viernes, 19 de septiembre de 2008

Exaptación y Arqueología


Parece difícil establecer una conexión entre estos dos complejos y, en apariencia, conceptos totalmente independientes. Algunas de las capacidades cognitivas que presentan los diferentes homínidos de nuestro linaje son un claro ejemplo de exaptación, es decir, de cualidades emergentes que aparecen después de realizado los cambios anatómicos que los hacen posibles, pero que no se crearon evolutivamente para realizar tal propiedad (Belinchón et al., 1992; Bonner, 1980; Gould, 1980; Tattersall, 1998; Vrba, 1985; Wilkins y Dumford, 1990).



Sin ninguna duda, el cerebro humano no pudo evolucionar para realizar las funciones cognitivas que entraña la escritura y lectura (las cuales se realizan en áreas diferentes de las del lenguaje hablado), constituyendo propiedades cognitivas humanas emergentes, que se logran tras el desarrollo cultural del cerebro en un medio idóneo, como es el de un lenguaje simbólico.


Lo que parece claro para unas formas culturales no lo es tanto para otras más fundamentales, como es el caso del lenguaje. El lenguaje simbólico, propio de nuestra especie, presenta las características de ser un ejemplo de exaptación, al ser una propiedad cognitiva que se desarrolló con posteridad a la creación evolutiva de los aspectos morfológicos que lo posibilitan. No hay que olvidar que los neandertales y humanos anatómicamente modernos obtuvieron sus formas corporales definitivas (evolutivas) en medios culturales no simbólicos (musteriense o formas de MSA africano no elaboradas), adquiriendo comportamientos simbólicos con posterioridad. Con esto no quiero decir que no tuvieran algún tipo de lenguaje, sino que con la aparición evolutiva de estas poblaciones no se adquirió el carácter simbólico que nos caracteriza (que veremos más adelante). No obstante, la polémica sobre este asunto continua entre los que estudian las diferentes formas de creación de la cultura de nuestros ancestros, pues son varios los autores que opinan que el lenguaje debió de irse configurando como una nueva forma adaptativa, de una forma paralela y lenta a los cambios morfológicos que lo posibilitan, aunque tal idea no se adapta bien a los datos arqueológicos, psicológícos, neurológicos y sociológicos que caracterizan la conducta humana.


La conducta simbólica humana es un proceso basado en las capacidades exaptativas que la evolución proporciona, las cuales emergen gracias a las características culturales, sociales y lingüísticas del medio en el que viven.


El ritmo de cambio en la producción de las diferentes partes de un organismo, no es uniforme en el transcurso de la evolución. Las características anatómicas observables no evolucionan a la vez, pudiendo comprobar cómo un fósil presenta partes corporales parecidas a las de su antecesor y, sin embargo, otras con signos de haber evolucionado. El fenómeno, bastante frecuente en la naturaleza, se denomina evolución en mosaico (De Beer, 1964).


La constatación de que la evolución presenta un ritmo diferente para diversos componentes corporales, parece indicar que su origen debe de buscarse en la existencia de diversos tipos de heterocronías que, al actuar en diferentes o las mismas fases del desarrollo, producen el cambio evolutivo. Generalizar todo el cambio en un solo tipo de proceso, y más aún de una forma general y global, no parece corresponderse con la realidad paleoantropológica.


Las heterocronías, la embriología y la evolución en mosaico, son las piezas clave en las formas evolutivas humanas, pero sólo podemos poner nombre a cada proceso evolutivo, al analizar en lo posible las causas genéticas que lo produjeron (hecho que aún hoy no es posible, pero puede que se logre en un período no demasiado largo), o los cambios anatómicos a los que dio lugar, método que aunque más indirecto puede orientarnos sobre las causas del cambio morfológico.


* Belinchón, M.; Igoa, J.M. y Riviére, A. (1992): Psicología del lenguaje. Investigación y teoría. Ed. Trotta S.A. Madrid.
* Bonner, J.T. (1980): “The Evolutión of Culture in Animals”. Princeton University Press. Traducción en castellano: "La evolución de la cultura en los animales". Alianza Universidad, nº345. 1982. Madrid.
* De Beer, G.R. (1964): “Archaeopteryx and evolution”. The Advancement of Science, 42:1-11.
Gould, S. J. (1980): “Is a new and general theory of evolution emerging?”. Paleobiology, 6:119-130.
* Tattersall, I. (1998): “Becoming human: Evolution and human uniqueness. Published by arrangement with Harcourt Brace and Company. Traducción en castellano: “Hacia el ser humano”. Ediciones Península. 1998. Barcelona.
* Vrba, E. S. (1985): “Environment and evolution: alterntive causes of the temporal distribution of evolutionary events”. South African Journal of Science, 81:229-36.
* Wilkins, W. y Dumford, J. (1990): “In defense of exaptation”. The Behavioral and Brain Sciences, 13, 763-764.