domingo, 2 de agosto de 2009

Biología evolutiva, Psicología y conducta humana

El uso de la Psicología en los medios arqueológicos ha generado cierto ambiente negativo, ante la dificultad práctica de su utilización como fuente explicativa de ciertos fenómenos conductuales acaecidos en los tiempos prehistóricos. Al temor de utilizar conceptos poco conocidos (pues se trata de una disciplina ajena la Arqueología) hay que añadir la existencia de teorías diferentes (principalmente el conductismo y la Psicología cognitiva con sus diferentes modalidades), lo que sin duda no favorece en nada su uso y extensión.  

Las características del inicio de la Psicología como ciencia, separada de la Neurología que en gran parte del s. XX poco podía aportar, fueron la causa de uno de sus principales problemas que ha presentado su desarrollo teórico. Su investigación sólo pudo tener lugar por medio de la propia introspección de los psicólogos, o de la interpretación que se ha dado de la conducta observada en los pacientes, sin poder tener una correlación neurológica que lo corroborara. En este sentido, Francis Harry Crick (1916-2004), premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1962 por su contribución al descubrimiento de la estructura del ADN, expone que la razón no es suficiente para entender nuestra realidad neurológica, teniendo una gran capacidad de autoengañarnos sobre el funcionamiento cerebral en relación con el mundo en el que vivimos y consigo mismo, pues lo que conocemos del cerebro es sólo una pequeña parte de su compleja dimensión. Por tanto, la Filosofía (y la Psicología alejada de la Neurología) ha sido en parte estéril durante más de 2000 años, y probablemente seguirá siéndolo hasta que los filósofos aprendan a entender el lenguaje del proceso de la información (Crick, 1987: 220-228). Como el fin primordial de esta ciencia es el tratamiento de diversas alteraciones psicológicas que padecían los pacientes, se fue desarrollando un concepto ecléctico de la disciplina, es decir, de usar todo aquello que pareciera útil para los enfermos, con independencia de su origen teórico.  

Theodosius Dobzhansky
En la actualidad no es difícil admitir que “Nada en biología tiene sentido, excepto a la luz de la evolución”. (Theodosius Dobzhansky, 1973), así como que “Los hombres deberían saber que del cerebro, y nada más que del cerebro, vienen las alegrías, el placer, la risa y el ocio, las penas, el dolor, el abatimiento y las lamentaciones” (Hipócrates, 460-370 a.C.). En este sentido, se admite que las características neurológicas y psicológicas (psicobiológicas) que van a posibilitar la conducta humana, deben de tener un origen en los procesos evolutivos que las crearon. Fuera de estas premisas básicas, no creo que existan explicaciones actualmente válidas (excepto las que presentan un importante componente religioso), por lo menos referentes al origen y desarrollo de la conducta humana. Pero, a partir de este punto de partida común (evolución y procesos cognitivos), pronto se diversifican las formas de aplicación de tales conceptos. Las causas de esta divergencia conceptual se centran principalmente en dos hechos:  

Hipócrates
* La discrepancia sobre los mecanismos de producción de los cambios evolutivos (evolución). Aunque teoría evolutiva sólo hay una (darvinismo), existen diferentes modelos explicativos sobre las formas y mecanismos que producen los cambios morfológicos (gradualismo, equilibrios puntuados, embriología, genes reguladores, evolución en mosaico, etc.) (Rivera, 2007). La utilización o no de estos conceptos explicativos, ofrece diferentes características psicobiológicas sobre las que van a poder desarrollarse las formas conductuales humanas.  

* Las propias características de la Psicología como ciencia. Su reciente creación como ciencia moderna hace que sus pilares doctrinales básicos estén condicionados a estudios muy recientes, siendo muy escasa su correlación con la Neurología. Su desarrollo, sobre todo durante el siglo XX, fue notable, pero al no poder comprobar la realidad de las diversas teorías psicológicas nacidas a lo largo de este siglo, hizo que perdurasen paralelamente teorías a veces opuestas en sus fundamentos (p.e. Psicología conductista y Psicología cognitiva).  

No obstante, la línea común de los arqueólogos que han intentado relacionar la Psicología con la conducta prehistórica es la corriente psicológica más aceptada en la actualidad: Psicología cognitiva. Esta línea metodológica trata de explicar la conducta humana a través del mejor conocimiento de las entidades mentales o cognoscitivas, pues son ellas las que realizan las acciones que nos caracterizan, sobre la base de la información que reciben por medio de los receptores sensoriales. Esta nueva dirección metodológica parece que presenta actualmente una hegemonía conceptual en la explicación de los procesos conductuales (Belinchón et al. 1992). Pero muchas veces lo teórico es más fácil que lo practico. Así, al intentar estudiar el funcionamiento de los procesos cognitivos humanos y su aparición y desarrollo evolutivo, nos encontramos con dos problemas básicos:  

1.- La Neurología aún no puede ofrecer modelos ampliamente consensuados y delimitados que puedan explicar el soporte neurológico de tales mecanismos mentales. En la actualidad, sólo podemos relacionar ciertas áreas corticales con diversas funciones cognitivas, pero de una forma poco exacta, pues se basan en experiencias observadas en lesiones neurológicas (traumatismos, cirugía, estimulación directa, etc.) y en las modernas pruebas funcionales de imagen neurológicas. En general se aprecia una funcionalidad más global o multifocal que limitada a áreas concretas, aunque la impresión que nos ofrecen es que aún queda mucho que avanzar en este campo antes de poder relacionar procesos cognitivos funcionales con actividad neuronal precisa y concreta. 

2.- Ante esta orfandad teórica y la necesidad de analizar la mente humana, el psicólogo realiza una serie de conceptualizaciones (organización lógica y cognitiva basada en el conocimiento personal del problema a estudiar y, por tanto, subjetivo en algún grado) sobre las características cognitivas que observa en los seres humanos, a las que se denominan constructos. Los conceptos científicos como estrés, depresión y procesos cognitivos, así como casi todos los usados en la psicología, por ejemplo, inteligencia, frustración, inconsciente, emociones, actitudes, ego, fobias, ansiedad, motivación, aprendizaje, entre otros, no tienen una existencia concreta similar a las entidades físicas que se prestan a la observación sensible. Son conceptos que sobrepasan la observación empírica y muchas veces expresan supuestos teóricos. A tales conceptos se les llama actualmente “constructos o conceptos no observacionales” para diferenciarlos de los observacionales (Bunge, 1973). Los constructos no tienen referentes empíricos inmediatos Nadie ha visto ni ha tocado la inteligencia de alguien pero sí la puede inferir de la manera en que una persona es capaz de resolver ciertos problemas en relación con la manera en que otros los resuelven.   

Esta situación permite que las teorías psicológicas puedan mantenerse a la vez, aunque discrepen en algunos de sus enunciados, pues es prácticamente imposible comprobar la veracidad de cualquiera de ellas. Pero algo si se ha avanzado, pues para explicar la conducta humana siempre se estudia bajo los aspectos evolutivos y cognitivos, aunque en la forma de realizarlo existan discrepancias. El principal motivo de polémica se centra en el diferente protagonismo que en el desarrollo conductual tienen la herencia genética y el medio ambiente, pues mientras unos otorgan una mayor predominancia a la base genética (Psicología Evolucionista), otros opinan que en medio ambiente tiene un carácter fundamental (Psicología cognitiva: Procesamiento de la información). Estudiaremos brevemente las dos.

A.- La Psicología Evolucionista.

La psicología evolucionista (evolutionary psicology, EP) niega la generalidad funcional del cerebro humano probando que es imposible un proceso de aprendizaje por medio de un algoritmo genético o general. La diversidad de experiencias que tendría que acometer con éxito dicho proceso general de aprendizaje, desde el simple acto de succionar la leche materna hasta hablar y entender un idioma, pasando por la caza, la recolección de vegetales hasta responder a muy distintas situaciones sociales, hace que sean imposibles unos resultados de conducta suficientemente eficientes y rápidos para muchas de esas situaciones. Además, en muchos casos, los estímulos necesarios para el aprendizaje de esas actividades simplemente no existen y, además, en cualquier caso se precisa que haya contenidos innatos preexistentes para que el proceso de aprendizaje pueda tener lugar. 

La psicología evolucionista plantea un modelo en el que la mente está formada por módulos que resuelven problemas particulares y que han sido conformados por la evolución, de la misma manera que los órganos y funciones fisiológicas son producto de la evolución por selección natural de los caracteres físicos hereditarios. La cognición en los animales está formada por módulos funcionales relacionados entre sí, cada uno de los cuales trata un problema de conducta determinado (inteligencia técnica, lingüística, social y de la historia natural), es decir, cada función cerebral desarrolla un instinto. La PE plantea la razonable hipótesis de que el ser humano no es distinto de los demás animales y comparte este esquema. Al contrario que el modelo clásico de las ciencias sociales (determinismo cultural relacionado con los otros modelos de psicología cognitiva), que plantea la hipótesis nunca probada de que la naturaleza humana se ha formado evolutivamente a través de un proceso de borrado de instintos, que nos convierte en unos seres excepcionales y excepcionalmente moldeables sin parangón en el reino animal. La PE plantea el que la naturaleza humana se ha formado por la evolución de los instintos de nuestros antepasados primates y la aparición de otros nuevos bajo la presión adaptativa del nuevo entorno en el que vivieron los seres humanos durante la mayor parte de su historia. En conclusión, mientras el modelo estándar de las ciencias sociales presupone que el ser humano tiene muchos menos instintos que sus antepasados antropoides, la PE presupone que tiene más. Así, un módulo funcional no es una zona aislada del cerebro, sino una facultad instintiva que nos permite resolver un problema concreto. Cada facultad de este tipo se lleva a cabo en zonas del cerebro que pueden al mismo tiempo ejecutar otras funciones.   

Pero ese control de nuestros instintos no es nuevo, porque así ha sido siempre y es parte de la naturaleza humana. Los instintos se manifiestan en la forma de impulsos, deseos y sentimientos. Muchos impulsos son contradictorios (me gustaría hacer dos cosas, pero una es incompatible con la otra o no tengo tiempo para las dos o solo tengo recursos para una). El hombre tiene una capacidad (un instinto) muy desarrollada para considerar, consciente e inconscientemente una gran variedad de impulsos y deseos y cotejarlos contra una base de experiencias anteriores para adivinar cual de sus deseos es más factible en cada momento en función de las expectativas y cual tiene que mantener en cola de espera o bien reprimir.  

En sentido coloquial se entiende como instintos una serie de "bajos" impulsos que están determinados al 100% de forma innata. El deseo de alimentarse, tener sexo etc. Bajo la PE, un instinto es el resultado de la actividad de un módulo funcional del cerebro que trata un determinado problema, y no hay problema que no esté tratado por uno o varios de esos módulos. Un módulo o instinto genera conductas que no son innatas en general sino que dependen del ambiente. Por tanto, instinto es lo que subyace debajo de cualquier conducta, se considere "básica" o "elevada".  

Estos conceptos se oponen al determinismo cultural, claramente expuesto (de una forma muy extrema) por el concepto de tabula rasa. En filosofía, tabula rasa o tabla rasa hace referencia a la tesis epistemológica de que cada individuo nace con la mente "vacía", es decir, sin cualidades innatas, de modo que todos los conocimientos y habilidades de cada ser humano son exclusivamente fruto del aprendizaje a través de sus experiencias y sus percepciones sensoriales.

B.- Psicología cognitiva: Procesamiento de la información.

Uno de los enfoques más aceptados de la Psicología cognitiva corresponde al denominado Procesamiento de la información, que se asocia a la concepción del ser humano como un sistema neurológico capaz de recibir, procesar, almacenar y recuperar la información que le llega a través de sus sentidos (González Labra, 1998). Conceptualmente se basa en que todo proceso mental o cognoscitivo tiene como origen la información que previamente el cerebro ha tenido que recibir y procesar (Leahey, 1980).  

Sin embargo, esta capacidad de procesamiento de la información no es totalmente libre e independiente, pues estaría limitada por las características psicobiológicas de cada persona. Éstas, en función de su propia herencia genética, no son iguales y juegan un papel importante en el desarrollo de la conducta. La famosa “tabula rasa” en la practica no existe pues es inviable su realización. Desde el mismo momento del nacimiento se va a producir una organización psicológica, que depende de tres factores fundamentales en la futura conducta del neonato.  

* Primero, de las capacidades cognitivas primarias (creatividad, memoria, funciones ejecutivas, motivación, etc.) que la evolución haya otorgado, por medio de la herencia genética de sus padres, a ese nuevo ser.  

* Segundo, el temperamento o la manera particular y natural con que un ser humano interactúa con el entorno. Puede ser hereditario y no influyen factores externos (sólo si esos estímulos fuesen demasiado fuertes y constantes). Es la naturaleza general de la personalidad de un individuo, basada las características del tipo de sistema nervioso. Está relacionado con la influencia endocrina (que se debe a los genes, y que se manifiesta en determinados rasgos físicos y psicológicos).  

* Tercero, con la influencia de los estímulos externos se produce la adquisición e interiorización del simbolismo del lenguaje, y el desarrollo funcional del pensamiento (lenguaje interno), facultando el desarrollo de los fenómenos de autoconciencia y demás procesos cognitivos emergentes. La unión funcional de todos estos procesos van a dar lugar a un importante cambio conductual, tanto en el simbolismo de sus actos como en el control de los mismos (Rivera, 2007).  

Consideraciones  

La aceptación de uno u otro modelo es importante en la explicación del origen y desarrollo de la conducta humana, pues originan formas de desarrollo cultural diferentes. Mientras que la PE explica el origen de estos instintos mediante la tradicional forma gradualista del darvinismo, los psicólogos sociales apoyan más la idea del carácter emergente y cultural de muchas de las cualidades cognitivas del ser humano (Ardilla y Ostrosky-Solís, 2008; Belinchón et al. 2000). 

Los módulos o procesos cognitivos especializados por la evolución en un tipo concreto de comportamiento (inteligencia técnica, lingüística, social y de la historia natural) (Mithen, 1998) constituyen un constucto elaborado sobre otros constructos, lo que ofrece un modelo aún más “artificial” que el expresado por los psicólogos sociales.

La definición de instinto por la PE no deja de semejarse a las capacidades cognitivas (posibilidad de generar una determinada conducta en un medio adecuado) que exponen la psicología cognitiva social. Los dos modelos tienen una base genética que lo posibilita, y necesitan de un medio ambiente que los desarrolle, la diferencia puede ser simplemente de grado, pero prácticamente imposible de especificar.  

Los datos obtenidos por la Neurología moderna, las recientes posibilidades de la Biología evolutiva, los datos obtenidos objetivamente de la Sociología y los modelos sociales del Lenguaje, parecen que ofrecen en conjunto (modelo multidisciplinar) un panorama que se acerca más a las propuestas de los psicólogos sociales.


* Ardila, A.; Ostrosky-Solís, F. (2008): Desarrollo Histórico de las Funciones Ejecutivas. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, Vol.8, No.1, pp. 1-21. * Belinchón, M.; Igoa, J. M. y Riviere, A. (1992): Psicología del lenguaje. Investigación y teoría. Ed. Trotta S.A. Madrid
* Bunge, M. (1973). La Ciencia, su Método y Filosofía. Edición Siglo XX, Buenos Aires.
* Crick, F. H. (1987): Reflexiones en torno al cerebro. En El cerebro. Libros de Investigación y Ciencia, Ciencia Científica, Barcelona.
* Crick, F. H. (1994): “La búsqueda científica del alma: una hipótesis revolucionaria para el siglo XXI”. Debate. Barcelona.
* Dobzhansky, T. (1973). Nothing in biology makes sense except in the light of evolution. The American Biology Teacher, 35, 125-129.
* González Labra, M. J. (1998): Introducción a la Psicología del Pensamiento. Trotta. Valladolid.
* Leahey, T. (1980): Historia de la Psicología. Ed. Debate. 1982. Madrid.
* Mithen, S. (1998): Arqueología de la mente. Crítica. Barcelona.
* Rivera, A. (2007): Evolución y conducta. Arqueoweb, 9 (1).

http://www.ucm.es/info/arqueoweb/numero9_1/conjunto9_1.htm