viernes, 21 de enero de 2011

El problema del continuum histórico (cultural y cognitivo)

Todos estamos de acuerdo en que cualquier desarrollo cultural se fragua sobre la existencia de unos antecedentes que lo posibilita. Este acervo y los nuevos logros van constituyendo un continuum cultural, dentro de una heterogeneidad espacial y temporal características de la evolución conductual humana. Lo que es obvio y relativamente fácil de apreciar en los periodos históricos, adquiere rasgos de gran imprecisión en los tiempos concernientes a la prehistoria, y más concretamente en el paleolítico. Sin embargo, aunque sea difícil encontrarlo en el registro arqueológico, tal continuidad en la evolución cultural (rápida o lenta) siempre existe, por tanto debemos de intentar aprovechar todos los indicios que los datos arqueológicos nos ofrecen para poder mostrarlo.

Yacimientos Chatelperronienses
 (rojo adornos; azul tecnología ósea)

(Pelegrin y Soressi, 2007)
Respecto de los neandertales tenemos numerosos indicios de la continuidad del Chatelperroniense y del Uluzziense como desarrollos tecnológicos a partir del Musteriense local. Sobre el Chatelperroniense se aprecia una importante relación tecnológica con el Musteriense de tradición Achelense B (MTA B), pues en general suele aparecer donde previamente existía un Musteriense de este tipo o de denticulados, considerándose como una evolución del mismo hacia patrones propios del Paleolítico Superior (Mellars, 1989; Baffier, 1999; Pelegrin y Soressi, 2007). Así, en niveles musterienses recientes (sobre el 45.000 BP) encontramos una evolución laminar y de piezas de dorso en progresivo aumento. La tecnología para la producción de puntas de Chatelperron se hace predominante, posiblemente por la gran utilidad de tales puntas (uso como cuchillo o puntas de lanzas), de tal manera que parecen ser el centro de toda la talla lítica, usando los subproductos de tallado como base para el resto de los útiles propios de esta cultura (Pelegrin y Soressi, 2007). (¿Qué es el Chatelperroniense?). Es un claro ejemplo de una evolución local, pues no sólo no rompe o es extraña a los rasgos culturales más antiguos del yacimiento, sino que de una forma continuada va transformándose en nuevas manifestaciones tecnológicas y culturales.

Con el Uluzziense ocurre algo similar, aunque algo menos claro. Se ha propuesto una evolución local a partir del Musteriense de denticulados (Laplace, 1966), aunque es difícil encontrar una conexión tipológica y/o tecnológica entre las dos industrias, las cuales presentan diferencias apreciables. Algunos autores opinan que se trata de una industria muy similar al Chatelperroniense, lo que ha sido desestimado sobre todo por aspectos tecnológicos, pues cuenta con útiles exclusivos de microlitos y medias lunas (Palma di Cesnola, 1993). Lo único claro es la gran cantidad de útiles de sustrato que presenta, por lo que su relación con el Musteriense parece clara, pero el origen y la forma de desarrollo aún es poco conocido (Kuhn y Bietti, 2000). (¿Qué es el Uluzziense?).


Sin embargo, lo que es de sentido común incluso de análisis obligatorio, no se realiza con el desarrollo cultural de los HAM. Siguiendo los parámetros de la metodología difusionista de gran importancia en el siglo pasado, del Auriñaciense no se ha podido localizar ninguna zona geográfica donde situar su inicio tecnológico y cultural, para después expandirse a Europa. Desde hace varios años conocemos diversos yacimientos en el Próximo Oriente que en el aspecto tecnológico pudieran cumplir este requisito. En ellos, aparecen unas secuencias estratigráficas que reflejan cierta evolución tecnológica, las más conocidas son las de Boker Tachtit en Israel y Ksar Akil en el Líbano. Pero su información se limitaba a indicar la presencia de una evolución de la talla laminar, que afectaba a su industria lítica, lo que en los años en los que se estudiaron era la información que más se atribuía a la transición al Paleolítico Superior. Por tanto, en su momento fueron denominadas como industrias transicionales, al pensar que podrían corresponder con uno de los focos donde se produjo el paso a la cultura moderna. Sin embargo, el Auriñaciense levantino de esta zona es muy tardío, pues no es más antiguo del 36.000 BP (Bar-Yosef, 1996), cuando con estas fechas está plenamente comprobado la existencia de un Auriñaciense con adornos y tecnología ósea en Alemania, como en el yacimiento de Geissenklösterle (Conard y Bolus, 2003). Estos datos invalidan al Próximo Oriente como origen del Auriñaciense, por lo menos en su cronología y en los aspectos más característicos de la conducta moderna, como fueron la aparición de los adornos, el uso de otras materias primas y la creación de sus característicos útiles. La realidad es que, tanto en Asia como en Europa no conocemos ninguna zona geográfica que nos ofrezca pautas de este desarrollo tecnológico y cultural con la suficiente intensidad y complejidad como para poder asumir que pudo corresponder al centro o a uno de sus centros de origen. Habría que analizar los datos del registro arqueológico con otra metodología más flexible que nos ofrezca otras vías de estudio. En este sentido, como ya mencioné en otra entrada, puede que su origen sea la consecuencia de un proceso de mayor amplitud espacial (más que una precisa zona geográfica) e incluso de mayor duración temporal, abarcando todo el tiempo que se considera la transición del Paleolítico Medio al Superior (Auriñaciense).

La teoría "Out of Africa" afirma que los HAM ya habían desarrollado un comportamiento moderno cuando llegaron a Europa, puede que tal afirmación sea una generalización consecuencia de las señales de modernidad que conocemos del registro arqueológico africano, producido con anterioridad al europeo (D´Errico, 2003; McBrearty y Brooks, 2000; Mellars, 2005), pues tal modernidad (simbólica, tecnológica y social) no se aprecia en el Próximo Oriente, aunque sí en el MSA africano, aunque con cierta dificultad en el seguimiento de su particular continuum cultural. Esta situación nos induce a pensar que el origen, características y evolución de la primera cultura simbólica europea atribuible a los HAM, debemos buscar en la misma Europa, en zonas adyacentes o en todas ellas datos arqueológicos que constituyan ese continuum que tanto nos interesa. Lo que ocurriera en otros continentes o lejanas áreas geográficas, es un problema que habría que analizar con los datos arqueológicos que se obtengan en sus yacimientos, aunque debe existir un modelo general sobre la forma de desarrollo cultural de matiz simbólico.

Puesto que la llegada de los HAM en la transición es un proceso humano y cognitivo de origen externo a nuestro continente, habría que buscar este continuum cultural entre los yacimientos que ofrezcan unas características determinadas:

- La impresión arqueológica sobre los datos obtenidos de tales yacimientos sería de una intromisión poblacional, y no de una evolución local. Se valorarían los hiatos arqueológicos (estratigrafía adyacente pero con signos muy claros de diferenciación cultural. Como ya se vio en Bacho Kiro), y la separación por estratigrafías arqueológicamente nulas.

- Tecnología y tipología lítica y ósea realizada con conceptualizaciones diferentes a las que se ven en la mayoría de los yacimientos más o menos coetáneos de la zona.

- Apreciables diferenciaciones simbólicas (adornos) con los yacimientos locales de larga duración o estratigrafía continuada, y que pueden constituir un determinado continuum cultural (contexto cognitivo), el cual no se acopla al visto en el yacimiento en estudio.

- Semejanza tecnológica, simbólica y cultural con otros yacimientos muy lejanos geográficamente y con las mismas características de intromisión arqueológica, lo que dificultaría mucho su atribución como evolución local.

Se abre el debate sobre la posibilidad de que algunas culturas del este de Europa pudieran ser originadas por los humanos anatómicamente modernos, y no asimilables al neandertal como tradicionalmente se ha comentado. Es el caso de aquellas que tienen gran semejanza tecnológica con las industrias del Próximo Oriente, y tienen un carácter intrusivo respecto de las demás culturas de la zona como el Bohuniciense (Svoboda, 2002; Bar-Yosef, 2006) o tengan elementos suficientes (Bachokiriense y demás yacimientos atribuidos al Auriñaciense arcaico o inicial) como para compararlas con el llamado Baradostiense en los Zagros tecnológicamente similar en algunos tipos del Auriñaciense inicial (Kozlowski y Otte, 2000; Harrold y Otte, 2001; Olszewski y Dibble, 2006).

La teoría básica sería que las poblaciones de HAM del oeste de Asia, por motivos desconocidos (posiblemente de carácter demográfico, climático y de supervivencia), emigraron al este de Europa, donde llegaron con una tecnología que podemos definir como Paleolítico Superior Inicial (IUP), con un sentido más tecnológico que moderno en el aspecto simbólico. El problema es la falta de conexión geográfica, la distinción con las tecnologías del IUP que ya existían en Europa asociadas al Neandertal (p. e. Lincombien-Ranisien-Jerzmanowiciense), y la correlación paleoantropológica, lo que por otro lado es extensivo a casi todas las poblaciones de la transición. En este contexto creo que habría que conocer las características del Baradostiense, para poder compararlas con las industrias más antiguas de la transición europea, y poder asumir si pueden constituir parte inicial del continuum cultural que debió de tener el desarrollo cognitivo y conductual de los HAM en Europa, o es sólo una expansión desde otros lugares con mayor antiguedad, lo que haré en la próxima entrada.

* Baffier, D. (1999): Les deniers Néandertaliens. Le Châtelperronien. Ed. La maison des Roches. Paris.
* Bar-Yosef, O. (2006): “Defining the Aurignacian”. En Bar-Yosef, O. y Zilhão, J.(eds.), Towards a definition of the Aurignacian. Proceedings of the Symposium held. Lisboa. Portugal.
* Conard, N. J. y Bolus, M. (2003): “Radiocarbon Dating the Appearance of Modern Humans and Timing of Cultural Innovations in Europe: New Results and new Challenges”. Journal of Human Evolution, 44: 333-373.
* D´Errico, F.; Henshilwood, CH.; Lawson G.; Vanhaeren, M.; Tillier, A. M.; Suressi, M.; Bresson, F.; Maureille, B.; Nowell, A.; Lakarra, J.; Backwell, L. y Julien. M. (2003): “Archaeological Evidence for the Emergence of Language, Symbolism, and Music–An Alternative Multidisciplinary Perspective”. Journal of World Prehistory, 17 (1): 1-70.
* Harrold, F. B. y Otte, M. (2001): “Time, Space, and Cultural Process in the European Middle”. BAR international Series 1005.
* Kozlowski, J. K y Otte, M. (2000): “The formation of the Aurignacian in Europe”. J. Anthropol. Res. 56: 513-534.
* Kuhn, S. L. y Bietti, A. (2000): “The Late Middle and Early Upper Paleolithic in Italy”. En The Geography of Neandertals and Modern Humans in Europe and Greater Mediterranean. Bar-Yosef, O. y Plibeam, D. (eds.) .49-75. Cambridge, Massachusetts: Peabody Museum of Archaeology and Ethnology, Harvard University.
* Laplace, G. (1966): “Les niveaux Chatelperronien, Protoaurignaciens et Aurignaciens de la grutte Gatzaria á Suhare en Pays Vasque”. Quartär, 17: 117-140.
* Mcbrearty, S. y Brooks, A. (2000): “The revolution that wasn’t: a new interpretation of the origin of modern human behaviour”. Journal of Human Evolution, 39: 453-563.
* Mellars, P. A. (1989): “Major issues in the emergence of modern humans”. Current Anthropology, 30 (3): 349-385.
* Mellars, P. A. (2005): “The Impossible Coincidence. A Single-Species Model for the Origins of Modern Human Behaviour in Europe”. Evolutionary Anthropology 14: 12-27.
* Olszewski, D. y Dibble, H. (2006): “To be or not to be Aurignacian: the Zagros Upper Palaeolithic”. En Bar-Yosef, O. y Zilhão, J.(eds.), Towards a definition of the Aurignacian. Lisboa. Proceedings of the Symposium held.
* Palma di Cesnola, A. (1993): Il Paleolitico superiore in Italia. Garlatti e Razzai, Firenze.
* Pelegrin, J. y Soressi, M. (2007): “Le Châtelperronien et ses rapports avec le Moustérien”. En Les Néandertaliens. Biologie et cultures. Documents préhistoriques, 23: 283-29.6. Éditions du CTHS. Paris,
* Svoboda, J. (2002): “The Bohunician and the Aurignacian”. En Zilhão, J. y d'Errico, F. (eds.), The chronology of the Aurignacian and of the transitional technocomplexes: dating, stratigraphies, cultural implications. Trabalhos de Arqueología 33.

4 comentarios:

Iván Díaz dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Iván Díaz dijo...
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Iván Díaz dijo...

Hola Ángel

Siempre me ha dejado dudas el uso de material óseo como rasgo definitorio del comportamiento humano moderno para la transición PM-PS, o más bien su ausencia. Esta se podría deber a una disponibilidad de madera en los medioambientes de los tecnocomplejos de transición neandertales, la cual no se hubiese conservado en el registro.
De hecho, la explosión de elementos óseos se corresponde con el recrudecimiento del clima (30.000) y el retroceso de la masa de bosques. Aunque es cierto que los yacimientos auriñacienses datados con anterioridad presentan importantes industrias óseas.

arivera dijo...

Hola Iván
Lo importante de la industria ósea es el cambio de tecnología que supone, de un forma de fabricar útiles sobre la base de golpes a otra de ranuración, frotamiento, etc. El cambio de materia prima con un método diferente de manufacturación indica el desarrollo de una conducta flexible en mayor grado que existía con anterioridad. Cierto es que el uso de la madera pudo ser un antecedente de esta tecnología, pero el paso a otra materia prima, que hasta entonces sólo se trabajaba muy poco y con percusión, indica un cambio de la forma de pensar y trabajar (Flexibilidad y reflexividad cognitiva y conductual). Los cambios climáticos siempre actúan pero seguro que situaciones parecidas se produjeron con anterioridad en diversas áreas terrestres habitadas y no se produjeron tales cambios. Creo que el camino es más por el desarrollo cognitivo alcanzado por el aumento de densidad poblacional y la relación cada vez más intensa y a más distancia de las poblaciones humanas. Un saludo