constantemente con un medio social adecuado (racional y emocional), su falta o limitación grave dañaría irreversiblemente su desarrollo cognitivo, con un importante déficit de las capacidades cognitivas tal y como las vemos entre los demás miembros de la sociedad. Todo ello sin que exista un déficit neurológico que lo justifique, sino que las capacidades cognitivas (entendidas como potencialidades a desarrollar) no lo han hecho en su adecuada medida. La importancia de la influencia del medio ambiente (nicho cultural-cognitivo) es crucial para nuestro desarrollo cognitivo, lo que es aplicable a todas las especies del género Homo.


- BATESON, P. (2004): “The Active Role of Behavior in Evolution”. Biology and Philosophy 19: 283-298.
- BOYD, R.; RICHERSON, P. J. y HENRICH, J. (2011): “The cultural niche: Why social learning is essential for human adaptation” PNAS 108 suppl 2: 10918-10925.
- PINKER, S. (2010): “The cognitive niche: Coevolution of intelligence, sociality, and language”. Proceedings of the National Academy of Sciences, vol. 107, suppl. 2: 8993–8999.
- RIVERA, A. y MENÉNDEZ, M. (2011): “Las conductas simbólicas en el Paleolítico. Un intento de comprensión y análisis desde el estructuralismo funcional”. Espacio, Tiempo y Forma, Nueva temporada, 4.
- TOMASELLO, M. (1999): The Cultural Origins of Human Cognition. Harvard University Press.