domingo, 18 de julio de 2010

Racionalización del simbolismo

El estudio del simbolismo humano durante el paleolítico representa uno de los problemas sobre el que menos se ha avanzado. No es que no se hayan realizado numerosos intentos, sino que sus conclusiones distan mucho de satisfacer mínimamente a la comunidad científica que se interesa por estos temas. Pienso, que su principal problema no reside ni en la falta de interés, ni en esfuerzos realizados en su comprensión, sino en la falta de un método adecuado, que ofrezca las herramientas precisas para encauzar tan arduo problema científico. Las formas metodológicas usadas hasta ahora por la comunidad prehistórica se han mostrado insuficientes, visto lo parco de sus conclusiones y de sus fundamentos teóricos. Usaré un ejemplo conocido por todos: la Venus de Tan-Tan (Wikipedia).

Esta posible estatuilla parece ser una figura antropomorfa, de unos seis centímetros de alto, cuyo soporte es un guijarro de cuarcita. Éste tiene varias hendiduras que le confieren su característica morfología: algunas de ellas son naturales y otras, al parecer, artificiales; además, conserva restos de ocre. Dado que fue hallada en una excavación arqueológica, en un contexto propio del Paleolítico Inferior, ha sido datada, aunque con muchas dudas, en torno a los 200 000-300 000 años de antigüedad (algunos científicos retrasan esta fecha hasta los 400 000 años); es, en cualquier caso, contemporánea de Homo heidelbergensis.

La supuesta figura fue descubierta en 1999 por el equipo de excavaciones del arqueólogo alemán Lutz Fieldler, en la localidad de Tan-Tan (Marruecos). El contexto arqueológico que acompañaba a la figura era, sin lugar a dudas, un Achelense medio evolucionado con numerosos bifaces y utensilios sobre lasca.
Sin embargo, desde el principio la pieza ha suscitado la controversia, ya que, para algunos arqueólogos no es más que un objeto natural casualmente antropomorfo. Entre ellos, destacamos al profesor Stanley Ambrose de la Universidad Urbana-Champaign de Illinois, quien sostiene que estamos ante un guijarro de morfología fortuita y accidental, producto de la erosión; aunque reconoce las marcas de percusiones que tiene la pieza, para él se deben a que pudo haber sido utilizada como yunque y, aunque, efectivamente, tiene restos de una sustancia grasienta con algo de ocre, es posible que ésta hubiese sido usada como conservante en las pieles de animales (hecho común en la Prehistoria); niega, por tanto, que el ser humano haya potenciado deliberadamente la forma humana en este «pedrusco».

Por su parte, muchos estudiosos se han apresurado a aceptar la veracidad del descubrimiento, basándose en los análisis del experto Robert Bednarik presidente de la Federación Internacional de Organizaciones sobre Arte Rupestre. Éste reconoce que el origen de la roca es natural, opina que algún “artista” prehistórico profundizó conscientemente sus rasgos, para hacerlos más humanos, por medio de incisiones y percusiones intencionales; además de pintarla de color ocre (óxido de manganeso y óxido de hierro), sustancia que no aparece en ningún otro artefacto de los encontrados en la excavación y que, a menudo, se ha asociado al ámbito espiritual en la Prehistoria.

Como podemos apreciar todas las opiniones se basan en las conclusiones particulares, tanto a favor como en contra, de sus estudiosos en función de las características estilísticas de la pieza. Como es lógico, si se admite la producción intencionada de la estatuilla, se considera que unido a ella debía de haber cierto simbolismo, que al relacionarse con el uso del ocre pasa automáticamente a ser de carácter religioso.

Proceso similar pasa con los enterramientos Musterienses, en los que el admitir que fueron intencionados significa su relación con practicas religiosas complejas, en los que cualquier elemento que se encuentre en sus cercanías se convierte en un ajuar que utilizaría el difunto en el otro mundo. Lo opuesto, sería que ningún enterramiento de esta época fue intencionado, sino fruto del azar, acciones geológicas y los carroñeros. Lo peor de estas teorías, tanto las de que están a favor como las que se sitúan en contra, es que carecen de argumentos científicos que justifiquen la motivación o la falta de ella en la realización de estas posibles conductas funerarias. Ante la falta de otros argumentos científicos, sus deducciones se limitan a justificar el simbolismo religioso por medio de la intencionalidad del enterramiento. Otros, sin llegar a un simbolismo religioso, se limitan a pensar en un desconocido simbolismo relacionado con los enterrados. 

Enterramiento neandertal de Chapelle Aux-Saints (Francia)

Surgen varias preguntas, entre las cuales destacan las siguientes:
¿Porqué un enterramiento intencionado tiene que tener un fundamento religioso?
¿Cómo se origina el simbolismo en la especie humana, tanto en su ortogenia como en su filogenia?
¿Cuáles son los componentes más elementales, y por tanto primigenios, del simbolismo?
¿Cómo se desarrolla y qué condiciones medioambientales precisa para su evolución?

En definitiva, anta la falta de respuestas lo que realmente falta es una Racionalización del simbolismo, por medio de un método adecuado. El principal problema es que no parece que existan corrientes metodológicas que intenten realizar estos cometidos. En este sentido, dentro de la Arqueología cognitiva que estoy desarrollando he acometido un intento de análisis del simbolismo paleolítico, el cual responde en gran medida las preguntas que antes señalé. Se ha publicado recientemente en la revista Zephyrus:


Su resumen es el siguiente:

El simbolismo es la principal característica de la conducta humana, pero sigue siendo desconocido en muchos aspectos. Se realiza un análisis estructural del simbolismo humano, por medio de una síntesis metodológica elaborada con las aportaciones de varias ciencias relacionadas con los seres humanos (Biología evolutiva, Neurología, Psicología y Sociología). Tal síntesis ha dado lugar a un modelo Psicobiológico sobre el comportamiento humano, que nos permite elaborar un método adecuado para el estudio del simbolismo, desde su origen hasta su plena manifestación con las características actuales. Posteriormente, se aplicaría a las conductas funerarias que se conocen del Paleolítico Medio de Europa, del Próximo Oriente y del MSA de Sudáfrica, para valorar la intencionalidad de los enterramientos, junto con el posible simbolismo asociado a ellos. También, se estudiará la antropofagia como forma de eliminación de los cadáveres en este periodo, intentando comprender si se realizaba como conducta de supervivencia o asociada a elementos simbólicos similares a los relacionados con los enterramientos.