domingo, 21 de abril de 2013

La religión en el Paleolítico


Una de las cuestiones que siempre han suscitado gran interés entre los que se interesan por la Prehistoria ha sido la posibilidad de que haya existido alguna forma de religión entre los homínidos del Paleolítico. El descubrimiento de ciertas conductas (p. e. enterramientos intencionados) y de objetos sin aparente utilidad practica pero con la posibilidad de tener cierto simbolismo espiritual o religioso (p, e. ocre, posibles estatuillas, almacenamiento de cráneos de oso, etc.), han servido para que algunos autores (p. e. Leroi-Gourhan, 1964) indicasen que son ejemplos de conductas entroncadas con la idea de una religión inicial, poco elaborada y, por supuesto, muy confusa para nosotros. Los estudios de tales cuestiones por los medios convencionales de la Arqueología no han proporcionado hasta el momento ningún resultado satisfactorio, más bien han aumentado la incertidumbre sobre la existencia o no de tales conductas.

¿Pero que es la religión? Lo que parece fácil de comprender no lo es al profundizar en sus contenidos. Una definición simple puede resumir escuetamente sus contenidos: La religión es una actividad humana que suele abarcar creencias y prácticas sobre cuestiones de tipo existencial, moral y sobrenatural (Wikipedia).

En esta elemental y genérica definición se pueden englobar multitud de procesos relacionados con lo que podríamos llamar fenómenos religiosos. Podemos ver desde la existencia de unas reglas o normas de estricto cumplimiento, hasta la más amplia laxitud en la convivencia con tales creencias, lo que da pie a pensar en la gran variedad de comportamientos y creencias que pueden existir, y que se han denominado como religiones. Naturalmente, no es el objetivo de este pots indagar sobre las prácticas, características y fines que han existido y existen entre las múltiples religiones conocidas a lo largo de la historia de la Humanidad, sino indagar sobre el origen y primeros pasos de tales creencias, lo que debió de suceder durante el Paleolítico.

Pero el Paleolítico es el periodo más largo de nuestra historia, sus más de 2 millones de años de su existencia dicen mucho sobre las características del desarrollo cultural y religioso de las sociedades humanas. No cabe duda de que fue un proceso cultural y cognitivo extremadamente lento, pero el paulatino desarrollo tecnológico y conductual que vemos en el registro arqueológico nos pueden servir de guía en el estudio del origen y desarrollo de las conductas que podríamos llamar religiosas.   

I - Método de estudio: Estructuralismo funcional. 

De este método ya se ha hablado en numerosas ocasiones en este blog, constituyendo la base de la Arqueología cognitiva. Sus fundamentos los podemos ver en el cuadro adjunto. 


II - Datos a usar: Los del registro arqueológico. 

¿Qué debemos buscar en el registro arqueológico? De la definición anteriormente expuesta vemos que la religión se fundamenta en unas creencias que generan unas prácticas sociales e individuales. Las creencias se centran principalmente en tres aspectos: existencial, moral y sobrenatural. Sin embargo, no está claro que tales conceptos existieran en el Paleolítico con la suficiente entidad como para crear los suficientes criterios formales de una religión. De los datos arqueológicos poco podemos deducir en referencia a estos aspectos, aunque si existen algunas conductas que indirectamente nos llevan a ciertas conclusiones. Podemos destacar: 

- Enterramientos intencionados con claros ajuares. Los enterramientos indican el concepto de la existencia de otro mundo al que se puede acceder después de la muerte con ciertas condiciones (ritos y ajuares).



- Manifestaciones gráficas en lugares oscuros, dentro de las cuevas y en cierto modo aislados de la sociedad en lugares ocultos (manos, teriántropos, figuras de animales, signos, etc.). Estas muestras gráficas estarían en relación con el significado que pudieran tener el resto de las pinturas y grabados (animales y signos), todo ello dirigido por algunos de los miembros de la sociedad.  

Escena Magdaleniense de Lascaux
Teriántropo de Auriñaciense de Tito Bustillo
 























- Realización de estatuillas de intencionalidad poco conocida, pero con signos que parecen indicar un fin preciso (humanos bestializados o teriántropos, sexo, maternidad, etc.). Su estructura mobiliar permite pensar que pudieran tener una función parecida a las imágenes parietales, aunque no puede descartarse una mayor complejidad en su utilización simbólica. 

Teriomorfo de Hohlenstein-Stadel
Pocos datos son los que tenemos, aunque en conjunto nos hablan de la existencia de unas conductas muy relacionadas con hechos que normalmente se entroncan con la religión, pero ¿constituyen por sí solos una religión?

Dentro del continuum heterogéneo en el tiempo y en el espacio que suponen todos los desarrollos culturales, espirituales y religiosos, con infinidad de situaciones intermedias que hacen muy difícil las clasificaciones razonadas utilizadas por nuestra cultura, el concepto de religión depende de la definición que cada uno quiera dar, o de las condiciones que quiera que contengan como mínimo. Sin embargo, nuevas preguntas se nos plantean: ¿estos datos, ya escasos de por sí, se pueden producir a lo largo del Paleolítico según se van produciendo los cambios evolutivos de nuestro género?, o ¿necesitan de un desarrollo previo de otros condicionantes cognitivos paralelos pero independientes de la simple evolución biológica?  

La conducta simbólica moderna aparece cuando las abstracciones básicas de la individualidad, espacio y tiempo adquieren el suficiente desarrollo como para que pueda emerger la autoconciencia reflexiva que nos caracteriza (capacidad cognitiva emergente). Para ello, es necesario la propia interacción social entre los miembros del grupo y con otros grupos (Shennan, 2001), del propio desarrollo socioeconómico de estas poblaciones (Hernando, 1999) que desarrollo una autoconciencia biográfica (Damasio, 2010), y de un lenguaje con los elementos de identificación social y/o personal con su ubicación temporal y espacial (Rivera, 2004, 2009). Por tanto, todo simbolismo de características modernas debe ir asociado a situaciones arqueológicas en las que se observe un aumento demográfico de las poblaciones que convivan en una determinada área geográfica, así como de cierta evolución socioeconómica, consecuencia del desarrollo de las capacidades cognitivas que lo posibiliten. Así, es condición necesaria para el inicio de las conductas relacionadas con la religión el desarrollo de la autoconciencia con unos niveles adecuados para tales funciones.

III – El inicio de las conductas espirituales y/o religiosas.  

La aparición emergente de las capacidades cognitivas (p. e. autoconciencia) no significa que se desarrollen automáticamente las conductasespirituales y religiosas que pueden apreciarse desde el inicio del Paleolítico superior.


Es difícil conocer cómo pudo iniciarse un simbolismo de estas características espirituales, pues en la naturaleza y sociedad (fuentes de todos los estímulos e ideas humanas) no se aprecian procesos ni acciones de orden metafísico. Hay que buscar procesos cognitivos humanos que de alguna manera favorecieran el desarrollo de este mundo inmaterial. Todas las respuestas pasan por un concepto general, los estados de conciencia diferentes o alterados respecto a la conciencia normal. Con la emergencia de la autoconciencia, aparecerían de forma conciente (considerados como propios y reales) los sueños o alucinaciones que siempre habían existido, pero que no afloraban al plano consciente, pues esta capacidad cognitiva emergente aún no se había desarrollado lo suficiente. Sería una emergencia onírica que había que interpretar y mostrar (representar), lo que socialmente se logró por medio de todo tipo de representaciones, de las que las visuales son las que tenemos sus restos (manifestaciones gráficas). En su inicio sólo podemos hablar de conductas relacionadas con ese mundo del que desconocemos el concepto que pudieron tener sobre él. Pero para poder trabajar denominamos como espirituales, en el sentido de que sólo tienen una base dentro del pensamiento humano, es decir, en un sentido estricto son inmateriales, lo que no excluye la posibilidad de que fuera tan real como los animales que cazaban para sus creadores.  

Como es lógico, para su realización es imprescindible que estén bien desarrollados los conceptos del yo/otros, de un espacio amplio y diverso, y dentro de un tiempo pasado, presente y futuro, pues son características básicas de toda experiencia metafísica. Efectivamente, estas experiencias siempre requieren la aceptación de otros seres diferentes a nosotros (individualidad), que viven en otro mundo indefinido (espacio determinado, aunque indefinido), y en un tiempo amplio (pasado, presente y futuro).   

Puede que los casos de conciencia alterada (unos más que otros) indujeran, tras los avances simbólicos de la personalidad ubicada en un tiempo y espacio, a crear un complejo mundo de características inmateriales, pero que siempre se producían en las condiciones antes mencionadas, por lo que para sus productores debieron de tener una existencia real. Esto es lo que nos indica el estructuralismo funcional, pero las explicaciones que pudieron desarrollarse entre los humanos del momento pudieron ser múltiples, por lo que sólo nos queda intentar seguir el hilo conductor de su desarrollo por medio de los tenues indicios que podamos encontrar en el registro arqueológico (manifestaciones gráficas, adornos, enterramientos, ajuares, conductas simbólicas, etc). No obstante, siguiendo con las pautas del estructuralismo funcional, todas las alucinaciones seguirían los patrones cognitivos que haya podido adquirir el pensamiento de su creador. Es decir, sólo pueden tener como base los conocimientos y recuerdos que tenga el sujeto que alucina, pues todo lo que no se conoce es como si no existiera. Naturalmente, tal concepto limitaría mucho las posibilidades explicativas de estos procesos de conciencia alterada.

Por tanto, ante toda conducta en la que se intuye cierto simbolismo espiritual, hay que comprobar si la sociedad que la creó tenía un nivel de capacidad y desarrollo cognitivo que lo posibilitaba, o no era capaz (en ese momento de su desarrollo cognitivo) de generar conductas con ese tipo de simbolismo. En su inicio, para que fuera socialmente aceptado, debería de existir algún signo o simbolización (primero palabras y/o gestos, después objetos y conductas) que representase lo alucinado, pero que pueda ser conocido por el resto de la sociedad. Tras admitir esta simbolización (la existencia de otro mundo diferente al real), se abre el camino a futuras y más complejas composiciones espirituales.

En este punto, encontramos dos procesos (en principio independientes) de compleja explicación. Primero, la existencia (aparentemente real para el que las vive) del mundo que proporciona los estados de conciencia alterados. Segundo, las preguntas sobre procesos naturales (muerte, nacimientos, fuerzas incontrolables de la naturaleza, etc.) que ni se comprenden ni pueden justificarse. En algún momento, ambos procesos pudieron unirse en el intento de ofrecer explicaciones a este tipo de conceptos. Sería la consecuencia de un proceso social encaminado a controlar y explicar conceptualmente los fenómenos naturales que afectan a la vida personal y social. Con el tiempo, se fueron estructurando en función de las respuestas que socialmente se vayan elaborando sobre la toma de conciencia de los hechos anteriores. En su desarrollo se formarían una serie de elementos simbólicos encaminados a representar, organizar y enseñar a los elementos de la sociedad que los originó. Por tanto, la creación, control y fin de la vida y del medio donde se desarrolla, pueden justificarse con la existencia de un ser o seres diferentes a nosotros en su forma y cualidades. Sin embargo, en principio sólo podrían atribuirles formas y cualidades humanas, de animales o elementos del medio ambiente, es decir, de lo que se conoce. Como es lógico, en este punto la variedad puede ser enorme, lo que dificulta mucho su estudio, siendo imprescindible dejarse guiar exclusivamente por los datos constatados que nos ofrecen los yacimientos. Con estas premisas podemos iniciar, con cierto fundamento, el estudio de las manifestaciones simbólicas que vemos con claridad a partir del inicio del Paleolítico superior (expresiones gráficas) o incluso analizar con mayor profundidad las que vemos en el Paleolítico medio (enterramientos) (Rivera, 2010). 

IV - Conclusiones

¿Existieron religiones en el Paleolítico? Hasta el inicio del Paleolítico superior no se dieron las condiciones cognitivas necesarias para facilitar su inicio (autoconciencia suficientemente desarrollada), aunque evolutivamente las condiciones biológicas ya existieron con anterioridad, por lo menos desde el inicio del nuestra especie.

Es a partir del logro social y cognitivo de la autoconciencia cuando se inician conductas que, en principio, pueden relacionarse con conceptos entroncados con otras formas de existencia, real pero inmaterial, con el que habría que relacionarse. Es el inicio de las representaciones gráficas (parietales y mobiliares) que se inician en el Auriñaciense (teriomorfos, manos, etc.) se introducen muy tempranamente en el interior de las cuevas. Con el Gravetiense se llegan desde el este de Europa y Asia dos importantísimas muestras de simbolismo relacionado con estas conductas: los enterramientos con ajuar y las características venus gravetienses.

¿Cómo se relacionan ambas costumbres de diferente origen geográfico y posiblemente significado? Poco, por no decir casi nada, se ha estudiado al respecto, aunque la unión de ambas formas de simbolismo (al menos espiritual) podría significar el borroso momento del inicio de unas costumbres religiosas, que con el tiempo irían ritualizándose y formar el embrión del un corpus doctrinal que podríamos denominar como religión. Pero como ya dije al principio del pots, la definición de religión es sólo una definición muy difícil de aplicar al Paleolítico. Así, para unos si sería una forma inicial de conducta religiosa, mientras que para otros sólo constituirían conductas religiosas poco estructuradas como para ser consideradas como una religión.

El continuum histórico de características heterogéneas en el tiempo y en el espacio que entraña el desarrollo de estos comportamientos simbólicos, es la mejor conclusión que podemos hacer en este momento. Mucho hay que trabajar en este aspecto, pero creo que debe realizarse dentro de un método que racionalice el trabajo. En este sentido la Arqueología cognitiva (Estructuralismo funcional) es la forma actual que mejor se adapta a estas necesidades.

* DAMASIO, A. (2010): Y el cerebro creó al hombre. Ed. Destino. Barcelona
* HERNANDO, A. (1999): “Percepción de la realidad y Prehistoria, relación entre la construcción de la identidad y la complejidad socio-económica en los grupos humanos”. Trabajos de Prehistoria.56 (2): 19-35.
* LEROI-GOURHAN, A. (1964): Las religiones de la Prehistoria. Ed. Laertes. Barcelona.
* RIVERA, A. (2009): Arqueología del lenguaje. La conducta simbólica en el Paleolítico. Akal. Madrid.
* SHENNAN, S. 2001: “Demography and Cultural Innovation: a model and its implications for the emergence of modern human culture”. Cambridge archaeological journal. 11: 1, p. 5-16. Cambridge.

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